El tiempo oscuro de Cayo Marcio Coriolano

Fotograma de Coriolanus (2011) dirigida y protagonizada por Ralph Phiennes

Que cruja todo sobre mi cabeza, que me ofrezcan la muerte sobre el potro, arrastrado por caballos salvajes, o que apilen diez cerros sobre la roca Tarpeya para que el precipicio se ahonde más allá del alcance de la vista; con todo seguiré siendo lo mismo con ellos.
(William Shakespeare; Coriolano)

TS Eliot aseguraba que Coriolano era la mejor obra de Shakespeare. Esto a TS se lo perdonamos porque TS era un genio, o creía que era un genio, y los genios, ya se sabe, no pueden ir por ahí diciendo que su obra favorita de Shak es Macbeth, o Hamlet, o Julio César o R&J, porque ésas le gustan a todo el mundo y los genios no pueden compartir gustos con la niñera o el fontanero que les arregla las cañerías cuando las atoran de tanto talento. A TS, que competía con Shak, o creía competir, por el dominio de la gloria de la lengua anglosajona, le venía bien destacar una obra arrinconada a la sombra de las grandes creaciones de mi buen William: nadie en su sano juicio puede considerar siquiera la posibilidad de que Coriolano sea la mejor obra de un hombre que escribió El rey Lear.

Coriolano, escrita alrededor de 1607, es una obra difícil de clasificar. Los críticos suelen incluirla entre las tragedias aunque tiene algo de sátira, política a espuertas, un rato de mala leche y muy pocos muertos. La cosa va de Cayo Marcio, legendario general romano del la época republicana preimperial, hombre orgulloso y valiente, poseedor de la arrogancia que dan la victoria y el filo de una espada teñida de sangre, azote de la plebe, con un concepto del honor peculiar, que se enfrenta a los volscos, pueblo rebelde, conquista su capital, Coriolis, adopta el sobrenombre con el que cruzará la puerta de la posteridad y regresa a Roma triunfante solo para que los tribunos subleven al pueblo negándole la condición de cónsul y mandándolo al destierro, de vuelta a Coriolis, donde se aliará con sus viejos enemigos para marchar contra una Roma confiada e indenfesa. Cayo Marcio, ya convertido en Coriolano, solo detiene su ataque ante las súplicas de su madre y su esposa y regresa a Coriolis con la capitulación de su patria en la mano sabiendo que va a ser condenado a muerte por haber mostrado clemencia.

Lo más interesante de Coriolano es el ambiente de desencanto y derrota que impregna toda la obra. Shakespeare dibuja a un protagonista inflexible, valeroso en la guerra pero ciego ante el sufrimiento de sus semejantes, a un pueblo ignorante que es manejado por unos tribunos manipuladores e ineptos que actúan bajo la mirada de una nobleza clasista que desprecia a la ciudadanía y unos militares absolutistas que piensan únicamente en la guerra como instrumento para conservar su poder y sus privilegios. La Roma de Coriolano es una Roma que asiste impotente al desplome de sus muros y sus certezas, sin que nadie sea capaz de actuar más allá de su interés personal y de su egoísmo. En resumen: no future.

Hablamos de la única obra de Shakey que ha sido prohibida en una democracia: Francia, años 30, por la interpretación perversa que los fascistas daban al protagonista y a sus diatribas contra el pueblo. Se podría pensar que el buen William le arrea al populacho ignorante que solo mira por sus onzas de trigo y se escabulle de la guerra y que la obra ensalza la mano dura de los generales que gobiernan por pero sin porque saben que a la plebe lo que le va es la marcha y el látigo. También se puede pensar todo lo contrario: que Coriolano es una diatriba contra el poder absoluto que glorifica los valores democráticos y destroza a quienes pretenden ejercer el poder de manera totalitaria. Lecturas reduccionistas: uno no se convierte en el mejor escritor de la historia de la humanidad porque sí. En Shakespeare todo tiene otra vuelta. Siempre hay un más difícil todavía. Coriolano es una nube negra social. Todo está podrido. Shak tiene para todos. Tiempos duros y complejos requieren hombres y mujeres capaces de actuar con serenidad, inteligencia, objetivos definidos y coherentes, gente capaz de ver más allá de allí donde terminan sus manos para captar el espíritu de la época y actuar en consecuencia. No future.

Ese ambiente oscuro de Coriolano se parece un poco a los tiempos que respiramos. Puede que por el zeitgeist generalizado de decadencia, el endeble equilibrio social, la cuerda que todo el mundo se empeña en tensar, el tufo totalitario que se empieza a colar por la ventana entreabierta… esa sensación de que todo va a salir mal… y que cuando al fin comprendamos lo que sucede los volscos estarán a las puertas de la ciudad con espadas y fuego y ya será tarde. Roma suplicó clemencia. ¿Qué haremos nosotros?

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