Declaraciones problemáticas

jorge_fernandez_diaz_ministro_interiorLo malo de algunas de las últimas declaraciones no es el contenido, es el continente. Que un señor mayor y opusino como Jorge Fernández Díaz asegure que los matrimonios homosexuales ponen en peligro la supervivencia de la especie no deja de ser una gilipollez sin fundamento. El problema es que el hombre compatibiliza el ejercicio de soltar paridas con el de dirigir el Ministerio de Interior.

Años de flojera y desgana nos han conducido hasta aquí. Yo, por la parte que me toca, me pregunto a veces por qué los medios de comunicación y los periodistas decidieron un día dejar de hacer su trabajo y renunciaron a poner en evidencia a los ineptos: a una persona incapacitada para ocupar un cargo público de responsabilidad se la desmonta con cuatro preguntas fuera del argumentario. Sudan, titubean y empiezan a decir tonterías. Y hay que asumirlo: tenemos a gente así ocupándose de nuestros asuntos. No es que sean imbéciles. Es que son mediocres. Puestos a prueba bajo el foco de la luz pública se revelan como lo que son: hombrecillos sin lustre. Pero nadie puede, o quiere, ponerlos bajo ese foco. En cambio se les permite convocar ruedas de prensa sin preguntas o contestar continuamente con evasivas. O directamente se les deja imponer las preguntas a cambio de unas declaraciones que nacen inservibles: el periodismo hoy en día consiste al parecer en rellenar el telediario y las páginas de Nacional con palabras vacías que no cuentan nada.

Una historia:

Este verano tuve que ir a un acto en el que intervenía la vicepresidenta del Gobierno. La cosa iba de las relaciones entre España e Iberoamericana y al final hubo un turno de preguntas. Una periodista latinoamericana, de un medio de allá, preguntó a Sáenz de Santamaría por la prima de riesgo y el eventual rescate al que España parecía abocada. La vice respondió que buenos días y se dedicó a pasear por los cerros de Úbeda. Cinco minutos de respuesta intrascendente después el moderador dio paso a la siguiente pregunta. En ese momento, la periodista que había formulado la pregunta, y que se limitaba a hacer su trabajo pero conocía muy poco la naturaleza de estos asuntos en España, se levantó y esbozó una tímida queja:

–          Pero es que yo no le he preguntado por eso
–          Siguiente pregunta
–          Si es que no me ha contestado…
–          Vamos con prisa, siguiente pregunta

Yo no insinúo que la vicepresidenta no estuviera en condiciones de responder a la cuestión que se le había planteado. Digo sencillamente que no le apetecía hacerlo. Y que en España los medios de comunicación han concedido a los políticos y demás el derecho a contestar cuándo y cómo les apetece. La repregunta no existe. En el colmo de la tontería incluso se llega a tachar de maleducados a los escasos periodistas que alguna vez recurren a ella.

Años de flojera y desgana nos han conducido hasta aquí. De repente escuchamos a la ministra de Trabajo o al ministro de Educación responder a la oposición desde la tribuna del Congreso y descubrimos que no tienen media hostia dialéctica. Ni falta que les hace. Lo único que se les exige cara a la opinión pública es repetir una y otra vez el mismo discurso y en última instancia salir corriendo por la puerta de atrás. No estamos pidiendo un Churchill de la oratoria, solo a alguien capaz de enlazar dos argumentos y tres oraciones subordinadas sin soltar por el medio chorradas sobre españolizar a los niños catalanes o rezarle a la Virgen del Rocío para frenar la subida del paro.

Fernández Díaz, de momento, no ha ofrecido explicaciones acerca de su exabrupto dominguero. Es probable que nunca vuelva a mencionar el tema y que ningún periodista le pregunte por ello dos veces seguidas.

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2 respuestas a Declaraciones problemáticas

  1. Bonita historia… ¿De qué me suena? La vicepresidenta tuvo unas visitas triunfales este verano. Al margen de lo que cuentas, algunos periodistas podrían hablar también de la “delicadeza” de su equipo de seguridad o de la imposición de una pregunta (solo una, dictada por su jefa de prensa) si querían que compareciese ante los medios de comunicación.

    Todo muy democrático y muy siglo XXI, ya sabes…

    • Tú mismo podrías hablar las preguntas impuestas de la vicepresidenta y su equipo de seguridad…
      Muy siglo XXI, sí. Sigo pensando, eso sí, que una gran parte de la culpa, por no decir toda,
      la tenemos los periodistas por callar y agachar la cabeza.

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