Y además el otoño

Estoy triste
(Cristiano Ronaldo)

¿Y quién no tiene pena cuando llega el otoño? Que el sol se marcha de golpe y los árboles se quedan tiesos de frío y sin pajaritos y las hojas caídas -¿habrá cosa más triste?- están por toda la calle y se te pegan a la suela del zapato a poquito que llueve. Y los charcos, y el cuello de la cazadora tapándote la garganta,  que casi te asfixia,  y el olor a descontento que sale por las ventanas, la ropa, en los escaparates, con esos colores tan sucios, como de tierra, chaquetas que quitan el frío pero hacen poner ojillos de susto al espejo. ¿Cómo no vamos a estar todos tristes, como los tigres que comen trigo, me cago en la leche?

Me diréis que igual voy y gano un pastizal y qué por eso no tengo derecho a quejarme. Puta panda de insustanciales. Ni que el dinero lo fuera todo. ¿Qué no habéis escuchado la copla del probe gitano que fue su querer? ¿Esa que dice lo del maldito parné? La gente va de guay y de jipi pero después solo piensa en los duros. Y más todavía: ¿de qué te sirve la guita, y ya puestos tener un trabajo de puta madre que encima se te da bien, si luego vas al currele y te pone todo el mundo carita de actimel revenío? ¿Qué es la vida entonces? Yo os diré lo que es: un valle de lágrimas y además el otoño.

Y la muerte. Porque a lo mejor vosotros leéis a Paulo Coelho, pero yo leo a Shakespeare y sé de qué hablo. La muerte. Un día estás aquí, joven y guapo, todo sonrisas y flashes y admiración y de repente vas y tuerces la esquina que no es y estás listo. Que si quiere más pasta, que si quiere más pasta… ¿De qué te vale la pasta donde San Pedro? ¿Qué te vas a comprar cuando le pongan la tapadera a la caja? Dinero, dinero. Dale con el dinero. No voy a decir lo que me parecéis porque no soy amigo de alentar tópicos localistas y además que a mí los catalanes nunca me han hecho nada. ¿A mí, que me leo el monólogo del Hamlet con la calavera tres veces todas las noches antes de irme a dormir me vais a hablar de la muerte? ¿A mí me vais a hablar de dinero?.

Decís de la dignidad. Os lo repito: me da igual el dinero. Estoy triste. Sé que vosotros también estáis tristes. Todo el mundo está triste. Tú también estás triste. Pero a mí me la pela tu pena. No es personal. Es el otoño.

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