Crimen, culpa y castigo (Tríptico)

I.

Después están los días que nunca parecen llegar. Te encuentras una y otra vez en el mismo sitio, con la esperanza cada vez más chica de tanto pegarle bocados (porque algo hay que comer) y los que saben diciendo que los tiempos son duros y que hay que seguir adelante con la paciencia por lanza, fórmate, estudia un máster, luego un doctorado, total, tienes tiempo, sin rendirse, a seguir, con la sonrisa en la boca por mucho que la lluvia te parezca otra cosa.

Dijeron: sube la cuesta y mira a tus pies, todo cuanto ves será tuyo. Hicieron promesas: jamás os dejaremos solos en mitad de la noche. Y al rato llegaron los sociólogos para explicarnos nuestra desgracia con estadísticas y frases vacías. Limpiaron el polvo de sus gráficas, echaron cuentas, limaron proyecciones macroeconómicas, se ajustaron las gafas. Señalaron un agujero que se abría en mitad de un papel devorando media pirámide poblacional: nosotros.

Encarar cada día como una batalla. Sacudirse las telarañas por la mañana. Remover el café sin ganas. Poner las noticias. Todo eso desgasta.

Perder constantemente.

Hijos de la esquizofrenia. Enfermos de tanto desconocer. Las consecuencias: el futuro es una sombra. Mañana, tal vez, se habrá desmoronado todo a tu alrededor. Así que no imagines, no hagas planes, no esperes nada. Dentro de dos meses, quién sabe, puede que tengas que buscar un trabajo en Pekín. De momento, por si acaso, apúntate en clases de chino. Porque la época es incierta y saber nadie sabe. Las consecuencias: tu vida entera deforestada.

II.

Respirar veinte veces por minuto. Y el corazón. No existe órgano más honrado que el corazón. Piénsalo: el cerebro es caprichoso y traicionero. El hígado un viejo gruñón. El bazo, ¿para qué sirve el bazo? El estómago, los riñones, el páncreas, todo eso está muy bien. Pero piensa en tu corazón: latiendo sin coger aire setenta veces por minuto, tic tac, impulsándote la vida y manteniéndote en pie, sin una mala extrasístole ni preguntas incómodas. Bien por tu corazón.

Pero nos desviamos del tema. ¿Alguien ha dicho que se lo llevaron todo y nos vendieron para aumentar beneficios? ¿Qué nos dejaron en manos de banqueros, mercachifles, comisionistas e iluminados? ¿Alguien por ahí detrás apunta que nos desampararon y se fueron corriendo a ponerse a cubierto?

Así, a merced de la tempestad y de las olas. Capitanes de puta pena, comandantes de echar a correr, oradores de humo. También a ellos se les acabará el corazón y serán viejos. Protegidos de la miseria exterior verán florecer la primavera y sabrán que las flores brotan tan solo para verlos caer desgastados.

Para veros caer derrotados.

Con práctica y pocos escrúpulos se puede extorsionar la conciencia pero el corazón no tiene dobleces. El corazón acumula rencores y daños y una mañana cualquiera se cambiará de camisa sin prisas y se acomodará para hablarte. No necesitarás espejos ni metáforas contrahechas: sabrás que el juicio comienza y que tendrás frente a ti a un fiscal inflexible. Mirarás al cielo y verás brillar el sol, quizás por primera vez. Y comprenderás que no brilla para ti. Que, en realidad, nunca ha brillado para ti. Y todo se volverá inhóspito y frío.

III.

Hay vidas que son páramos. Hay vidas que han sido arrasadas siguiendo directrices maestras. Hay toda una arquitectura de la destrucción que sostiene cada una de las decisiones y toda la incompetencia. Y hay la memoria, que no muere nunca.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Desastres y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s