Teoría del vómito

barcenasSomos gente de mundo. Todos nos hemos emborrachado de mala manera alguna vez y hemos tenido que afrontar la penosa situación de echar la pota en cualquier sitio, con la cabeza entre las manos de alguien o abrazado a una farola o a través de la ventanilla a medio bajar de un taxi. Y hay algo que conviene saber. Y recordar. Cuando te empiezan a venir las arcadas lo mejor es rendirse, dejar que salga todo y procurar, eso sí, que no te caiga mucho en las zapatillas. Aguantar las arcadas no funciona. Por tres motivos. Porque antes o después acabarás vomitando. Porque corres el riesgo de pasar un mal rato cuando los tropezones vuelvan hacia atrás esófago abajo – yo he visto a gente tosiendo con los ojos por la acera y vomitando al mismo tiempo – e incluso de asfixiarte y diñarla. Y tres: porque aunque parezca mentira te sentirás mucho mejor cuando lo eches todo por fin. Incluso podrás seguir bebiendo. O dormir sin hacer un Jimi Hendrix.

Ahora mismo, en la Moncloa, Mariano Rajoy está aguantándose las arcadas. No pasa nada por repetirlo: esta mañana el diario El País ha publicado varios extractos de los supuestos cuadernos manuscritos en los que los tesoreros del Partido Popular, Álvaro Lapuerta y Luis Bárcenas, consignaban minuciosa y presuntamente la contabilidad secreta del partido: sumas de dinero que se entregaban bajo cuerda a altos cargos del PP, entre ellos Rodrigo Rato, Javier Arenas, Francisco Álvarez Cascos, Jaime Mayor Oreja, Ángel Acebes, María Dolores de Cospedal y Mariano Rajoy. En resumen: un sobresueldo periódico para la crema de Génova. El dinero salía de aportaciones voluntarias llevadas a cabo por grandes empresas, como Mercadona, FCC o Sacyr Vallehermoso, y particulares como Juan Miguel Villar Mir, Luis Rivero,  o los chicos Gürtel Francisco Correa y Pablo Crespo.

Una pota tremenda.

Las donaciones a los partidos políticos siempre son sospechosas. Especialmente si son millonarias y se realizan a partidos que están en el poder o aspiran a estarlo. El sistema, malpensando un poco, es el siguiente: una gran empresa constructora, es un poner, o el presidente de una gran empresa constructora, es un ejemplo, entrega un cheque de doscientos mil euros al partido tal, siempre a media luz y a puerta cerrada. Un partido político es, al fin y al cabo, una máquina de tragar dinero: hay que pagar nóminas, alquilar sedes, comprar material de oficina y sacar adelante campañas de marketing muy costosas cada vez que hay elecciones. Cuando el partido alcanza el poder, en el gobierno central o en una Comunidad Autónoma, malo será que a la gran empresa constructora donante no le caiga alguna concesión o dos sufragada con dinero público. Levualá.

Todo esto en principio es perfectamente legal. Asqueroso pero legal. Al fin y al cabo, la ley española sobre financiación de partidos políticos es más opaca e incomprensible que la teoría de las supercuerdas. En cuanto a los sobresueldos, si en su día los beneficiarios declararon a Hacienda el dinero recibido, estamos ante un comportamiento muy poco ético, pero también legal. Si se olvidaron de declararlo, no incurrieron en un delito, porque las cantidades recibidas no superan los 120.000 euros al año (límite establecido por la Ley) pero sí en una infracción. En cualquier caso: puñalada trapera al país.

En resumen: el presidente del Gobierno de España y la cúpula de su partido son sospechosos, solo sospechosos, de haber defraudado a la Hacienda Pública unos cuantos de cientos de miles de euros a lo largo de veinte años. Ahora sal tú al Consejo de Ministros con carita de pena a pedir sacrificios a la ciudadanía.

Rajoy, según su libro de estilo, no ha abierto la boca. Y aunque se han anunciado querellas contra El País y Dolores de Cospedal ha proclamado en rueda de prensa que todo es un complot para dañar al Gobierno y al Partido Popular ahora que, y cito palabras textuales, España está empezando a remontar, el asunto huele, y huele muy mal.

La teoría del vómito dice que no es aconsejable aguantar las arcadas. La actitud de pasmo del presidente del Gobierno, que a estas horas aún no ha salido a dar explicaciones – ni tiene intención de darlas, al parecer – no va a funcionar esta vez. Demasiado turbio, demasiado gordo.

Si todo lo que ha publicado hoy El País se confirma, la situación se volverá insostenible. El Partido Popular tendrá que limpiarse a fondo. Y quien dice limpiar dice implosionar. Serán necesarias investigaciones, dimisiones, todo eso. Diréis: esto es España. Puede ser, pero este país lleva demasiado tiempo siendo España. Es imposible seguir así. O el vómito o la asfixia. O se explica todo y se depuran responsabilidades o en este país ya nadie podrá volver a creer jamás en las instituciones. Ni en la política, ni en los políticos ( y sí, los justos pagarán por los pecadores, porque un pecado tan gordo se lleva por delante también a los buenos) Y nos ahogarán las toses y nos entrarán convulsiones de tantas arcadas.

Cuando vas muy borracho siempre es mejor vomitar. Así puedes beber otra vez. O dormir. Y empezar de nuevo a la mañana siguiente.

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