Reencuentros paralelos al sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes de despertar

Todo lo que ocurre, ocurre.
Todo lo que, al ocurrir, origina otra cosa, hace que ocurra algo más.

Todo lo que, al ocurrir, vuelve a originarse, ocurre de nuevo.
Aunque todo ello no ocurre necesariamente en orden cronológico.
(Douglas Adams)

¿Tú crees en el destino? Yo no. Yo creo en doblar esquinas. Es una manera gráfica de decirlo. Giras y delante de ti aparece una calle nueva y extraña. Y tú ya no eres nunca más el mismo. Miras a ver qué hay. Y supongo que la mariposa de la metáfora que bate las alas generando huracanes al otro lado del mundo se lo pasa muy bien. No se aburre, mi bichejo simbólico, de aletear soltando hacia las pobres gentes furias y alegrías y medias sonrisas de susto y sorpresa. Pero esa es la gracia del libro: que de cuando en cuando la narración pega un volantazo. Y el título

no es mío.

En realidad, el título

nunca es nuestro.

Nos lo pone la vida. Cuando el punto final cierra la perspectiva. Y siempre he pensado que en ese momento se ve el cuadro en su totalidad. Las líneas convergen por fin. Y todo tiene sentido.

pero eso ocurre
cuando
te desmontan el cielo
y te vas por donde se va el sol

para perseguir la luz por última vez.

Hasta entonces, intuyes, adivinas, juegas.

Y aquí a lo mejor viene bien una foto:

IMG_2365okquiero decir CON TODO ESTO que no sé muy bien QUÉ DECIR.

(La foto es de una persona que se llama Alejandra Grinschpun)

Por ejemplo: ¿con qué sueña una abeja que vuela alrededor de una granada? Yo creo que sueña con flores. Solo que yo casi nunca tengo razón. Me cuesta acertar. A lo mejor sueña conmigo. A lo mejor sueña con todos nosotros. A lo mejor los sueños de las abejas tienen razón. Y lo nuestro es solo sombra.

Y esas personas que vivieron en nuestra juventud, algunas se nos escaparon, igual que se nos escapará el sol, y ahora viven en el sitio de los recuerdos, que es un lugar donde generalmente hace calor y las cosas casi no duelen. Otras vuelven, cuando la mariposa bate las alas. Cuando la abeja sueña. Y nos cogen de la mano y nos llevan otra vez a los años que ya pasaron: nunca nos dolía la cabeza, no teníamos trabajo, no queríamos nada, el vino no nos rompía las mañanas

y entonces recuerdas
cómo doblaste la esquina
y todo lo que ha ocurrido desde entonces
y ahora tomando una cerveza
después de tantos años
el alcohol te permite vislumbrar
durante un segundo

las líneas que cruzan
convergen aquí
en esta mesa
esta calle
este
sol
:
marea
lo justo y
piensas que ha
merecido la pena
esperar tiempo y tiempo
para ver cómo se despereza

la abeja.

¿Y qué más? En el puerto de Amsterdam hay marineros que beben y beben y beben y cuando están bien bebidos se quedan mirando la luna y se abren la bragueta y mean en el cielo. Pero es que las ciudades con marineros tienen algo especial. Y a mí, como a toda la gente del interior, me pasa que ya echaba de menos el mar antes de conocerlo. El mar, que sirve para encontrar otra vez las cosas que estaban perdidas.

Entonces…

¿de qué hablábamos?

Hablábamos de doblar esquinas.

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