La vida loca

Thelma-Louise_598Yo cuando era más joven llevaba mejor las resacas. Como todo el mundo. Ahora si me paso la noche bebiendo y fumando se me hace la mañana más larga que una misa de comunión. Es porque voy a cumplir treinta. Se dice pronto esto. Es inevitable, claro. La otra opción es morirse, así deja uno de hacerse viejo, pero si lo piensas fríamente lo de palmarla tiene más inconvenientes que otra cosa. No te puedes tomar un café si estás muerto, por ejemplo, y a mí me gusta mucho el café. Me gusta desde que era chico: apuntaba maneras, tocante a vicios. Si mi madre se despistaba le robaba la taza y me la bebía a cucharadas.  A lo mejor por eso he salido nervioso. La gente no se lo cree, ¿nervioso tú?, pero el baile lo llevo por dentro. De chico, por cierto, era rubio y tenía los ojos azules. Después he ido mejorando. También fumo y eso. Soy así, completito, como un pack de seis Voll Damms. Seis Voll Damms te sirven para echar una tarde entretenida. Luego ya te apañas tú con la resaca. Treinta años, yo que sé. Todavía tengo 29. A mí lo que me gustaría es llegar a sexagenario huyendo de la Policía, como Esperanza Aguirre: cruzar Princesa esquivando semáforos en rojo y controlando por el espejo retrovisor las luces de los munipas mientras llamo con el manos libres a mi abogado judío para que me pille un billete en el siguiente vuelo a Brasil.

La vida loca.

Hay que reírse. Yo me la imagino a la señora aparcando el coche en el carril bus, bajándose tan ella, pum pum pum, al cajero, y a esos dos agentes de la ley, o tres o cuatro o los que fueran, que ven el coche y allí que van y no hay nadie en el coche y ahí están esos dos o tres o cuatro apuntando la matrícula cuando aparece Esperanza y ahora imagínate la carita de esos municipales míos cuando se les planta delante una ex presidenta de la Comunidad de Madrid, ex ministra, ex presidenta del Senado, con toda su laca y su mala hostia y su pero bueno qué es esto y mire usted señora es que aquí no se puede aparcar y ella pero si ha sido un minuto y ellos firme usted aquí y ella que me voy y ellos que no que no se puede usted ir todavía y ella que sí y ellos pero oiga y ella que se mete en el coche – que película – y arranca en plan Thelma y Louise pero sin Louise, y a la que sale le vuelca la moto a un madero y ahí va mi Thelma por la Gran Vía abajo, se mete en Princesa y enfila supongo que la calle esa que sube hacia arriba desde Plaza de España para meterse, medio ruborizada y un poco más vieja, en la Calle del Pez. Un giro más, cochera y a casa.

Sé la calle que es y me sé el camino porque yo fui vecino de Esperanza Aguirre en Madrid. Es verídico esto, vivíamos a veinte pasos. También vivía allí Calamaro, era vecino también. Y un loco con rastas que cada vez que me veía me contaba yo trabajaba de traductor de un ministro en Rusia, muchacho, así como te lo cuento, que frío más grande pasaba. Aguirre, Andrés, el loco y yo. Era otra época: Aguirre todavía era ministra y se hacía la tonta en el Caiga Quien Caiga. Calamaro grababa El Salmón encerrado en su piso con un multipistas y mucha cocaína. Yo buscaba bares para ver el fútbol y tenía dieciocho años y el pelo largo y más susto que otra cosa. Y el loco dormía en un banco. Es curioso todo esto.

Al final según Esperanza los municipales solo querían una foto. Son raros los municipales, van a sus cosas. Así que cuando llamaron al timbre les despachó a los escoltas. Guardias civiles, se entiende. Que por qué tiene una pareja de la Guardia Civil en la casa ya se entiende menos, pero yo que sé, yo de estos protocolos no entiendo. Imagino que terminaría firmando la multa. Y que tendrá que aflojarla. Luego está el coste político. Es todo demasiado Berlanga. Yo no sé si saldrá de esta, aunque ella sabe mucho de estas cosas y al final te acaba instrumentalizando políticamente hasta un descenso del Rayo. Tiene oficio. Ahora está por las teles, explicando el asunto. Igual se salva. Se estrelló con un helicóptero y como si nada. La noche es joven, debe estar pensando.

Su tardecita Hollywood en Callao a los sesenta y tantos se la contará por las tardes a los nietos, con unas pastas y un colacao. Solo que estas cosas dejan resaca, y las resacas con los años cada vez se llevan peor. Está uno más gastado, más como sin ganas. Menos fuerzas, menos pelo, menos bifidus para metabolizar los disgustos. Y ya ni el ibuprofeno te arregla.

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4 respuestas a La vida loca

  1. G. dijo:

    Yo de mayor quiero ser como esta señora. Una fiestera. Y aparcar donde me salga del chichi (y eso que yo ni conduzco ni na’). Y tener a una pareja de guardia civiles sumisos en casa y ponerlos firmes a mi paso y que me sirvan el té con pastas por la tarde y atiendan la puerta cuando venga la poli a buscarme. Qué tía.

    30 años no es nada. Los tráilers. Luego ya, que la peli sea buena o una de Sandra Bullock en el espacio…

  2. A mí esta señora es que me tiene loco. No sé si reírme o llorar. Soy más de reírme, la verdad, pero es que ojo al personaje. Es como el circo: cuando crees que lo has visto todo te hace un más difícil todavía que te deja tonto.

    Gracias por los ánimos. Esto de los tráilers me ha gustado. Me lo apunto para cuando los #|[@x#brones de mis amigos me empiecen a vacilar. Eso sí: espero que no sea una película de Sandra Bullock, que susto…

  3. … y enhorabuena. Al menos nos aseguramos -mínimo- dos de tema temporal, no? 🙂 Un abrazo!

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