Elogio de la pereza (II)

Fry-of-Futurama-philip-j-fry-9424604-400-320Si el trabajo dignifica yo reboso dignidad. Para un Gobierno de España entero tengo dignidad. Tanta que me sale por la punta de los zapatos que nunca me pongo. Y yo me pregunto, ¿por qué tanto odio? ¿Por qué este castigo, este sinvivir y esta crucecita a cuestas? Dinero no tengo, la salud me la estoy puliendo. Y diréis: sí, pero debes de estar de un realizado que para qué preguntar. Lo que estoy es cansado, las neuronas se me van pegando tiros, entre cojines y en el corazón, como Maiakovski, que era ruso y escribía unos poemas muy raros con dibujitos, y se mató porque el futuro no fue lo que era. El caso es que iba a ponerme a hablar de las implicaciones socioeconómicas del trabajo y de cómo vuelve a la gente vieja y fea, pero como tengo el cerebro empañado, mejor cuento una historia.

Esto pasó donde yo vivo. Un cliente habitual entra a un bar a la hora del vermú, que aquí es sin vermú y con cerveza. Como en las siguientes tres horas no pasa nada, meteremos una elipsis narrativa. Haceos a la  idea de que el hombre bebe y charla y mira la prensa. Más elipsis. Otro trago. Más elipsis. Y cerveza. Y de pronto aparece sobre el mostrador una botella de absenta. Y ocurre esto que pasa en las películas del oeste, sobre todo cuando las hace Sergio Leone. Imaginaos una musiquilla de Morricone, un cruce de miradas múltiple, un reloj detenido en el pasado. Y ahí está nuestro hombre, que ya no tiene dedos ni en las manos ni en los pies para contar cuántas se ha bebido. No tiene importancia, pero por acentuar la escena con luz natural pongamos que es verano, y que afuera hace calor, y las cigarras cantan. La hora del vermú se cae al río. Llega la hora del café. Nuestro hombre agarra la botella de absenta, contempla el líquido color verde alienígena y se bebe un chupito. Luego otro. Y otro. Cuatro en total. Aún así no pierde la capacidad motora. Es capaz de salir del bar, bajar cuatro escalones, cruzar la calle y desplomarse en la acera. Alguien lo sube a un coche y lo mete a empujones en el centro médico. Suero y B12, el cóctel de las noches locas. El hombre contempla la aguja aterrorizado y grita, con los ojos cerrados de par en par: ¡eso no, eso no, que me matáis!. Pero es inútil. Uno de los compañeros regresa del frente y entra en la enfermería. Consigue subir al hombre venido a menos en una silla de ruedas y escucha pacientemente los consejos del doctor: súbelo a su casa y acuéstalo. Pero hace calor. La casa del damnificado está lejos. Y en cuesta. Se impone una parada en el campo base. En pocas palabras: que vuelven al bar. El buen samaritano pide un café. La parroquia pregunta. Se discuten opciones. Finalmente deciden que tal vez sea una buena idea ofrecerle otro café, bien cargado y caliente, al camarada caído. Por si resucita. Y si tú hubieras estado allí habrías visto a un hombre con la camisa abierta, el cuerpo caído hacia la derecha, los dedos rozando el suelo y la cara una mueca. ¿Un café? Pues claro. Se lo acercan a la boca. El hombre responde al olor. Abre los labios, un poco, como cuando se da un beso sin demasiado convencimiento, y sorbe despacio. Con un hilillo de voz, antes de sumirse en la inconsciencia profunda del sueño que duermen los justos, arrastrando lentamente las palabras, este hombre, este héroe del pueblo, todavía tiene tiempo de musitar: hijos de puta… no… le habéis… echado anís.

Y para rematar la pared un párrafo de Fante, John, Pregúntale al polvo, palabras lustrosas de los años 30: Cierto día me hallaba sentado en la cama de la habitación de la pensión de Bunker Hill en que me hospedaba, en el centro mismo de Los Ángeles. Era una noche de importancia vital para mí, ya que tenía que tomar una decisión relativa a la pensión. O pagaba o me iba: es lo que decía la nota, la nota que la dueña me había deslizado por debajo de la puerta. Un problema relevante, merecedor de una atención enorme. Lo resolví apagando la luz y echándome a dormir.

Esto en principio no tiene nada que ver con la pereza. Pero sí.

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Una respuesta a Elogio de la pereza (II)

  1. He leido vuestro post con mucha atecion y me ha parecido ameno ademas de facil de leer. No dejeis de cuidar este blog es buena.
    Saludos

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