Apréndete las paredes

618199c6a37a11e3aceb12f8a5fa1ad6_8Resulta que tengo un tatuaje verde. Yo creía que era negro, pero es verde. Al parecer. Verde taleguero. Está ahí, en el brazo izquierdo. Yo siempre he tenido problemas de localización, así que el dibujito me sirve para ubicarme. Si yo voy contigo por la calle y tú me dices métete por ahí a la derecha, a lo mejor me ves que me paro en seco y me pongo muy serio y me miro así disimuladamente los brazos. Y a lo mejor tú te piensas que estoy gilipollas, pero no: estoy orientándome. A la derecha, dices. Y yo pienso: para donde no hay tatuaje. A veces incluso acierto. Cosas mías. De chico en la escuela el maestro me pintaba un punto azul en una mano y un punto rojo en la otra. Imagino que me notaba la confusión espacial. En fin. No voy a hablar de mis problemas para situarme en el mundo. Esa comedia ya la dejo para otro día. Decía del tatuaje. Me lo hice hace diez o doce años. Era joven yo entonces. Es incluso probable que tuviera más tontería encima de la que tengo ahora. Son catorce letras, así que en realidad son catorce tatuajes chicos. Las catorce letras juntas hacen tres palabras. Las tres palabras hacen una frase. La frase es un verso. Dice esto:

learn your walls

Así, en minúscula. Luego ya explico lo que quiere decir. Las tonterías son para ir soltándolas en orden. ¿Os he dicho que es verde? Yo me he pasado diez años creyendo que era negro. Tampoco soy muy de fiar. Una vez me tiré cuatro meses yendo a la clase que no era, cuando estudiaba en la facultad. Luego en febrero hice los exámenes y mi nombre no salía en las listas. Miré el resguardo de la matrícula y una risa. Había confundido la A con la D. Ya ves tú. Tuve que ir a hablar con los profesores. Al parecer incluso había aprobado los exámenes. Me pusieron una de las revisiones un viernes. Temprano. A las nueve. A las doce y media tenía que coger el tren para Jaén. A las seis y media estaba todavía de fiesta. Me acuerdo de que unas amigas muy simpáticas me pintarrajearon los brazos. Éramos jóvenes. En fin. Al final llegué al despacho de este señor como a las once y con una resaca que no cabía por la puerta: los ojos por los tobillos, en manga corta, con los pintarrajos en los brazos, el tren que se iba, ya os hacéis una idea del cuadro. Era majo, el profesor, de todas formas. Me dijo que estaba aprobado y que don’t worry, que ya me cambiaba mi nota en las actas. Los otros fueron más hijoputas. Este incluso tuvo la delicadeza de no preguntarme cómo había sido tan gilipollas de pasarme cuatro meses en la clase que no era. Tampoco hubiera podido contestar. Era un despacho chico. Al salir enganché con la pierna el cable del teléfono fijo que el pobre hombre tenía encima del escritorio. En esa época todavía había teléfonos fijos. Es que ya me voy haciendo mayor. El caso es que al girarme y empezar a caminar hice tracción y el teléfono salió volando y se hizo mierda contra la pared. Yo salí como si nada, en plan ¿qué?, ¿yutolquintomí? Ni perdone ni lo siento. Lo peor es que yo esto se lo cuento a la gente que me conoce y ni siquiera me preguntan: ¿de verdad? Se lo creen del tirón, precisamente porque me conocen. Señor profesor, no me acuerdo cómo se llamaba usted, pero si me está leyendo, desde aquí se lo digo: lo siento, de verdad. Es que no se hace a la idea del resacón que llevaba. Todavía me lo imagino, solo en su despacho, recogiendo los pedazos de su teléfono roto y pensando: ¿y esto? Pero mantuvo su palabra. Cambiaron mi nota al grupo correcto y aprobé.

Pues eso, que un tatuaje. Que ahora resulta que es verde. Yo pensaba que era negro. Se ve que cambia de color, como Michael Jackson. En fin. Pone lo que he dicho antes. Es un verso que yo leí en un poema de Charles Bukowski. El poema se llama Be alone. Es el de la foto. ¿Veis la foto? Hacía años que no leía ese poema. Lo busqué el otro día. Tengo el libro por ahí. Me sorprendió encontrarme el verso subrayado. Como que no me pegaba mucho. A veces soy más organizado de lo que parezco. El problema es que no soy práctico. No sirvo para las cosas serias. En resumen: que moriré pobre. 

El tatuaje, que tangenteo. Pues eso, que es verde. Yo pensaba que era negro. Me tiene descolocado a mí esto. Yo la verdad es que lo miro y lo veo de cualquier color menos verde. Azul, incluso. Hay gente que ve muchos colores. Hay gente rara. Mi teoría es ésta: todos los colores que existen vienen en una caja de plastidecores de doce. Todos los demás son ganas de enredar. Apréndete las paredes, eso pone en el tatuaje. ¿Qué quiere decir? Yo qué sé. Es poesía moderna. Verso blanco y todo eso. Metáforas subjetivas. A mí Bukowski me gusta mucho, me parecieron tres palabras lo bastante buenas como para ponérmelas ahí para siempre. No pienso mucho las cosas. Así me va. Y que me viene de puta madre para orientarme. La gente pregunta: ¿y eso de ahí? Y yo: un tatuaje, broda. Y ellos: no, que qué significa. Dependiendo del día contesto una cosa o contesto otra. Tampoco es nada profundo. Es un tatuaje. O sea: decoración. No hace falta que sea un misterio de la hostia. Ni que contenga el sentido de la existencia. Es solo un dibujo en el brazo. A mí me gusta. De todas formas, tengo una explicación muy buena. Pero buena buena buena. Lo que pasa es que para que me salga bien tengo que estar borracho. Así que otro día la cuento.

Sigo pensando que es negro.

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