Humphrey en Casablanca

Yo cuando era más joven quería ser Humphrey en Casablanca. Quería un traje oscuro y aprender a fumar de medio lado, caminar con estilo y dejar marchar a la chica en la última escena, tratar con desdén a los nazis, traficar con salvoconductos y alejarme despacio hasta adentrarme para siempre en la niebla sabiendo que mientras el avión despega ella suspira aferrada al brazo de un hombre a quien nunca amará.

Yo iba a los bares de noche y bebía chupitos de tequila con sal y limón porque era pobre y tenía que guardar para el tabaco y el metro. Y como veníamos bebidos de casa y rara vez nos entreteníamos a cenar, no era raro que al rato de los tequilas empezaran las arcadas. Y entonces salías corriendo a la calle con el rostro entre dos aires y los labios apretados como intentando contener un secreto terrible. Te sentabas en un escalón y encendías un cigarro y a veces funcionaba y a veces no. Así que te ponías de pie y te apoyabas de cualquier manera en la pared para detener el movimiento pendular del mundo y cuidabas de no salpicarte las zapatillas y alcanzabas el punto crítico cuando te topabas de bruces con la realidad y pensabas, triste de ti, que Humphrey Bogart no hacía esas cosas.

Humphrey en Casablanca, en el claroscuro de sus años cuarenta, era un hombre oculto detrás de volutas de humo, y nosotros éramos niños. Incluso cuando se sentaba a beber a media luz, borracho y enfermo de autocompasión, recordando los días felices de París, aquel Paris que estaba hecho de champán y paseos en coche con Ingrid Bergman y sonrisas y confidencias y días de sol y también la seguridad de la invasión y la huida fatalmente pospuesta, te preguntabas cómo hacía para mantener la majestuosidad, la etiqueta exigida a los elegantes a su pesar, la voz inflexible y la dureza aparente que deja entrever –de todos los garitos del mundo de todas las ciudades del mundo tiene que entrar precisamente en el mío– lumínicos rayos de suave ternura.

Yo quería ser Bogart en Casablanca porque intuía que mientras caminaba entre la niebla llevaba escondido adentro un secreto que solo se aprende a fuerza de daño y que todos tendremos que aprender algún día: que nuestra propia condición, frágil y heroica, nos aboca a un fracaso contínuo y que no hay que avergonzarse de ello. Que ningún beso es como el primero. Que el amor se muere pero el recuerdo prevalece mientras los amantes perduran. Que algún día tú también verás alejarse un avión que se lleva tu vida, porque en eso consiste vivir, y tendrás que adentrarte en la noche llevando contigo únicamente aquello que hayas podido guardar, para recordar quién fuiste cuando los demás se hayan ido.

Bogart seguirá eternamente jugando al ajedrez y fumando y nosotros volveremos una y otra vez a Casablanca, pasen setenta y cinco años o pasen cien, para ver las lágrimas de un hombre condenado a no llorar jamás, mientras Sam tararea que el tiempo se marcha. Y siempre, siempre tendremos Paris, y una réplica a punto para el capitán Renault y un revólver escondido en algún lugar del despacho y una botella para brindar por los buenos momentos. Aunque perdamos el amor y perdamos a la chica, porque si no subes a ese avión lo lamentarás, tal vez no hoy, ni mañana, pero algún día, durante el resto de tu vida, siempre, siempre tendremos Paris, y siempre nos despediremos en algún lugar perdido en mitad de la noche para encontrarnos de nuevo en un café cualquiera de un sitio con sol. Y nos volveremos a enamorar a pesar de todo, porque también en eso consiste vivir, aunque de vez en cuando el corazón nos pregunte dónde está ella, qué estrellas contempla, y si sonríe al acordarse.

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2 respuestas a Humphrey en Casablanca

  1. dosaunecompany dijo:

    Me quedo con esta frase:
    Bogart seguirá eternamente jugando al ajedrez y fumando y nosotros volveremos una y otra vez a Casablanca, pasen setenta y cinco años o pasen cien, para ver las lágrimas de un hombre condenado a no llorar jamás, mientras Sam tararea que el tiempo se marcha.
    Felicidades por el blog.

  2. Muchas gracias. También por pasarte por aquí y dejar tu opinión.
    Un saludo

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