Idas y vueltas

Aznar portadaSalió Florentino Pérez, con sus cuatro folios de notas escritas a boli azul, para decir que Mourinho se marcha en junio, y un día después salió José María Aznar, con las puntas recortadas y sin bigote, a decir que el país está hecho una mierda y que, nobleza obliga y el ego va por delante, como hombre de Estado sabedor de sus responsabilidades no descarta volver al ruedo político a solucionarlo todo en un parpadeo. Y es que así son los grandes hombres. Las cosas claras y los huevos por delante. Es pena que no le insistieran a Aznar sobre los agujeros de su pasado, por los que todavía se nos escurre el presente. Aquellas botas sobre la mesa del rancho de Bush, la foto de las Azores con el flequillo al viento, la ley del suelo, la burbuja que nos reventó entre los dedos, el mangoneo en las cajas de ahorros que descorchó colocando a su amigo Blesa en Caja Madrid, el dedo que designó a Rajoy hombre in péctore y nos lo endiñó a todos por gracia interpuesta… Preguntas hubo. Era una entrevista, al fin y al cabo,  y los chicos de la prensa se portaron bien, al parecer, con educación y manga ancha, hasta la pregunta final: ¿Dónde dormirá usted esta noche?

Los de la sección de Deportes dieron más juego con Florentino que, como Aznar, también sabe salirse por los márgenes de sus folios escritos a mano, su discurso de hombre hecho a sí mismo y su corbata de empresario con mesa en los sitios chachis de la ciudad. Los dos tienen ese tono de niño así repelente que levanta siempre la mano en clase, los dos creen tener la respuesta, y los dos se sobrevaloran. Los que alcanzan la cima tienden a olvidar con el tiempo que la suerte influye, y acaban atribuyendo su posición al mérito y la sabiduría, en carácteres egocéntricos, o a la mano de Dios, en casos de misticismo. Y un paso detrás del olvido, cuando uno ya no sabe qué era, se encuentra el desprecio. Los hombres que miran desde arriba desconfían de los que se encuentran abajo. Por eso Florentino blindó con un aval de 75 millones de euros la presidencia del Real Madrid: supone que solo los millonarios pueden ser buenos presidentes. Por eso Aznar eligió sucesor y señaló al aspirante más gris de la terna: supuso que la masa social de su partido tomaría irremediablemente una mala decisión y se adelantó a ella.  

Florentino Pérez y José María Aznar comparten equipo de fútbol y amigos comunes. En algún momento incluso se llegó a especular con que el segundo pudiera aspirar al puesto que todavía ocupa el primero. Imagínatelo: Aznar presidiendo el Madrid, media melena al aire en el palco y esa sonrisa suya, desnuda ya sin bigote, en las fotos durante la presentación del fichaje estrella del verano. Si me dan a elegir, susto o muerte, prefiero a Chemari de vuelta en Moncloa. Después de todo, España no tiene ya arreglo. El Madrid, con suerte, a lo mejor sí. Este blog, de todas formas, hace mucho que renunció a tomarse en serio las cosas, y las cosas incluyen a Pérez y a Aznar.

Las cosas ya no incluyen a José Mourinho, que es a estas alturas un entrenador que espera el verano para largarse a Inglaterra. Los entrenadores del Madrid son como las novias: mientras duran tienen el extraño poder de hacerte desgraciado con una simple alineación, pero cuando se marchan no dejan exactamente un vacío, sino más bien unas ganas terribles de salir a beber. En el caso de Mourinho, beber y bailar y cantar.

En resumen: que Florentino sigue, Aznar no vuelve y Mourinho es historia. Y que ya casi es verano.

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