Fragmentos

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En el Viaje está el fragmento de Alcide, el pobre muchacho soldado en las colonias que ahorra su vida de aquella manera y duerme plácidamente mientras Bardamu se pregunta si finalmente no habrá algo, en los ojos, la expresión, los pliegues de la camisa, para distinguir a los malos de los buenos. Y también los cuatro párrafos de Molly, cuando Ferdinand dice adiós -buena, admirable, Molly- en la estación de Detroit (porque quizás sea eso lo que buscamos a lo largo de la vida, la mayor pena posible para llegar a ser uno mismo antes de morir) y de vuelta en Europa le escribe, a Molly que tenía un corazón limpio, después de veinte años, que puede venir cuando quiera -buena, admirable, Molly – y que si ya no es bella, ¿qué importa?, porque he guardado, dice mi Destouches, tanta belleza tuya dentro de mí, y tan cálida, que nunca llegaré a estar, estoy seguro, tan frío, grosero y ruin como los otros.

Escribo de memoria, me lo invento un poco, sin palabras textuales, ni exactitudes, solo alas, que sirven para volar, remontar el cielo, escapar. En el Pequod hubo una noche de vigilia, antes de que la espuma se lo tragara todo, los marineros tenían miedo en todos los idiomas del mundo y Melville te enseñaba el barco como si fuera un teatro, la cubierta, el castillo de proa, los camarotes de los oficiales. Y Ahab, diabólico en su cuartucho de madera mojada, desafiaba a los dioses. Mi voluntad corre sobre rieles de acero. Hacia Moby Dick, sin recodos, todo el océano para desatar su tormenta ciega. Y leyendo esas páginas casi podías escuchar las respiraciones apresuradas, apartando con las manos el aire espeso y oscuro como un presagio. Y ahora profetizo que mutilaré a mi mutilador. Ay, viejo capitán de Nantucket, con tu esposa en tierra, tu cicatriz, tu pierna de hueso de ballena. ¿Y para quién es ese ataúd que fabrica el carpintero? ¿No sabes que a ti te aguarda una tumba en el mar?

Siempre me ha gustado leer una y otra vez el monólogo sobre la reina Mab de Mercutio en R&J, el arranque de Tito Andrónico, Ave Roma, victoriosa en tus ropas de luto, pasear por la ciénaga en la que Marco encuentra a Lavinia. Gloucester ciego, guiado por su hijo que se finge loco, en El Rey Lear. Y en El Corazón de las Tinieblas, los hombres de la barcaza disparan contra la jungla. Puedo ver, si cierro los ojos, a Svevo Bandini en Colorado, subiendo la cuesta, avanzando contra la nieve, con sangre en la cara, huyendo de María. ¿Qué me has hecho, María? ¿Qué le has hecho a Svevo Bandini en la cara? A Nicola Fante en el hospital llorando delante de su primer nieto. Y en el libro de Job Dios se alza con toda su mala hostia de Dios para arremeter contra el anciano que se revuelca en barro y ceniza: voy a interrogarte y tú me instruirás.

En el Proceso, Josef K era arrastrado a la catedral, donde morirá aunque las piedras mudas sobrecojan con su indiferencia; morirá sin culpa para que la vergüenza le sobreviva. En El largo adíos, Marlowe se despidió de sí mismo, triste, solitario y final: los franceses tienen una frase para eso, decir adiós es morir un poco. Y estaba Anna K. en la estación, Raskolnikov en su cuchitril, los poemas de amor de e.e. cummings, manos más pequeñas que la lluvia y la distancia entre las estrellas y ése que dice: me gusta mi cuerpo cuando está con tu cuerpo. El primer verso de Los Heraldos Negros. Las palmeras salvajes: entre la pena y la nada, elijo la pena. Absalom Absalom, esa página que quería matarme, me envolvía con palabras y me asfixiaba, párrafos que te saltaban al cuello. Y más. Siempre hay más. La radio que deja de emitir música ligera en La Senda del Perdedor para llamar a filas a los muchachos después de Pearl Harbor, Jenofonte delante del mar, thalassa thalassa, después de cruzar media Persia en llamas, el encuentro de Odiseo con Dante y Virgilio en el Infierno donde los héroes cogen polvo y el monólogo de molly bloom arrebatado y sucio y divertido y elegíaco y romántico y sin leyes ni ortografía ni punto final en el ulises de joyce que termina con un misterioso y secreto and yes i said yes i will Yes.

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2 respuestas a Fragmentos

  1. Solo tú puedes escribir esto. Vivo también con fragmentos similares (algunos son los mismos) repartidos entre las cejas. Y yo que te agradezco la rememoración y la genialidad de la escritura, ojala tengas más tiempo para ello! Un abrazo.

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