El fútbol y las horas

La Sexta hace una previa de siete horas del Real Madrid-Barcelona. De todo lo que rodea al fútbol, la cháchara prepartido es lo menos interesante. En el mejor de los casos, no sirve para nada. En el peor, enerva y enfurece. Y bueno, yo he llegado de las aceitunas a las seis; aún así, cuatro horas me sigue pareciendo excesivo. Mi sistema nervioso y yo preferimos algo de tranquilidad antes del big bang emocional del balón en el centro del campo y dos tíos dispuestos a sacar iniciando una cuenta de noventa minutos que puede volverse eterna. Prefiero repasar los clásicos de Extremoduro. En este momento Golfa (¿por qué no sale sola? Porque no le da la gana, dice que si no se droga, dice que no siente nada) Sin tonterías, siempre me han parecido el mejor grupo en español de cualquier género, época y lugar. Con Extremoduro todo se reduce a una afirmación: no han compuesto ni una sola canción mala. Ahora So Payaso (puede que me deje llevar, puede que levante la voz, puede que me arranque sin más a ver qué me dice después)

Sacando cuentas es el séptimo Madrid-Barcelona del año (liga, champions, final de copa y supercopa) Uno para el Madrid, dos para el Barça, tres empates y está noche dios dirá. Dios y las alineaciones, los planteamientos, los porteros, Xabi Alonso y Messi, Higuaín o Benzema, las entradas duras, el teatrillo, el dedo en el ojo ajeno, la rueda de prensa al final. Pensar en el partido deviene en tu propia previa mental, no se puede escapar del pronóstico, la esperanza, el diablillo que te susurra que todo saldrá mal.

Quedan dos horas y un suspirito. Ahora Puta (llego a tus rincones llenos de flores, por mis esquinas llenas de colores se ha desbocado la primavera, la noche entera) Se supone que el Madrid de este año está mejor que el del año pasado: no depende sólo del contraataque, presiona mejor, la competencia dentro de la plantilla ha empujado a algunos jugadores a hacer partidos soberbios, Mourinho está bajo control, el juego fluye y las goleadas son frecuentes, Sergio Ramos en el puesto de central se ha revelado como la pieza que le faltaba al puzle para adivinar el dibujo. Se supone que el Barcelona está un poquito peor: segundo en la tabla, con una plantilla corta castigada por las lesiones musculares, la defensa algo lenta, algún que otro jugador bajo de forma, rivales que le han terminado cogiendo el tono a una música que siempre suena bien pero que no conoce variación, partidos atascados fuera de casa. No necesito alas para volar, prefiero LSD, no necesito verte para saber que no te olvidaré (Necesito droga y amor, mientras tanto) Pero es un equipo soberbio, claro, ahí están los títulos y esa estadística que dice que Guardiola no ha perdido todavía en el Bernabéu como entrenador.

Puestos sobre la mesa, los nombres a los dos lados marean. Casi todos entre los mejores, balones de oro, campeones del mundo y de Europa, está noche en el campo. Dicen que lloverá, mucho, y que a lo mejor baja la niebla, a entorpecer el despliegue de decenas de cámaras (aéreas, lentas, superlentas) y quién sabe si el juego, y los chicos de la previa ya se aprestan a discutir a quién beneficia el agua y a quién los charcos. Chamulle, cháchara, jerga.

No me calientes que me hundo, Jesucristo García, Tu corazón. Extremoduro tiene esa cosa de esconder y jugar a decir por contraste. Un diamante en un escaparate puede resultar hermoso, pero en un basurero provoca una conmoción que se desplaza como sobre rieles a lo largo de la belleza, la ternura, el asombro y la repulsión. Como decir: Voy a empaparme en gasolina una vez más, voy a quemarme a ver si prendo, y recorrer de puta a puta la ciudad borrando todos tus recuerdos.

Como los pronósticos son para equivocarse, yo digo 3-1.

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Una respuesta a El fútbol y las horas

  1. Me quedo más tranquilo. He tenido la suerte de pasar toda la semana en Francia, donde estaban más preocupados por el fracaso del Lille en Champions que de las últimas novedades del Madrid-Barça de esta noche.

    Por tanto, llego virgen (en el buen sentido) al clásico. Me he podido ahorrar toda la cháchara y la morralla innecesaria que se puede ver, escuchar y leer en los días previos.

    Yo digo 2 a 1 y confirmo que Extremoduro es el mejor grupo en español de cualquier género, época y lugar, y es que siempre he sido un poco Jesucristo García, porque nací un buen día, mi madre no era virgen, no vino el rey, tampoco me importó.

    Ahora voy a salir, beber y el rollo de siempre. ¡Nos leemos!

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