El país es nuestro

abrahamCuando Lot se hubo separado de él, el Señor dijo a Abrán: Desde el lugar donde te encuentras echa una mirada y contempla el norte,el mediodía, el levante y el poniente. Todo el país que contemplas te lo daré a ti y a tu descendencia para siempre.
(Génesis, 13; 14-15)

Entiéndeme: son tiempos difíciles. Ahora es más necesario que nunca dejar las cosas bien claras. El país es nuestro, no es tuyo. El país es nuestro porque nosotros ganamos la guerra y tú no. Es nuestro derecho escribir la historia, repartir la tierra, decidir el futuro y dictar las leyes.

Entiéndeme: los buenos sentimientos no levantan imperios.

Este es un país serio. ¿De qué sirve la policía si no puede torturar a la gente? ¿Para qué quieres el libre mercado si después te dedicas a meter en la cárcel al primero que roba un poquito? ¿Qué sería entonces del pilar que mantiene todo el edificio en pie, la seguridad de que pase lo que pase la casta seguirá siendo la casta y nuestros actos no serán castigados? El bien común requiere que se sellen las rendijas por las que entra el aire que alienta la brasa de la rebelión. Lo contrario es la anarquía. En resumen: ¿quieres que el metro llegue a su hora o no?

Este es el país. No te encariñes con él porque no es tuyo. No nos hables de justicia. ¿Qué sabes tú de justicia? La justicia funciona a la perfección. Mantiene el orden y evita desajustes. La ley es la proporción, el número aúreo de la sociedad. ¿Dónde está el fallo? La ley no se hizo para los pobres, se hizo contra los pobres. Y hay una llave que abre todas las puertas, pero tú no la tienes.

Este es el país. Míralo bien. Pero cuidado con lo que tocas, porque no es tuyo. Tiene dueño y no eres tú. El que lo compró lo tiene. Tenemos derechos antiguos sobre la tierra. La ganamos y podemos, si es nuestra voluntad, indultar a un policía, o a cuatro, por pegarle una paliza a un pobre. Tenemos cámaras que graban en blanco y negro, y dejamos que esas imágenes aticen indignaciones y miedos, pero hay crímenes que son necesarios. El país es nuestro y nosotros sabemos lo que le conviene al país. Como los reyes de antaño, tenemos derecho de gracia. Nosotros sabemos. Y aquí pasamos las tardes y para cuando hace bueno tenemos jacuzzi.

El país es nuestro. El que lo compró lo tiene.

[Y los pobres le rezan a Dios, lamentando sus pequeñas desgracias, pidiendo para el otro mundo. Que haya más calor y menos pena. Se preguntan por qué no tuvieron también su bendición, su poquito de tierra, ellos, si en el Génesis Dios se juntaba con pastores de cabras y esclavos y Jesús cuando caminó hacia la cruz solo poseía un par de sandalias. Se me preguntan, los pobres, por qué nadie les hace ya caso y si será que la pobreza es pecado, tanta indignación que ya no les cabe en el cuerpo, y los labios secos de tanto rogar.]

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