Probabilidad de lluvia: 85 por ciento

aceitunasAsí que te levantas y está lloviendo. Pero es una lluvia de esa que dice la gente que no toca el suelo. Y cuando llegas, las olivas secas como el ojo de un tuerto, pongamos que son las diez, te acuerdas de una canción, por ejemplo esta. Y te juras que es verdad que la cosecha este año es mala, que tienen razón las conversaciones, y que donde hubo diez mil ahora hay quinientos. Y donde se tardaba una semana ahora se tardan dos días y medio. Y la lluvia sigue cayendo sin mojar apenas, desganada también ella. Ayer la predicción: agua. Probabilidad: 85 por ciento. Y bien: acertaron. Pero hubiera sido mejor una tormenta de las de toda la vida, no esto que ensucia pero no quita el trabajo. No esto de aún así tienes que ir: una buena tormenta y descansar un día, pasar el sábado sin más, como se pasan los sábados en la ciudad, mirando la tele, lo bastante cerca de algo que suelte calor, una lumbre, un brasero, para no tener frío. Hubiera sido mejor el cielo entero cayendo. Van pasando despacio las horas. El sol por detrás de las nubes asoma de cuando en cuando y se vuelve a esconder, como nervioso. Y ni siquiera merece la pena estirazar las mantas. Gente de AEMET: estáis jugando con los sentimientos de las personas. 85 por ciento de probabilidad. Lluvia casi segura. Sin prisas por la noche para dormir. Y te levantas y está lloviendo. Pero es una lluvia de esa que dice la gente que no toca el suelo. No hay charcos. No hay gotas como lágrimas en el cristal de la ventana. No hay líneas de agua traslúcida en el contraste del verde amarillento de los árboles que aún tienen hojas. Y cuando llegas, pongamos que son las diez, te acuerdas, por ejemplo, del monólogo sobre el honor de Falstaff durante la batalla de Shrewsbury en Enrique IV. Y a lo mejor si no miras el reloj el tiempo pasa más deprisa. Y las conversaciones: no se saca ni para pagar los jornales. Mi provincia: 30 por ciento de paro. Uno de cada dos chavales a verlas venir. Endemismos. Lluvia. Torciendo la semana, la Navidad. Y las aceitunas caen al suelo con ese ruido suyo como de pájaros que picotean. Y la madera cruje, las ramas bailan. Y la tierra no dice nada. Leído en el periódico: el alcalde de Jaén anuncia una gran J en la rotonda de la Carretera de Córdoba que estará dedicada al olivar. No tenemos dinero, amor, pero tenemos lluvia. Ése era el título, o el primer verso, de un poema de Charles Bukowski. No tenemos trabajo, amor, pero tenemos rotondas. Y en el molino no hay cola. Y esta es la época. Un día menos para la primavera. Un día menos para el verano. Y luego en la casa un café. Porque mañana es domingo.  Probabilidad de lluvia: 35 por ciento.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Desastres, Jaén y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s