Kakfa y Milena

kafkaHe leído casi un año de las cartas que Franz Kafka le fue escribiendo a Milena. Que tenía un apellido raro y era traductora y seguramente era guapa y tenía los ojos bonitos y pensó que podía asomarse al abismo que miran los señalados sin que ninguna música horrible le crujiera por dentro. Leer las cartas de otro es un acto violento, porque uno tiene la sensación de asaltar corazones ajenos. Franz en su corazón guardaba cosas: miedos, insomnios, toda la culpa que puede acumular un hombre. Todo el deseo frustrado que se pudre y convierte la sangre en un líquido espeso y torpe que fluye lento y no calienta.

Era tan Gregor Samsa, mi Franz… Tú lo ves arder, en sus líneas, en cada una de las súplicas, en las dudas. Ven, Milena. ¿Voy, Milena? Redactaba dos, tres cartas al día, la mayoría cortas. Algunas contienen pequeñas historias humorísticas. K. le cuenta a su M. como a la vuelta de Viena hubo un problema con el visado y lo retuvieron en la frontera: de repente la carta de Kafka se convierte en una novela de Kafka concentrada en página y media. Y uno contempla en su desnudez de Venus del quatroccento todo el proceso mental de la creación de mi Franz, cómo construía a partir de una visión del mundo confusa y absurda: un burócrata en apariencia gris con todos los fuegos en su interior, que solo sirve para contemplar el mundo.

¿Y sabía él que todo aquello se publicaría con el tiempo, pasando por encima de sus deseos de hombre ya muerto? Max, quémalo. Pero Max no hizo caso. Hay rasgos de coquetería lírica en algunas líneas, como si el hombre escribiera para Milena pero también para todos nosotros, intuyendo que adjetivo nos pondría mejor a temblar: o a lo mejor escribía intentando deslumbrarnos a todos nosotros solo para poder deslumbrar a Milena.

Franz se queja. Del insomnio, de la timidez, de su pequeño cerebro de genio que le putea los pulmones. Y le reprocha a Milena que el cartero a veces no consigue descrifrar su letra de mujer joven de Viena, y las cartas llegan con retraso, o no llegan. Y K. se revuelca en su habitación de hombre que despierta metamorfoseado en insecto, y le dice a Milena esta cosa bonita: Nuevamente las direcciones son indescifrables, Milena, el correo tuvo que descifrarlas y completarlas. Después de mi primer ruego, las direcciones eran preciosas, un muestrario de hermosas y variadas letras, aunque tampoco muy legibles todavía. Si el correo tuviera mis ojos tal vez solo podría leer tus direcciones y ninguna otra. Pero como es el correo…

Uno se imagina a la mujer al otro lado. La mujer casada que intercambia palabras con el genio desconocido, que traduce sus relatos, esos que nadie lee todavía, que intuye que detrás de la desesperación hay algo poderoso que la atrapa. Que supo ver antes que nadie las llamas del corazón de hielo de Franz que los demás solo vieron cuando la tumba ya se lo había tragado todo. La mujer extraña cuyas cartas solo pueden intuirse en la desesperación y en la felicidad que provocan en este Kakfa del remite que es ya un Kafka canoso: yo nunca me imaginé a Kafka viejo. Siempre lo veo joven, tal y como aparece en las fotos: repeinado y con esos ojos oscuros que parecen lo único verdaderamente vivo en un rostro demasiado anguloso.

¿De verdad se hizo viejo Kafka? ¿De verdad se murió? Sus cartas son las cartas de un hombre que vive. Lo ves en su escritorio, escribiendo: empieza una carta, la deja, pasea, se desespera, vuelve a escribir, tacha, anota algo en el margen, padece y tiembla como un adolescente enamorado que mira el wassap cada quince segundos para comprobar que todavía no hay respuesta, escribe de nuevo, quizás lee un poco, quizás se mete en la cama, sudando de fiebre, solo para comprobar que es incapaz de dormir. Y vuelve a escribir. Y sale a la calle, enfermizo, deja la carta en correos y vuelve a casa arrepintiéndose.

Y ese otro ritual, del hombre que recibe una contestación y mira el sobre asustado. El hombre fatalista que comienza a leer intuyendo que no habrá más cartas, que la sinceridad o la mentira o la tristeza o la alegría injustificada de su última respuesta han terminado matándolo todo. Que no habrá más Milena. Hombre que sostiene el papel con una mano que tiembla. Que puede escuchar con claridad como el cuerpo entero le late, la respiración se le entrecorta. Lee. Está a punto de caer desmayado. Y descubre únicamente una carta neutral, sin tragedia ni malos modos: ¿qué existe en el mundo peor que una carta de amor educada?

Quizás solamente las cartas de amor de un amor que ya se acabó.

Una mañana, mientras rebusca en el cajón el manuscrito de un relato antiguo, Kafka encuentra una carta de Milena, ¿te acuerdas de Milena, Franz? Era aquella muchacha de Austria que una vez cuando viajaste a Viena se encontró contigo en la mesa de un café y te acarició el pelo. ¿Recuerdas? Recuerdo. ¿Y qué ocurrió, Franz? Ocurrió lo de siempre.

Y ahora Franz se queda en silencio, no contesta más preguntas.

Sostiene la carta como Lear sostenía el cadáver de Cordelia: a solas con los reproches.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Ídolos, Literatura y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a Kakfa y Milena

  1. Menudo entradón, desastrediario… Para leerlo varias veces. Por cierto, te dejo aquí mi insecto, en forma de mis agradecimientos de siempre, por menciones recibidas -con un retraso del que me disculpo: http://felixmolinapublica.wordpress.com/2014/07/15/la-101/ Que tengas un buen día!

    ps. 1 Van incluidas también menciones para ti. Te me adelantaste: fuiste más rápido que yo con el revólver de las nominaciones 🙂 Perdona a este forajido por las consecuencias más desagradables de esto.

    ps. 2 Kafka no ha muerto. Revive constantemente, resucitado por nuestros administradores (no los de este entorno: los que nos hacen una cucarachita diaria… bueno, más o menos).

    Un abrazo, y lo dicho: gran y poderosa entrada.

  2. Lugh Landrus dijo:

    Me complace informarte que te he nominado para el premio Dardos:
    http://lughlandrus.wordpress.com/2014/07/31/nominacion-al-premio-dardos/
    Saludos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s