Woyzeck piensa demasiado

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Para hablar de Woyzeck primero hay que contar la historia de cómo llegó Woyzeck, por casualidad y por correo, y antes hay que contar qué es Woyzeck, una obra de teatro del primer expresionismo alemán, medio maldita y sin terminar porque su autor, Georg Büchner, se murió de tifus con veintitrés años en Zúrich, aquí al lado, quince minutos en tren. Solo hay que ver la cara de Büchner para saber que era carne de tragedia: repeinado, frente ancha, bigotito, ojos de mártir con escasa voluntad para la vida práctica. Un chico bien del romanticismo, traductor, escritor y conferenciante, armando bulla intelectual con el resto de los muchachos, un manifiesto, una pequeña conspiración, artículos en los periódicos, sátiras, seudónimos y, en resumen, la vida loca de la literatura a principios del XIX. A Büchner se le empezó a torcer el futuro cuando el Gran Ducado de Hesse y la Confederación Alemana pidieron su cabeza por unos cuantos artículos satíricos. Me lo acusaron de traición y ahí comenzó una peregrinación de tres años desde Estrasburgo a Zúrich y desde Zúrich a la muerte, en 1837. Se murió Georg y se quedó a medias Woyzeck.

¿Y cómo llegó Woyzeck? Llegó en el correo, una mañana. La historia empieza con una canción de Tom Waits que se llama All the world is green. Esa canción habla de Marie, de crímenes y de súplicas de perdón. ¿Sabíamos que esa canción hablaba de Woyzeck? No, no lo sabíamos. Nos gustaba la canción y entonces, búsquedas en google, descubrimos que había una obra de teatro llamada Woyzeck, que estaba inacabada y que como todo lo incompleto había sido material de experimentación para autores atrevidos desde que se representara por primera vez en 1879. Ha sido teatro y ha sido cine y muchos han interpretado a su manera los pocos folios que dejó Büchner. Así fuimos hilando y supimos que Tom había compuesto la música de una adaptación musical que se representó hace unos años. De ahí el All the world is green, de ahí Marie, de ahí la melodía suave y de ahí la letra que habla de tiempos mejores que no existieron y no existirán. Supimos de Woyzeck por Tom, y supimos de Georg por la wikipedia. Y el libro llegó (gracias G.) por correo.

¿Y entonces quién es Woyzeck? Uno que piensa demasiado. Tom canta: me hundí en el océano cuando te convertiste en mi esposa. Y a Woyzeck la vida se le va detrás de Marie, que prefiere irse con el Tambor Mayor mientras canta una nana, Marie, que convierte a los reyes en mendigos, y a los mendigos en reyes. Y el capitán se deja afeitar por Woyzeck: Woyzeck, pareces tan apremiado, un hombre bueno no se conduce así. El capitán ríe: eres tonto, absolutamente y despreciablemente tonto. El capitán juzga: eres un buen hombre, un buen hombre, pero Woyzeck, ¡no tienes moral! Marie mece al niño de Woyzeck. ¿Sabes cuánto tiempo llevamos juntos, Marie? Para Pentecostés dos años. El capitán, en la herida: tienes un hijo sin la bendición de la iglesia, Woyzeck. Pero Woyzeck no llora: Quien no tiene dinero no puede pensar en traer a uno de los suyos al mundo de manera moral. Y Marie observa: Que roja sale la luna esta noche. Y Woyzeck confirma: Como una daga ensangrentada. Y el Tambor Mayor quiere que el mundo entero sea de aguardiente. ¡Eh, Woyzeck! ¿Por qué vas siempre con esas prisas? ¡Para un poco Woyzeck! El capitán, inflexible: piensas demasiado, eso te consume. Marie, temerosa: acabará perdiendo el juicio de tanto pensar.

Woyzeck es una atmósfera de carnaval triste. El destino de estas pocas páginas garabateadas por un muerto en unas cuantas noches de insomnio era el olvido y, sin embargo, aquí está Woyzeck, humillado y triste, con las manos manchadas de sangre y las voces dentro de su cabeza, paseando por el siglo XXI dentro de una canción de Tom Waits. ¿Quién nos lo iba a decir, Wo? Qué de vueltas. Büchner quería indagar en la causas del crimen: los celos, el engaño, la enfermedad mental, la presión social. Y arañar la superficie del espejo que refleja a las víctimas y a los verdugos. La muerte lo dejó a medio camino. Y a nosotros con las preguntas.

En una de las últimas páginas que dejó Büchner, uno de los personajes cuenta la historia del niño que no tenía padre ni madre. Todos se le habían muerto y no había nadie más en el mundo, y el niño quiso ir al cielo, y la luna le miraba cariñosa, y cuando por fin llegó a la luna era un trozo de madera podrida, y entonces se fue al sol, y cuando llegó al sol era un girasol marchito, y cuando llegó a las estrellas eran pequeños mosquitos dorados que estaban prendidos con alfileres, y cuando quiso volver a la tierra, la tierra era un barreño volcado, y se sentó allí y se puso a llorar. Y todavía está sentado allí, completamente solo.

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