Sobre la magia

John Fante es el hombre. Hay otros escritores. Algunos son más profundos, más originales, más enigmáticos, más modernos. Algunos, pocos, son mejores. Fante carece de la potencia estilística de Faulkner, no tiene la profundidad psicológica de Dostoievski ni la imaginación de Cervantes y adolece de la claridad narrativa de Tolstoi o la capacidad simbólica de Kafka. De acuerdo. Pero buscad dentro de Fante y encontraréis una magia extraña, mitad socarronería, mitad ternura, que no se encuentra en ningún otro escritor.

Fante tenía un alma, un corazón y dos manos. Y la necesidad mortal de escribir. Y escribió: murió en cada una de sus palabras para dejar constancia de que había vivido y poner por escrito su alma, su corazón y sus manos. Como un maestro herrero, Fante fundió todo lo que tenía dentro y mediante el dolor y el fuego templó a Arturo Bandini, el metal que utilizó como espada y espejo para desgarrar y reflejar la miseria y la grandeza de la condición humana. Por eso se codea con los dioses.

John Fante no inventó a Arturo Bandini, John Fante era Arturo Bandini. Y por supuesto no inventó a Camila López, el amor imposible de Bandini en Pregúntale al polvo. Conoció a Camila López, se enamoró de ella y se tatuó su nombre en el hombro y la perdió y no la olvidó jamás. Joyce, la mujer con la que se casó y vivió hasta el final de sus días tuvo que habituarse a ver cada noche en la piel de su marido el nombre de aquella chica mexicana que desapareció devorada por la locura y por el desierto.

El milagro está en la sencillez. La magia en el equilibrio. Fante no le teme a los sentimientos, así que agarra el bisturí y se disecciona a sí mismo para dejarnos mirar. Las palabras viajan desde el realismo atroz al exabrupo lírico, de la risa al llanto y de la violencia a la ternura infinita. Fante escribe sobre el amor y la muerte con ligereza, casi bailando, y nos enseña su corazón desconchado como quien ofrece una taza de café a las visitas.

Pregúntale al polvo es el libro. La historia de un muchacho de pueblo que llega a Los Angeles dispuesto a convertirse en el escritor más grande de todos los tiempos. Un chavalillo devorado por la ciudad que se aloja en una pensión barata y se enamora de una camarera mexicana con los zapatos rotos. Un perdedor con delirios de grandeza que anhela por encima de todas las cosas un cuerpo caliente contra el que abrazarse en la oscuridad.

Bandini se mueve entre la autocompasión y el coraje. Su amor por Camila es patético, infantil, sobrecogedor y arrebatadoramente real. El Arturo es un romántico empedernido, un muerto de hambre melancólico que se rebela y consigue ponerse de pie una y otra vez después de las hostias para salir a la calle a buscar el fogonazo de luz que redima su vida. Porque los amores y las vidas que huelen a naftalina son amores y vidas de hombres muertos sabemos que Bandini está vivo. Detrás de la arrogancia impostada hay un hombre valiente que tiene miedo y  confiesa sin reparos que a veces se pasa la noche entera llorando.

Pregúntale al polvo es un monumento levantado sobre las vidas de unos seres miserables que encuentran la grandeza a través de la magnitud de sus sentimientos. Casi al final del libro, Fante pone en pie un par de páginas que colocan a la novela en la categoría de las obras maestras y a sus protagonistas un cielo por encima de los arcángeles.

Camila acude a Bandini para pedirle que ayude a Sammy. Sammy es un camarero chulito del que Camila está enamorada, el tercer vertice del triángulo pasional entre perdedores. Sammy es el antibandini: guapo, seguro de sí mismo y superficial. Sammy escribe historias de cowboys terriblemente malas. Sammy agoniza por la tuberculosis y la mala vida, en una cabaña en mitad del desierto donde escribe febril y espera a la muerte. Camila le pide a Bandini que eche un ojo a los relatos de Sammy, que juzgue, critique, corrija y aconseje al pobre muchacho, que ya solo encuentra consuelo en la poca imaginación que le queda. Bandini odia a Sammy. Por primera vez se sabe superior al hombre a quien tanto desprecia. Su talento es un arma de la que su enemigo carece. Por eso escribe una carta hiriente, llena de orgullo despechado. La literatura es el campo de batalla en el que Bandini ejecuta una calculada venganza contra el hombre que le ha arrebatado el amor. Pero cuando está a punto de echar la carta al buzón, comprende:

De repente me sentí invadido por una intuición aterradora, relativa al significado y patético destino de los hombres. El desierto estaría siempre allí, animal blanco y paciente que aguardaba a que los hombres desaparecieran, a que las civilizaciones se tambaleasen y se sumergiesen en las tinieblas. En aquel punto, la raza humana se me antojó una raza valiente y me sentí orgulloso de pertenecer a ella. La maldad del mundo no era maldad, sino un elemento inevitable y benéfico que formaba parte de la lucha interminable por contener y domeñar el desierto.

Miré hacia el sur, hacia donde titilaban las estrellas mayores, hacia donde se extendía el desierto de Santa Ana; bajo aquellas estrellas mayores, en el interior de una cabaña, vivía un hombre semejante a mí y a quien sin duda engulliría el desierto antes que a mí; en la mano tenía una manifestación de sus afanes, una expresión de su lucha contra el silencio implacable hacia el que se le arrojaba. Asesino, camarero o escritor, importaba poco: su destino era el destino común a todos, su final mi final; y a mi alrededor, aquella noche, en aquella ciudad de ventanas apagadas, alentaban millones como él y como yo: tan indiferenciables como las hojas moribundas de los arbustos.

Fante fue Bandini. Y Sammy. Y todos nosotros. Vivir es una heroicidad. Fante es el hombre insignificante condenado eternamente a la derrota que jamás dejará de luchar y que siempre encontrará el valor necesario para hacerle frente al desierto. Ese valor es la magia que aletea en cada una de las páginas que John Fante escribió: la luz que ilumina la oscuridad que amenaza con tragarse a los hombres.

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2 respuestas a Sobre la magia

  1. Javi dijo:

    Lo terminé hace unas semanas. Me enamoré de toda la novela. Tiene un algo indescriptible y magnético que supongo que tiene mucho que ver con el patetismo y la identificación. El final es sensacional.

  2. Completamente de acuerdo: tiene algo magnético. Todas las novelas de Fante son buenas, pero Pregúntale al polvo tiene el equilibro justo: los dos personajes principales, los secundarios, incluso las subramas. Todo es perfecto. Y Bandini es memorable.
    Gracias por opinar. Un saludo

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