La ciudad y las profecías

Como diría Omar Little, todos estamos en el juego. Incluida Ana Botella, que de rebote y con Gallardón ministro de Justicia, se convertirá antes de fin de año mañana en la nueva alcaldesa de Madrid. Ocurre un fenómeno curioso con el Partido Popular: van dejando pistas y pistas por el camino cual Pulgarcito en el bosque, y, sin embargo, los conciudadanos se niegan a verlos venir. Dicen las malas lenguas, por ejemplo, que Rajoy congelará el sueldo de unos cuantos miles de funcionarios en el Consejo de Ministros del próximo viernes. Una ronda en Nochevieja a que, si finalmente ocurre, la gente se echa las manos a la cabeza, sorprendida y diciendo ¿Cóoomo?.

Recapitulando: que el PP iba a ganar las elecciones se sabía prácticamente desde mayo del año pasado. Y no se trata de clarividencia o de ser más listo que nadie, se trata de que todas las encuestas publicadas le daban una ventaja tremenda que se tradujo después en una mayoría absoluta implacable. Que Gallardón iba al Gobierno se intuía. ¿Si no, a qué el próximo presidente de la nación mete cómo número cuatro en la lista por Madrid a uno de los pesos pesados del partido y lo manda a debatir en plena campaña con el resto de fuerzas políticas en la tele pública? Con Gallardón fuera del ayuntamiento madrileño, ¿quién ocuparía el cargo? El siguiente en la lista. ¿Que era? Ana Botella. ¿Brujería? Lógica.

Más cosas: el programa político con el que el Partido Popular se presentó a las elecciones generales del 20N (ah, la fecha…) era un monumento a la brumosidad más ambigua. La indignación sacudió a las masas. ¡Poca vergüenza! Pero, ¿acaso se podía esperar otra cosa de alguien que en ocho años en la oposición no hizo una sola propuesta clara más allá de recurrir ante el Tribunal Constitucional la ley del matrimonio homosexual y el estatuto catalán?

Lo de Amaiur era de esperar. Esta gente ha estado pidiendo la ilegalización de la izquierda abertzale hasta hace un rato. Que aprovechen el mínimo resquicio legal para dejarlos sin grupo propio en el Congreso, aún a sabiendas de convertir el Grupo Mixto en un patatal de tiempos e intervenciones insostenible, es pura coherencia.

Como lo de dedicar el primer consejo de ministros a la nada y aplazar las decisiones urgentes para la próxima semana. Puro Rajoy. O las ruedas de prensa sin preguntas. Era de ver la cara de Soraya Sáenz de Santamaría en su primera comparecencia cuando un muchacho de la prensa le preguntó si el presidente aceptaría cuestiones en sus próximas apariciones y si, en caso negativo, podría avisarse con antelación para que los medios pudieran decidir si mandar o no al becario. El muletazo de la vicepresidenta aguantando la risa fue épico. La nueva secretaria de Estado de Comunicación, Carmen Martínez de Castro, pertenece, por cierto, a la profesión y ha ocupado desde 2006 el cargo de jefa de prensa de Mariano. ¿Echará una mano a los viejos colegas? Una ronda en año nuevo (resaca mediante) a que no.

¿Pronósticos? La patronal y los sindicatos no se pondrán de acuerdo en la negociación de la próxima reforma laboral. La CEOE sabe dónde está la sartén y quién tiene el mango y hacia dónde se arrimará el ascua llegado el momento, por lo que pondrá sobre la mesa unas propuestas inaceptables desde las sillas de enfrente. El Gobierno sacará adelante una ley que pondrá muy contentos a los empresarios mientras del otro lado se azuza la huelga general. Habrá muchas bocas abiertas, también, y muecas de ¿pero qué es esto?.

Volviendo a lo de Madrid, por aquello de cerrar el círculo.  Esa ciudad aguanta lo que le echen: señora de Aznar, candidaturas olímpicas, zanjas, atascos, nevadas y deudas mil millonarias. El mandato de doña Ana será, probablemente, tan poco elegante como su llegada al ayuntamiento. Madrid lo verá, apacible y eterna, como lo veremos nosotros, mortales efímeros, que sabemos que el espíritu de la ciudad permanece inmutable en el aire frío y los cielos azulísimos de primeros de mayo que nadie puede tocar.

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4 respuestas a La ciudad y las profecías

  1. Vivimos en un país predecible, fanfarrón e ignorante. La clase política, lógicamente, es la punta de lanza de este circo que sufrimos todos.

    ¡Cada día soy más pesimista! Y es que… ¿hay razones para no serlo?

  2. De verdad que me pone malo que la gente se sorprenda por estas cosas. Siempre recuerdo que hace años se publicó un libro de memorias de la reina Sofía y la gente lo flipó porque la tía decía ser de derechas. En serio, ¿estamos tontos? Con respecto al gobierno, veo una reforma laboral que sacará a la gente a la calle, veo privatizaciones, veo chanchullos en Justicia (Constitucional y CGPJ) y muchas otras cosas que no me hacen ninguna ilusión. Van a ser cuatro años muuuy largos…

  3. Lo digo más que nada por la mayoría absoluta. No creo que dentro de cuatro años la vuelvan a sacar, aunque ganen otra vez. Por otro lado, es casi imposible pasar del resultado actual a perder el Gobierno en una legislatura, pero, dada la situación, yo ya me espero cualquier cosa…

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