Historia de susto

IMG_20140115_182916No me había pasado en la vida esto a mí. Una cosa pero rara. Esta mañana. Que me acuerdo y tiemblo. Digo. Cuando me he despertado todo estaba normal: los ojos pegados, los pelos revueltos, la cara de pena, el frío. Lo de todos los días: el coche, la carretera, el carril, las ruedas a lo suyo, dando vueltas, el mundo corriendo hacia atrás por la ventanilla. Total. Que llego al campo, me bajo, todo igual que todos los días, nada extraño.

Y.

De repente me veo que me entra una cosa por los pies arriba como una posesión de esas del demonio, pero peor.

Que tenía ganas de trabajar.

Tal cual.

Una flamencura tenía yo metida en el alma que me quedaba mirando las olivas y pensaba: me las avareo todas. Así. En ese plan. Echadme olivas. ¿Cuántas hay que avarear? ¿Veinte? Me avareo cincuenta. Dadme los cacharros. Hacedme sitio. Dejadme solo.

Puntos suspensivos.

Todo esto me lo escuchaba y me lo veía yo por dentro como si le estuviera pasando a otro, rollo viaje de tripi. Hay que aclarar: yo no me llevo bien con mi cerebro. Cosas que pasan. Nos puteamos mucho. Un sinvivir mutuo. Nos tenemos ganas. Pero una cosa así, verdad, una puñalada a traición tan asquerosa, no me la hubiera esperado yo si viviera cien años. Porque en este tema siempre estamos de acuerdo. Pero no te puedes fiar del cerebro, porque es un órgano serio. Y no se puede uno fiar de nada que sea serio. El cerebro cerebrea todo el tiempo, y a fuerza de cerebrear termina convertido en un burócrata con corbata. Mira a su alrededor y solo ve instancias. Relléname esto, bazo. Tú, moreno, no te pases con los cigarros. Y a las manos les ordena que se estén quietas, que no son horas. A los ojos, que no se cierren. Al hígado que desintoxique aprisa. Al corazón, que más paladas de sangre. En resumen: un capataz.

Que no deja a nadie vivir a su aire.

Te acostumbras.

Pero a mí no me había salido nunca con una cosa así.

Y con todo el acojone en el cuerpo, pensando ¿será la falta de sueño? ¿un ataque repentino de gilipollería? ¿droga en el nesquik? Descartando posibilidades como un House de campo diagnosticando sin vicodina. ¿Qué haces en una situación como esa, y sin alcohol a mano? Muy mal. Me he visto renegando de veintinueve años de forma de vida y gritando por las calles que el trabajo dignifica, que el diablo vive en el tiempo libre y que un pico y una pala os daba yo a todos.

Como no se me da bien lo del mantener el suspense ya aviso que se me pasó. 

Diez minutos, pero que diez minutos más raros.

Y más malos.

Un momentito, medio zas, un volunto, un pestañeo, un como vivir durante un aleteo la vida que otro está soñando.

Pero el mal rato para mí se queda.

Contarlo es exorcizar.

El susto todavía lo tengo en el cuerpo.

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2 respuestas a Historia de susto

  1. Y lo peor es que me han entrado ganas de trabajar incluso a mí! 🙂 Es contagioso! Páralo, páralo como sea, por favor… A ver si vamos a terminar también pensando que el trabajo nos hace libres, y damos así rienda suelta al campito de concentración que cada cual tiene dentro de sí -por cierto, me estoy entrenando a fondo para no usar el punto y coma; pero nada…

  2. Dios no lo quiera que esto se contagie. De momento he conseguido pararlo a tiempo: ha sido un momentito nada más. Y espero que no se vuelva a repetir. Seguiré informando.
    ¡Arriba el punto y coma!

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