Aceitunas

Se van acortando los días y tú sabes que perteneces a esto. El aire huele a frío y tú sabes que perteneces a esto. No importa cuántas veces escapes, o cuántas veces creas escapar: cuando enciendes un cigarro y a través de la llama del mechero miras de reojo tus manos manchadas de barro sabes que perteneces a esto.

El invierno está hecho de viento y de cielos azules. De días iguales que empiezan con sueño y terminan con conversaciones. Y a las cinco y media habrá cola en el molino y los hombres hablarán de que en el verano apenas llovió y de a cómo están los jornales, de remolques y de gasolina, de a cuánto vendieron el aceite y de que llegará el día en que no saldrá a cuenta coger las olivas porque mira tú lo que gastas y lo que ganas, y alguien dirá que solo tenemos esto, y alguien responderá que al menos tenemos esto, y otro preguntará, y otro resoplará, y todos se mirarán las manos y sabrán qué tienen qué hacer y cómo lo tienen que hacer y cuándo lo tienen que hacer, porque pertenecen a esto.

Cuando te bajes del coche y pises la escarcha alguien te guiñará un ojo y dirá: ya sabes cómo se quita el frío. Y la primera oliva estará esperando al fondo. Y después la segunda. Y todas las demás. De niño me preguntaba si les dolería, si las ramas podían sentir los golpes de las varas y escuchar las conversaciones de la gente a su alrededor. Me gustaba aplastar las aceitunas y hacer dibujos con su sangre violeta sobre las piedras. Y también el alboroto por las mañanas, tantos y tantos coches a la misma hora: la sensación de que todo el pueblo era un solo organismo vivo que se desperezaba despacio para  ir al trabajo.

Y al volver a casa el olor agrio de la tierra te sigue detrás. Echas cuentas, le tachas otro día al almanaque, ¿lloverá mañana? No hay nadie por la calle de noche. La luna lo sabe y no dice nada. El mundo entero descansa. A este cansancio, aquí, en invierno, lo llamamos la vida.

Faltan dos meses aún. Mañana será mañana y después vendrá noviembre doblando la esquina, con sus flores para los muertos, que duermen también, mirando hacia el monte, recordando, contando historias que algún día escucharemos nosotros, y cuando se esté yendo noviembre ya no quedará nada, semanas, días, para que todo comience de nuevo, y las gentes suspirarán, tú mismo suspirarás, esto es lo que hicimos toda la vida y esto es lo que sabemos hacer, porque pertenecemos a esto, y esto nos pertenece.

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