Grandes losers de la historia de España: Gustavo Adolfo Bécquer

Yo no digo que Bécquer fuera un genio, pero fue el poeta más honrado que ha existido jamás. A veces le perdía cierta predilección por el ripio fácil y no tenía  muy claro de qué color son las pupilas (¿azules, Gustavo Adolfo, por Dios?) pero cuando lees sus poemas sobre la muerte te das cuenta de que el hombre se pasó muchas noches en vela pensando si en el olvido hace frío. Bécquer era un romántico, amigos. Pero no un romántico de esos de ahora voy y me escribo tu nombre con lápiz de labios en el brazo y me hago una foto diciendo que es sangre y te la mando por wassap. No. Un romántico de verdad. De los de coger la tuberculosis por pasar toda la noche al relente debajo de una ventana, con la esperanza de que un amor arrogante y perdido le escupiera en la cara. De los de morirse a los treinta y cuatro años en la puta ruina. Mira si sería romántico que cuando la diñó hubo un eclipse de sol.

Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida tuvo claro desde el principio (Sevilla, 1836) que con esa retahíla de nombres burgueses no iba a comerse nada y decidió colocarse el segundo apellido de la madre para salir al mundo a triunfar. Triunfó poco. Trabajillos así asá, chavalas que no le hacían caso, artículos en prensa, toses y esputos de sangre. En plena crisis de mala vida se puso a escribir, despacito, con mucha influencia alemana, un romanticismo de piel para adentro, sin excesos, que murmura aunque a veces grite pero que sabe contenerse, en fin, y bajar la voz cuando la ocasión lo requiere, una escritura que huye de las exclamaciones porque sí y echa mano de los puntos suspensivos para sostener el verso en el aire, como quien no quiere la cosa, y dejarlo flotando como una canción.

La vida de Bécquer fue neblinosa y por eso en sus poemas sale el sol tan de cuando en cuando. Se casó sin muchas ganas con la hija del médico que le curaba las venéreas. La mujer se llamaba Casta y le puso los cuernos finamente desde el principio. Ni la ironía me lo respetaba, al pobre. Tuvo tres hijos que nunca supo del todo si fueron suyos y aguantó las peleas y los cuchicheos viajando y pasando los ratos con su hermano, que se llamaba Valeriano y era pintor y lo sacaba guapo en los cuadros y se murió tres meses antes que él, septiembre de 1870, porque también se le cruzó muy pronto la vida. Finalmente fueron los tres hijos turbios los que salvaron las Rimas y las Leyendas: cuando Bécquer la palmó casi por navidad sus colegas de bohemia le publicaron las obras completas para sacar algo con lo que dar de comer a los churumbeles.

La poesía de Bécquer, tecnicismos aparte, es de verdad. El Gustavo es un expresionista. No utiliza el lenguaje y la forma para crear la emoción: vomita los sentimientos. Y le suda la polla si a ti te parece cursi. Cuando Bécquer escribe no está fingiendo: el tío era así de (ponga aquí el adjetivo) Su gran tragedia fue quedar relegado a las carpetas de las quinceañeras cuando las quinceañeras escribían estrofas de cuatro versos en la carpetas; eso y que cuando nos volvimos modernos todo dios se hizo el longui para renegar de su influencia, porque a Bécquer al fin y al cabo solo lo leen en la ESO y  siempre quedas mejor si en la entrevista citas a cuatro poetas guiris  que nadie conoce, echando de lado el humo del piti.

Tuvo poca suerte, Gustavo Adolfo, tocante a la posteridad. Con ese nombre tan poco postal, ¿quién te va a poner una avenida? Una calle  estrechita en un barrio de pobres, con suerte, que los pobres envían pocas cartas. Y sin embargo, todos esos poemas de las campanadas, la mano trémula que busca a tientas un cuerpo humano que la sostenga para no caerse en la muerte, la niña pasando susto tan sola en su tumba y la lápida fría cubierta de musgo donde habita el olvido, todos esos poemas son de verdad, ahí hay metido miedo y dolor. Y todos esos poemas de las enredaderas, las arpas, los salones, el hoy me va visto y me ha mirado y las golondrinas, todos esos poemas son de verdad, ahí hay un hombre.

Lo que hizo Bécquer fue coger con las manos un puñado de versos, algunos brillantes, otros quebradizos, unos cuantos malos, y levantar con ellos un monumento a la persistencia del ser humano que araña la pared para grabar unas cuantas palabras que atestigüen que estuvo vivo. Lo único que quería, en resumen, era querer a alguien que lo quisiera un poquito y no tener que morirse nunca.

Respeto.

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6 respuestas a Grandes losers de la historia de España: Gustavo Adolfo Bécquer

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  2. malanarina dijo:

    Sólo quiero decir que me encantan tus entradas. Y esto no es ningún comentario rollo lameculos para quedar bien. Es de verdad. De llegar a crearme una cuenta aquí para poder dar like a entradas como ésta, porque me repatea que algo así no tenga ninguna recompensa, ningún “Oye tío, escribes de puta madre”. En fin, ojalá hubiese profesores de literatura así. Y gracias, por supuesto, por escribir esto sobre mi querido, infravalorado, incomprendido Bécquer.

  3. Truth Seeker dijo:

    Becquer fue un genio, con letras mayusculas…
    que es menos reconocido que autores Franceses, Ingleses, Rusos, claro por su calidad de Español, que ya de por si para muchos ha sido y es un desprestigio.
    Hubiera sido este Frances, seria reconocido universalmente.

  4. Truth Seeker dijo:

    Becquer fue un genio, con letras mayusculas…
    que es menos reconocido que autores Franceses, Ingleses, Rusos, claro por su calidad de Español, que ya de por si para muchos ha sido y es un desprestigio.

    Hubiera sido este Frances, seria reconocido universalmente.

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