Las palabras y la primavera

El lenguaje, ya se sabe, esconde entre sus recovecos una peligrosa arma política de doble filo. Las palabras guardan secretos, encienden luces y enmascaran realidades. Cuando hace unos días el ministro italiano de Interior, Roberto Maroni calificó los disturbios producidos en Roma a raíz de las protestas del 15-0 como “terrorismo callejero” sabía perfectamente a qué estaba jugando. Cuando, por contra, los ponentes de la Conferencia de Paz de San Sebastián evitan en su declaración conjunta el mismo término y lo sustituyen por el más aséptico “conflicto” también saben perfectamente qué están haciendo.

En el uso propagandísitco del idioma merece capítulo aparte la cosa militar. Aquí los capos son los EEUU, no hay más que echar un ojo a los nombres con que fueron bautizadas las distintas operaciones militares en el extranjero de los últimos años: Tormenta del desierto (primera guerra de Irak), Proveer Alivio y Restaurar la Esperanza (Somalia) Libertad duradera (Afganistán), Nuevo Amanecer (segunda guerra de Irak) y cosas así. Términos positivos y juego facilón.

La OTAN, también inspirada, denominó la intervención en Libia con objeto de derrocar a Gaddafi de un modo un tanto lisérgico: Amanecer de la Odisea. Ahora que Gaddafi ha muerto y ya nos la trae floja sigamos analizando la terminología. Las palabras intervención y guerra se parecen muy poco y sugieren cosas muy distintas. Tampoco es lo mismo morir que ser asesinado. El cambio a la voz pasiva implica un matiz.

Cuando las revueltas comenzaron en Túnez pronto hará un año y se extendieron después a Egipto, Siria, Yemen y la propia Libia, se acuñó un término para definir lo que estaba ocurriendo: “primavera árabe”. La primavera, todo el mundo lo sabe, es la época de los cerezos en flor que decía Neruda, el sol que vuelve por fin después del invierno, los pajarillos trinando, los arroyos cristalinos revigorizados tras el deshielo, las flores y, en fin, la naturaleza y la vida en pleno esplendor.

Las batallas se libran también con adjetivos y adverbios. ¿Primavera, pues? ¿No habremos abusado entre todos del término? Quizás hemos visto pocos muertos y poca sangre por televisión en Libia, en Yemen, en Siria. Soldados fumando, sí, y carros de combate, y manifestantes y calles vacías y casas destruidas. Y nos hemos dejado llevar por la poesía.

Este post nace muerto. ETA acaba de anunciar que deja de matar después de cuatro décadas matando. El comunicado es un compendio de retórica perversa. Lenguaje, lucha, propaganda. ¿Decíamos?

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