Amor de punkis

Eskorbuto

Solo por ti tiraría
el puente colgante a la ría.
(Eskorbuto)

Solo hay dos amores de verdad en el mundo: el de los castos y el de los desesperados. Que es como decir: platonismo y vivir en el margen de la libreta. Pregunta: ¿Que harías tú si fueras inmortal? Yo haría lo único sensato: intentar morirme como fuera. Esa pregunta que no viene a cuento y esa respuesta que parece un poco de pero este muchacho qué, a mí me sirve para resumir qué es el punk: una rabieta de niño chico con sentido y necesidad de ir a la contra.

¿Y se enamoran los punkis? Digo. Claro. Mira.

Eso es una canción de Eskorbuto. Que es una de las mejores cosas que hubo en España en los ochenta. Y que son, además, el único grupo, que sepa yo, que siguió cantando desde la muerte. Porque para cuando esa canción ya estaban muertos, en los nichos, el bajista, el guitarra, en resumen: los dos que cantaban, hacían la parte del frente, de cara al público y los escupitajos. ¿Entonces? Es misterioso. El batería rehizo el grupo y sacó un disco más. O dos. No me acuerdo. Y no me hagáis mucho caso, pero a mí no me parece lo típico de vamos a aprovechar que todavía están calientes y tiesos para sacarnos dineros para la metadona. En resumen: que son buenas, esas canciones. Y tienen una cosa, a lo mejor es la voz nueva, que parece de verdad una garganta en una tumba, o la información que no se puede arrinconar porque se te pega a la médula impidiéndote separar la letra de la historia de desgracias del grupo. Pero a mí me parece como si esas canciones las cantaran los muertos. Yo me entiendo.

Los puristas dirán: que las canciones buenas son las de los primeros años. Claro que sí. Mucha policía, poca diversión. Todo eso. La sangre, los polvos, los muertos. Ratas y también la que dice: quisiera enrollarme a una mujer policía. Claro que son buenas. ¿No van a serlo? Pero estas malas no son. A mí me gustan. Tienen eso. El pellizco oscuro. Como si las hubiera besado el duende de los flamencos vestido de bestia de la isla de Patmos.

Y yo me imagino a ese punki, con los cueros negros y los pelos revueltos, las botas, el puro esqueleto, pegándole patadas al puente de Portugalete, enajenado, medio gilipollas y enamorado, y me parece hasta tierno. De verdad. Tú cierra los ojos y míralo. Es el amor de los desesperados. De los que se sujetan para no hundirse. Es un asunto sin elección: el chavalito no puede elegir. Es la destrucción o el amor. Alexandriano y eso. Es bonito.

Sumergir hierros para sobrevivir. Y que el desierto se llene de flores de colores. Venga guitarrazos. Es la vida peligrosa. Encontrar un agujero donde esconderse. Mientras afuera la policía pega hostias, las botellas de cristal se rompen contra la pared, los porros te queman el sofá y las cucharas negrean.

¿Y lo consiguieron, mis muchachos?

Claro que no. Pero ellos querían. Agarrarse, agarrarse.

A una voz que pronuncia tu nombre en la oscuridad.

Para que el mar no tenga que secarse.

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