No despertéis a Kafka

A photo by Patrick Tomasso. unsplash.com/photos/Oaqk7qqNh_c

Kafka no está muerto, está dormido. Cuidado niños, el dedo índice forma una cruz sobre los labios, id a jugar más allá, no despertéis a Kafka, que sueña. ¿Con qué sueñan los escritores inmortales?, se pregunta a veces, mientras se detiene ante la puerta que nunca abre. Detrás de esa puerta está la habitación donde duerme Kafka, que el día menos pensado se despertará y querrá desayunar algo. Puede que sueñe con Praga, con Milena y Felice. O quizás con Max Brod, con el futuro que nunca vio. Qué bien que duerma, se dice, que bien que no tuviera que verlo.

Abre el periódico, ojea la sección de cultura y vuelve a salir a la calle para reñir a los niños, que alborotan el vecindario con la pelota, que van a terminar despertando a Kafka. Más allá, niños, más allá, id a jugar a otro sitio, ¿no veis que en esta casa la gente descansa? Los niños la miran con la indiferencia de todos los días. Hace tiempo que desistieron de contestar o burlarse, simplemente siguen jugando como si la mujer no estuviera allí.

Vuelve adentro refunfuñando, ich muss zu ihren Eltern reden, en ese idioma extraño que utiliza cuando habla sola y que ninguno entiende. Kafka, en la habitación cerrada, se consume soñando. Como todos. Todos nos consumimos soñando. ¿Y quién nos asegura que no será peor despertar?. Qué no hubiera dado Gregor Samsa por seguir durmiendo. Por eso es tan importante mantener la casa en silencio. Para que los que duermen sigan soñando.

Prepara café y sale al balcón. Sobre una pequeña mesa de madera hay un cenicero, un paquete de tabaco y un ejemplar de El Castillo. Enciende un cigarro y abre una página al azar. Lee en voz alta, mientras los niños siguen jugando en la calle. Conoce el libro mejor que su propia vida. Cada personaje, cada conflicto que hace avanzar el argumento. Es capaz de recitar capítulos enteros de memoria. Elige una frase cualquiera e intenta adivinar qué procesos mentales llevaron a Kafka a escribir esas palabras exactas y no otras, por qué en ese orden y no en otro. Quiere despertar a Kafka y que Kafka le explique por qué llamó al protagonista K. en lugar de M. o de Jaroslav. Por qué una aldea. Por qué un castillo lleno de oficinas.

Pero Kafka duerme, y no tiene tiempo para responder a sus preguntas. Apura el café y sale del libro para regresar a las cosas que deben ser hechas sin remedio. La vuelta a la realidad la entumece. Y se dice, con cierta amargura, que es mucho más fácil soñar que vivir. Cierra con cuidado el balcón y evita hacer ruido mientras cruza el pasillo y se detiene delante de la puerta de la habitación donde duerme Kafka. Como todos los días apoya una mano en el picaporte y después la retira aterrorizada.

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4 respuestas a No despertéis a Kafka

  1. Genial esta resurrección de Kafka. Si alguna vez estuvo muerto. Lo esperaba. ¡Mi agradecimiento!

  2. he visitado Praga recientemente… y me pare a pensar… que escribiría Kafka ahora? y este articulo viene como anillo al dedeo….. dejad que Kafka siga durmiendo. sensacional

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