Historia sin moraleja

Dos hombres apoyados en la barra de un bar. Uno que fuma y otro que bebe.

El hombre que fuma dice: Fuimos jóvenes.

El hombre que bebe asiente.

El hombre que fuma dice: Cuando insinuaban que podía haber despidos cerrábamos las fábricas. Todas las fábricas. Cortábamos la carretera y no pasaba ni Dios.

El hombre que bebe dice: Suponiendo que Dios quisiera pasar por allí.

El hombre que fuma dice: Nunca nos dio miedo la policía. Quemábamos neumáticos y nos tragábamos el gas lacrimógeno sin rechistar.

El hombre que bebe dice: Escocía tanto que llegabas a desear que alguien te sacara los ojos. Pero si te frotabas con las manos era peor todavía.

El hombre que fuma dice: Ahora parece que todo el mundo se hubiera resignado sin más. Se conforman con poca cosa.

El hombre que bebe dice: Conformarse con poca cosa es hermoso. Ojalá yo pudiera conformarme con poca cosa.

El hombre que fuma dice: Sé que dices eso porque estás viejo y cansado. Pero te conozco: estabas allí conmigo cuando rodearon la plaza y taponaron todas las salidas para que nadie pudiera escapar.

El hombre que bebe dice: Siempre sostuve que aquello fue una pésima idea. Nunca se nos dio bien la estrategia.

El hombre que fuma dice: Pero estabas allí, a pesar de todo.

El hombre que bebe asiente.

El hombre que fuma dice: Tuvimos que elegir y elegimos luchar. Deberíamos sentirnos orgullosos. Yo me siento orgulloso. No me da miedo mirarme al espejo por la mañana. Cada arruga, cada cicatriz, cada recuerdo de aquellos días es un regalo para mi vanidad, y no me importa reconocerlo. Me digo a mi mismo: te has ganado dormir sin fantasmas, te has ganado una conciencia tranquila. No dudé. Nunca dudé.

El hombre que bebe dice: Yo lo hubiera cambiado todo por haber podido pasar la vida entera tumbado al sol con la chica de la que me enamoré cuando tenía doce años. Pago yo.

El hombre que fuma dice: Los tiempos han vuelto.

El hombre que bebe dice: Ya jugamos ese partido. Y lo perdimos.

El hombre que fuma mira al hombre que bebe.

El hombre que bebe asiente.

Salen a la calle. Caminan hasta el semáforo. Cruzan. Entran.

Nadie les presta atención.

El hombre que fumaba dice: Cuando empiece no habrá marcha atrás.

El hombre que bebía sonríe por primera vez en mucho tiempo: al escuchar el crujido todos se han vuelto para mirarlo.

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