El viaje de los viajes. Planteamiento

Por aquí hablamos mucho de literatura, pero decimos poco de la mejor novela que se esccribió jamás (hablamos en pasado porque los siglos por venir están mudos) Dos puntos. Cierto viaje de cierto Céline. Dos palabras: la polla. Tres palabras: la puta polla. Este malhablar empleando según que expresiones viene de la tierra y los localismos, ya se sabe, son y se mueren con uno. Y como le decía al propio Céline el yayo Destouches en el inolvidable prólogo del Guignol’s Band: ¡niño, sin prosopopeya!

Hablamos de morirse uno, o sea, del Viaje al fin de la noche. Porque el libro, y el viaje, van de eso: de uno que se muere todos los días un poco solo de abrir los ojos por la mañana. La noche, metáfora simple, es lo que es. Y lo demás, fatuidad, fuegos artificiales. El estilo, esmerado. La cháchara, torrencial. Alcochol y café y cigarrillos. En una palabra: la vida.

Céline habla del amor y la muerte, seguro como está de que en el fondo son la misma cosa. Se recrea en sus gorgeos y sus eructos sabiendo que tiene razón. El tiempo va desgastando página a página a una humanidad que avanza a través de la pena, doblando esquinas, envuelta en una música de palabras que no acabará hasta que suene el disparo y el silencio lo envuelva todo por fin.

Bardamu, mi muchahito protagonista, espejo del amigo Céline, el Ferdinand Bardamu, franchute pasándolas putas por los mundos del hombre, con su mijita de amor y su pena tremenda de ir diciéndole siempre a todo quisqui que adiós, su gusto por los chistes de pedos y su fatalismo casi estoico y su humor, tiene dos ojos y mira el mundo y lo disecciona, y no es agradable. Bardamu documenta cada gesto y cada maldad con rigor analítico, furioso, cada pestañeo, sin delicadezas. Crudo, como médico que es, desmenuza los asuntos de la vida escalpelo en mano y sin temblores.

Y poco más: la historia comienza una tarde de calor y termina al amanecer, en una tabernucha junto al Sena. Entre medias, la Primera Guerra Mundial, las colonias africanas, Nueva York, Detroit, los arrabales parisinos peores y las riberas del Mediodía. Nuestro Bardamu será soldado, negrero, esclavo, chuloputas, loquero, operario en la Ford, médico, clasificador de chinches y cualquier cosa que se le ponga por medio. Cualquier cosa con tal de seguir avanzando, descendiendo hacia la compleja noche que pregona el título.

Pero de momento ya vale.

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2 respuestas a El viaje de los viajes. Planteamiento

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