Ole Paco

paco

En el flamenco y en Andalucía el ole se dice así, sin tilde en la e, como líquido, para dejarlo bailando y que se desperece a través de la música y del viento que levanta la falda de las muchachas. Se nos murió ayer Paco de Lucía. Y uno lo ve y piensa: vaya. Luego empieza a creerlo. ¿Y cómo? ¿Y por qué? También se muere el mar, decía Lorca. Pero hay gente que se nos muere así, de golpe, en un pestañeo, y la noticia nos abre los ojos, nos deja sobresaltados, como cuando te adormilas en el sillón y alguien llama de repente al timbre. Yo no sé muy bien qué decir de Paco de Lucía. A mí me gustaba mucho. De su vida, de lo que fue y lo que hizo, y de su obra y su música se ha escrito ya todo. Estos días los periódicos están llenos de artículos que trazan sobre la sombra de su muerte reciente obituarios que le dicen adiós. Seguramente era un genio. En el sentido estricto de la palabra. Un genio es uno que no se distingue de la multitud. Te lo cruzas por la acera como si nada. El genio se aplica a su arte porque no tiene opción. En eso consiste: en oficiar una liturgia sin fin. Paco de Lucía era guitarrista y flamenco, un payo de Algeciras que se crió entre gitanos y aprendió de muy chico a encender pedacitos de fuego en las yemas de sus dedos para calentarse un poco el hambre y salir por los mundos. El genio abre caminos nuevos. Aprende el oficio, lo obliga a morir, le hace una autopsia, le impone las manos, lo resucita y lo echa a caminar por las calles con un brío nuevo y desconocido. Una vez que el genio opera el arte ya es otro. Para siempre.

Yo no voy a hablar mucho de música. Porque no sé. A mí de chico en la escuela cuando había que tocar algo me daban el triángulo. Eso lo dice todo, creo yo. Lo único que me lleva el compás en el cuerpo es el corazón cuando hace pumpum y no siempre, porque a ratos también él pierde el ritmo. Si la música es buena, la emoción se basta, y aparta al conocimiento. Es sangre y ya está, una cosa primaria, cuando es de verdad. Como cualquier otro arte la música se puede asimilar desde ese rinconcito de adentro donde no alumbra la razón y siempre hace sol. A Paco de Lucía hay que escucharlo. En los discos que grabó en solitario, en los conciertos que registró en directo y en todo lo que hizo con Camarón. Que dos: ellos solos y como sin quererlo pusieron cabeza abajo el flamenco entero, en los años setenta, con un puñado de canciones que parecían salidas de la falla de un terremoto. Camarón ya se nos murió hace mucho. Se fue rápido y nos dejó recordando. Paco se ha quedado veintidós años más. Suficientes para presentar el flamenco por todo el mundo, llenar teatros, por aquí y por allí, abrir bocas en cien idiomas distintos, con una guitarra que no necesitaba palabras ni traducción, solo un corazón abierto escuchando.

Siempre se ha dicho que era un hombre tímido, al que no le gustaba levantar la voz ni reclamar reconocimientos. Se ha ido sin ruido, casi en silencio, en una playa de México donde jugaba con sus hijos. Así, en un suspiro, se ha ido. No es mala forma, creo yo. Cerrar los ojos mirando un atardecer sobre el mar es una despedida casi de poema. Sobre todo si uno ha vivido bien. Ganarse la tumba, ése es el truco. Así que nada. Ole. Ahora toca descansar.

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2 respuestas a Ole Paco

  1. voulere dijo:

    Preciosa la entrada. Y el sentimiento.

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