Números

Yo hace ya tiempo que soy un número. Hoy se ha dado a conocer la cifra de paro del mes y la cantidad total actualizada: 4.750.867. Uno de ésos soy yo. Tal vez el 4.758.574, que es capicúa. O el 99.371, que es un número primo. A lo mejor soy un número feo, como el 3.019.048, que es un número que uno no querría ni para jugar a la lotería. O un número chachi, como el 287.747, que está lleno de eses y de tés y tiene una sonoridad que te retumba en la boca al contarlo. Da igual. El caso es que me volví número hace ya tiempo.

Mi naturaleza ordinal no es agradable, pero tiene ventajas. Por ejemplo: todos se preocupan por mí. Los políticos hablan de mí a diario, y me prometen cosas. También me agarran a veces -con poca delicadeza, hay que decirlo- y se me arrojan los unos a los otros como si yo fuera una piedra y quisieran hacerse daño; sin pensar, por cierto, si me dolerán los golpes que se dan conmigo entre ellos.

También se esmeran conmigo los medios. No hay día que yo no salga en la tele, y no lo digo por presumir. Cada mañana y cada tarde y cada noche me suben a su mesa los tertulianos y me traen y me llevan para refutarse y aclararse quién tiene razón. A lo mejor no me veis la cara -aunque estoy ahí, cada día, delante de vosotros- porque solo soy un número y de mí no se ven más que puntos y cifras, pero podéis creerme si os digo que detrás de los doses, los nueves y los sietes, tengo dos ojos y boca y manos y pies, aunque no los veais.

Ser número en España no es agradable, insisto, pero sé que podría ser peor. Es mucho más duro ser número en Siria, o en Mali, o en tantos y tantos lugares, en los tiempos que corren. Porque allí los números cuentan muertos y aquí, de momento, solo cuentan parados.

Aún así me quejo, claro que me quejo. Por los manoseos, sobre todo, y por la indiferencia que bordea a ratos la crueldad. Uno se vuelve número de repente, sin darse cuenta. Y no es que haya cometido ningún crimen para que lo traten con esos eufemismos y esa frialdad; para que te destierren el nombre y el rostro y te empiecen a llamar con tu nombre de cifra.

Al fin y al cabo, le puede pasar a cualquiera.

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4 respuestas a Números

  1. Cuando trabajaba en la radio me empeñaba siempre en hacer algo tan poco radiofónico como dar el número exacto de parados. No se puede redondear cuando hay personas detrás de una cifra.

    Todos hablan del paro como el principal problema de nuestro país. Sin embargo, cuando tienen que tomar decisiones, lo que les preocupa a nuestros ilustres dirigentes, esos que nunca se quedarán en paro porque siempre tendrán un Consejo de Administración en el que sentarse, es el déficit. Ni más ni menos.

  2. Clara: Bien por tu primer comentario. Salvando las distancias, unas palabras, las de Galeano, muy apropiadas para la ocasión.

    Laro: Completamente de acuerdo. Es una posición, además, que te he oído defender muchas veces. No hay que olvidar que detrás de los números hay gente.

  3. nenasannnnn dijo:

    las matematicas son las mejores porque son fáciles de entender y comprender

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