Viva Boris (Grushenko)

loveanddeath1

– ¿Recuerdas a aquel vecino tan simpático, Raskolnikov?
– Si
– Mató a dos señoras
– ¡No! ¡Qué desagradable!
– Me lo dijo Bobick. Se enteró por uno de los hermanos Karamazov
– ¡Tuvo que estar poseído!
– Bueno, era un joven impulsivo
– ¿Impulsivo? ¡Era un idiota!
(La última noche de Boris Grushenko)

En realidad se titula Love and Death, pero alguien en la sección de doblaje debió de pensar que ése no era un título como dios manda para una comedia y decidió llamarla La última noche de Boris Grushenko. Que leído así tampoco suena muy cómico. Y sin embargo es una película de risa. De bastante risa. Como hablamos de Woody Allen me salto la introducción: hay presentaciones que son innecesarias. Love and Death (o LUNDBG) funciona como una puerta que divide en dos habitaciones contiguas la filmografía de Allen: a un lado las comedias de vocación gamberra de los primeros años; al otro, las comedias maduras, las indagaciones psicológicas y los brochazos de filosofía.

La última noche de Boris Grushenko es una comedia bruta, una alegoría, una sátira, una descarga existencialista y una tontería muy grande, todo junto. Es también una historia de amor que rezuma amargura y grandes dosis de pesimismo. Y es, por encima de todo, un juego cinematográfico y una declaración de intenciones: si me tomáis en serio es vuestro problema, y si no también.

La historia, cuya trama apenas tiene importancia, se desarrolla en la Rusia de principios del siglo XIX. Boris Grushenko es el personaje/arquetipo de Allen, neurótico, paranoico, irónico, carne de diván de psicoanalista en conflicto permanente consigo mismo. un ruso de hace dos siglos que podría pasar perfectamente por un neoyorkino de los años setenta. Sus problemas comienzan cuando Napoleón invade Rusia y Boris/Allen – un cobarde militante, según sus propias palabras – se ve obligado a marchar a la guerra. Todo tiene un aire ligero de perchero en el que ir colgando los chistes, pero a diferencia de sus primeras películas, en Love and Death hay dobles y triples intenciones. Junto a la trama cómica late una escabrosa historia de amor. Por debajo de los gags cruzan referencias a Ingmar Bergman y Hamlet, homenajes a Chaplin y a los Hermanos Marx y un continuo juego paródico con Tosltoi y Dostoievski.

Después de Love and Death vendrá Annie Hall y ya nada será lo mismo. Después de Love and Death Woody ya es Allen, el estilo está a punto, todo está aprendido y asimilado. Toca volar. En la filmografía de Allen hay más de cincuenta películas, incluido algún gatillazo; por otra parte, no es un sacrilegio decir que ningún otro director de cine tiene tantas películas estupendas. Ni un universo tan personal y complejo.

La última noche de Boris Grushenko es la llave maestra de ese universo. Contiene, además, mi chiste favorito de todos los tiempos. Después de una batalla en la que la mayoría del ejército ruso ha sido aniquilado Boris, que ha sabido esconderse adecuadamente, se pasea por los restos del frente junto a un sacerdote que da la extremaunción a los cadáveres. El sacerdote, en un arrebato de optimismo, afirma:

-Bueno, podría haber sido peor.

A lo que Boris (viva Boris) responde, sencillamente:

-Eso es verdad, podría haber llovido.

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