El viaje de los viajes. Nudo

Tolstói era una melodía, Dostoievski un hombre que murmuraba una oración cogido en mitad de un incendio, Bukowski un misántropo enamorado, John Fante un boxeador que hacía espejo y Franz Kafka una neblina lejana. ¿Qué es Céline? Todo eso y un poco más. Céline es un libro. Es decir, palabas. Es decir, ruido. Es decir, una melodía y también un incendio y un romántico y un boxeador y una bruma en la tarde que se arrastra metiéndose en noche.

Hay algunos modernos por ahí que van diciendo para darselas de leídos que la obra magna del franchute chiflado no es el Viaje -que al fin y al cabo lo ha leído ya todo el mundo y tiene el malditismo justito- sino Muerte a crédito. Risas condescendientes. El Viaje al fin de la noche no solo es la gran obra de Céline: el Viaje al fin de la noche es Céline. Explicando.

Para escribir el Viaje Céline tuvo que vaciarse entero y después, claro está, se murió. Y aunque hay fotos de un viejito despeinado en un jardín que se llamaba Louis-Ferdinand Destouches y pasó las guerras y fue nazi y también médico y estuvo en una cárcel danesa y a ratos público algunos libros, ése ya no era Céline, porque Céline había muerto hacía muchos años y estaba enterrado en el Viaje al fin de la noche.

Ahí, entre sus páginas llenas de gritos y esquinas vomitó Destouches todo cuanto tenía; allí vació su sangre y sus tripas, sus resquemores, su odio, su vergüenza y su pequeño mundo de niño asustado y su amor y su amargura y su pena y su mijita de pan y sus balas y su hambre y su esperanza, su calor y su sueño y su angustia. Y después, ya digo, se murió.

Porque no se puede seguir viviendo. ¿Para qué? ¿Y cómo? Sobrevivió el médico de barrio chungo, doctor Destouches, exempleado de la Sociedad de Naciones, pintor de arrabales mugrientos con la cabeza petada a zumbidos.

Fue Destouches quien escribió Muerte a crédito y todo lo demás. Y aunque en esos libros hay destellos, porque al fin y al cabo la peor página de un genio vale la obra completa de cien mediocres, no fue Céline quien escribió todo aquello porque Céline había desaparecido en la noche de su propia sombra y ya no existía.

Y nunca sabremos que llegó a pensar de aquel sacrificio el viejito irascible del jardín de los últimos días mientras alimentaba a sus gatos, pero no importa. Le perdonamos al pobre doctor su secreto: al fin y al cabo eso de matarse para escapar de uno mismo a través de la belleza y el arte es una cosa que ya no hace nadie.

El viaje de los viajes. Planteamiento
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