El Apocalipsis, muchachos

¿Saben aquel que dice que va el Gobierno un viernes y presenta los presupuestos generales del Estado, casualmente después de un par de elecciones autonómicas en las que llevaban las de perder, casualmente, aunque no venga al caso, casualmente, y dos lunes después van y mandan una nota de prensa a la agencia de noticias nacional, casualmente, cuyo nuevo presidente acaba de ser nombrado por dicho Gobierno, casualmente, después de varios años sirviendo a la causa, digo, casualmente, y en esta nota de prensa se anuncia un recorte de 10.000 millones de euros, de nada, en partidas destinadas a Sanidad y Educación, casualmente, y al día después, el dicho presidente del dicho Gobierno sale del Senado y de frente a los periodistas pega la vuelta y sale por el -¿lo diremos?- garaje, aunque no en helicóptero, no no no, en coche y por la puerta de atrás, el citado presidente, en un ambiente como de guerra, como de Robert Duvall y las valquirias en la playa del Napalm en Apocalypsis Now, un como si cada noticia que llega de por ahí sobre la prima de riesgo fuera una bomba sobre Guernica, un careto como de país que se hunde, una mirada opaca detrás del cristal de las gafas tan limpias, tan tranquilizador, nuestro presidente, como una traqueotomía, como ese momento en pleno vuelo comercial en que se abren los compartimentos y aparecen delante de cien ojos las mascaras de oxígeno mientras el personal de a bordo dice mantengan la calma, un azafato, digo, un presidente del Gobierno que aparece a la mañana siguiente azuzado por el Finacial Times para contestar dos preguntas, dos, dos, solo dos, pasillo arriba por el Congreso y dice que sí, que todo está controlado, que todo va bien, que saben-lo-que-hacen-saben-lo-que-dicen-y-que-saben-adonde-vamos , y si no ahí hay un ministro del Interior leyendo papeles en la tribuna y proponiendo que la resistencia pasiva pase a ser considerada delito de resistencia a la autoridad, o algo así, y que el vandalismo terrorismo, o algo así, y que quedar por el twitter para quemar cajeros pertenencia a banda criminal, o algo así, y si no ahí está esa presidenta autonómica que va a la Moncloa y propone destrozar las autonomías, esa presidenta autonómica que no quiere ser presidenta autonómica, que le da la mano al presidente de la nación, y se postula, sonríe y se postula, casualmente, para cabalgar sobre lo que quede y barrer las cenizas, sonriendo en la escalinata mientras con la otra mano sube las tarifas del transporte público y se vanagloria de que solo ella más abajo de Francia sabe cumplir con el objetivo de déficit, un país, el país este, saben aquel que dice, que se va hundiendo sin voces, sin gritos, un país viejo que se muere como se mueren los viejos, agonizando en la cama entre estertores, murmullos resignados, impotentes, que son ahogados por el ruido de la televisión en la habitación de al lado, porque ya se sabe que solo los jóvenes mueren épicos y retorciéndose, y este país es viejo, viejo como su Europa y viejo como la enfermedad que lo mata, saben aquel, ese que, saben, el del partido en la oposición sin abrir la boca, el de los bancos, la bolsa, la prensa, los jueces, los niños con escopetas, el cielo saltando por los aires y el desierto que no se termina nunca jamás de cruzar?

Pues yo tampoco lo cojo.

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2 respuestas a El Apocalipsis, muchachos

  1. drigutcar dijo:

    Hola, me gusta tu artículo y tu blog. Te incluyo como enlace en el mío. Saludos.

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