Desahuciados

Acertar es difícil. Se pueden contar los aciertos con los dedos de una mano. Dos mil años de civilización occidental, siglo arriba siglo abajo, un poco más si empiezas a contar desde Grecia, la democracia, el teatro, Atenas y Esparta, Alejandro Magno y todo lo que vino después, incluyendo las dos Guerras, ¿qué tenemos? Las tumbas de los grandes hombres acumulan polvo. ¿Qué nos queda?

Un hombre en Granada no podía hacer frente a los pagos de una hipoteca. La noche antes de ser desahuciado por el banco decidió suicidarse. La historia consiguió hacerse hueco en los informativos y las redes sociales por una cuestión estrictamente temporal: la muerte de la noche se podía atribuir sin complicaciones al desahucio de la mañana. Corta, rasa y al pie. Un hombre en Valencia no podía hacer frente a los pagos de una hipoteca. Minutos antes de ser desahuciado salió al balcón. Y se arrojó al vacío. Un día antes un hombre en Granada…

Después vienen los medios de comunicación y atizan la lumbre por donde pueden. Unos abogan por una ley que obligue a los bancos a la dación en pago. Otros instan a las entidades financieras a cumplir estrictamente los códigos de buena conducta, dejando al margen cualquier tipo de regulación normativa. El debate durará unos cuantos días. Y luego se irá diluyendo. Durante un par de semanas las redacciones estarán atentas a cualquier tipo de incidente macabro relacionado con el tema. Hay una guerra y cualquier acontecimiento es susceptible de convertirse en un arma con la que atizar al contrario y subir un poquito la audiencia. La tentación de politizar la muerte siempre está ahí. Aunque pueda parecer injusto e hipócrita. Cada historia tiene detrás una pequeña tragedia. En España se ejecutan 500 desahucios al día. Mucha gente ha muerto a oscuras. Muchos morirán a oscuras. Pero la época y la actualidad avanzan deprisa: sigue adelante, no mires atrás. Simplifica. Di que ya vendrán tiempos mejores. Créetelo. Si hace falta, cierra los ojos.

Los muertos se van. Se llevan todo y nos dejan las preguntas. No son fáciles de responder. Tenemos un país. Tenemos una estructura social. Hay algo que está mal. Hay algo que está podrido. Su olor lo inunda todo. Puedes abrir las ventanas, pero ¿qué pasará cuando empiece a hacer frío? No puedes ignorar la miseria eternamente, porque tarde o temprano la miseria terminará por darte alcance. No puedes mantener en silencio las injusticias, porque tarde o temprano alguien empezará a gritar. No puedes repartir beneficios todos los años, no puedes ganar siempre, no puedes caminar sobre el filo de la navaja hasta el fin de tus días. Cuando apagues la luz y te quedes a solas con los fantasmas, recorre el camino a la inversa y pregúntate: ¿por qué hemos llegado hasta aquí?

[Posdata. El hombre de Valencia saltó desde un segundo piso y fue trasladado al hospital, donde se encuentra grave pero fuera de peligro. La entidad financiera ha decidido otorgarle un mes de gracia antes de ejecutar definitivamente el desahucio. Puede parecer hipócrita. Lo es. También es humano: a nadie le gusta ver que sus decisiones pueden conducir a la muerte a un hombre con un nombre y dos apellidos que tiene una vida de verdad fuera de los impresos y las estadísticas. Especialmente si las decisiones se ajustan minuciosamente a la Ley pero uno no logra encontrar por ningún sitio la rendija por donde se cuela la culpa que no te deja dormir.]

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