Trabajar de lo tuyo

Fumo mucho. Empecé con dieciocho (hasta entonces yo había sido deportista) y recuerdo que la primera vez que entré en un estanco, en Madrid, para comprar una cajetilla ni siquiera sabía qué tabaco empezar a fumar. Dije Lucky porque me gustaba el rojo sobre blanco, el círculo, la tipografía en negro: todo muy elegante. Al principio me pasaba ratos embelesado mirando el humo al trasluz. Con el sol entrando por la ventana en el ángulo adecuado se volvía azul. Se estiraba y después se retorcía en figuras imposibles y finalmente desaparecía. Era relajante. Cuando trabajas, fumar es un desahogo. He tenido trabajos buenos, trabajos malos y trabajos peores, como todo el mundo. En la facultad, llegué a trabajar para el mismísimo diario El País. Se trataba de una campaña de fomento de la lectura. La cosa iba así: llegabas a las nueve de la mañana, recogías los paquetes de periódicos y te sentabas detrás de una mesa. La gente venía y cogía un periódico. A las doce te ibas. Era una beca, duró cinco semanas y me pagaron 525 euros. En teoría yo tenía que dar el periódico solo a las personas que se hubieran apuntado previamente a la promoción. Tenía que preguntar nombres, comprobarlos en una lista al efecto y solo en el caso de que aparecieran en dicha lista entregarles el diario. No hacía nada de eso, claro está. No hacía prácticamente nada. Para cubrirme las espaldas tachaba nombres al azar. Aprendí, entre otras cosas, que el crucigrama de El País es el mejor de la prensa española y también a desatar las cintas de plástico con que vienen atados los paquetes de periódicos en un abrir y cerrar de ojos y con una sola mano. No es por presumir, pero conozco quiosqueros que utilizan una navaja. Fue el mejor trabajo que tuve en mi vida. Soy vago por vocación.

A fuerza de ir a la facultad terminé licenciándome. Por algún sitio tengo un papel en el que está escrito que soy periodista. Si no fuera tan rematadamente perro (en serio, es grave) lo buscaría y lo miraría todos los días, solo para asegurarme de que lo sigo siendo. Se trata, al parecer, de una fobia corriente en nuestros días. Uno pasa tanto tiempo sin ejercer su profesión que termina olvidándose de qué coño es.

Si me da tiempo a terminar esto antes de las doce seguirá siendo 24 de enero, San Francisco de Sales, patrón de los periodistas. Este Paco, por cierto, fue un obispo francés que antes de ser obispo y santo se dedicó a redactar panfletos contra los calvinistas que deslizaba de noche en las casas de sus vecinos para que se pasaran al bando de Roma. Un propagandista. Ni para elegir patrón tenemos tino, parece ser.

Santos aparte, hablar de lo rematadamente mal que va el mundo/país/mercado laboral es tan recurrente que se ha convertido en un lugar común. El paro subiendo, los mercados pegando hostias, la deuda, las reuniones en Bruselas, el FMI, la prima de riesgo, blablabla. ¿El periodismo? Agárrate. Cuando yo estaba en primero de carrera ya se hablaba de la crisis del modelo y de la reconversión tecnológica pendiente, y ahí seguimos. Ahora se ha puesto de moda no pagar a los trabajadores o directamente pedirles dinero por publicar. Un paso más en la degradación de un oficio que no termina de tocar fondo.

Solo he ejercido mi profesión durante tres meses. No era tan descansado como lo de dejar que la gente viniera a coger el diario pero era un buen trabajo. Cuando uno hace algo que ha elegido voluntariamente y para lo que ha invertido tiempo en prepararse (y puedes fumar y beber café entre medias) el mundo tiende a adoptar la forma de un círculo que se completa. Cuando no, pues no. Cuando no, todo se llena de filos y aristas y te sientes incómodo, como si te picara en siete sitios a la vez.

Actualmente me dedico a la agricultura. Soy jornalero a tiempo parcial. Lo dejo en un par de días. Por ello, aunque soy contrario al trabajo en todas sus manifestaciones, me veo en la penosa obligación de conseguir uno. No soy excesivamente ambicioso, pero me hace ilusión cobrar. Por lo de comer, salir unos ratos y, sobre todo, comprar más tabaco. A veces la época te lo pone difícil. Me fumo uno a vuestra salud.

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3 respuestas a Trabajar de lo tuyo

  1. Críspulo dijo:

    Miguel Ángel, sigo tu blog a menudo y tengo que decírtelo: durante mis años en la facultad (muchos, créeme) he conocido a pocas personas con una pluma tan personal y literaria como la tuya. Dejas tu impronta en lo que escribes, y tienes esa perspicacia y acidez que distingue al buen periodista del mero juntaletras. Chapeau!
    No cejes en tu empeño; y muchas gracias por darnos un poco de aliento a los que, cada vez que llega San Francisco de Sales, sentimos una (pequeña) crisis vocacional.
    Un saludo de aspirante a periodista y actual camarero.

  2. Hace poco leí en una novela que al principio los colores corporativos de Lucky eran el verde, el rojo y el negro, pero que debido a la escasez de tinta verde durante la Segunda Guerra Mundial decidieron sustituirlo por ese blanco que encuentras tan elegante y que te incitó a comprar esa primera (y fatídica) cajetilla.
    Estoy deseando que lleguen tus vacaciones y que duren lo menos posible. Con este estilo actual autobiográfico espero que te lean y te contraten para trabajar de lo tuyo, aunque igual les da miedo que dediques el tiempo a fumar a hurtadillas, a beber cafés y enviar power points de perritos, jejeje.
    Un abrazo.

  3. Cris: Gracias a ti! A pesar de las crisis vocacionales y de las otras habrá que echarle valor y tirar para adelante, ¿no? La esperanza es lo último que se pierde (lo primero es el mechero) Suerte y un saludo!

    Isa: Algo había oído sobre el cambio de color de las cajetillas, creo que salieron ganando, cuanto menos un cliente. Y sí, necesito vacaciones

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