El héroe cansado

Pocos se presentaron jamás con tanto estilo: Soy un investigador privado con licencia y llevo algún tiempo en este trabajo. Tengo algo de lobo solitario, no estoy casado, ya no soy jovencito y carezco de dinero. He estado en la cárcel más de una vez y no me ocupo de casos de divorcio. Me gustan el whisky y las mujeres, el ajedrez y algunas cosas más. Los policías no me aprecian demasiado, pero hay un par con los que me llevo bien. Soy de California, nacido en Santa Rosa, padres muertos, ni hermanos ni hermanas y cuando acaben conmigo un día en un callejón oscuro, si es que sucede, como le puede ocurrir a cualquiera en mi oficio, y a otras muchas personas en cualquier oficio, o en ninguno, en los días que corren, nadie tendrá la sensación de que a su vida le falta de pronto el suelo.

Son palabras de Philip Marlowe en El largo adiós, la penúltima y más lograda historia del detective cansado y sarcástico creado por Raymond Chandler a finales de los años 30. Sombrero, traje oscuro, zapatos gastados, cigarro sin filtro, una frase irónica a punto en la boca, una botella en el cajón del escritorio y el cinismo como muro de contención de los sentimientos. Todo eso, que forma parte de la representación clásica del investigador privado en la cultura popular, nace con Marlowe y viene de él.

Literariamente hablando las novelas de Chandler se reducen a Marlowe, algún que otro  secundario grandioso, tramas paralelas que se entrecuzan, diálogos memorables y un instinto brillante para la metáfora que brilla en medio de una narración en primera persona por lo general áspera y socarrona. Chandler se distancia de la novela policial decimonónica -que parte de Sherlock Holmes y llega hasta Agatha Christie- en la que la narración se plantea como un juego-enigma en el que el lector se divierte intentando encontrar al asesino a través de las pistas que el escritor va dejando caer. Aquí importa menos la línea argumental y cobra fuerza el peso moral de la historia y los protagonistas.

El héroe lo es todo. Nuestro hombre camina por un sendero lleno de curvas que desemboca en la verdad. Marlowe quizá no mande al asesino a prisión pero siempre encontrará la verdad. Tal vez en un arrebato de romanticismo lo deje suicidarse en lugar de conducirlo a la cámara de gas. Tal vez lo deje marchar a México con una cara nueva. Recibirá palizas y disparos, repartirá puñetazos y se saltará a la torera la ley si es necesario pero jamás romperá las reglas autoimpuestas que sigue inflexible. Marlowe: cruce de caballero medieval y samurai con resaca en la Norteamérica de los años previos a la Gran Guerra.

El héroe lo es todo. Es el centro y el corazón de la novela. Otra réplica de El largo adiós: Soy un romático, Bernie. Oigo voces que lloran en mitad de la noche y salgo a ver qué es lo que sucede. No se gana nada haciendo eso. Si tienes sentido común cierras las ventanas y subes el volumen del televisor. O aprietas el acelerador y te alejas lo más que puedes.

El héroe lo es todo. Lo imagino siempre entre dos luces, en el crepúsculo de la ciudad, bajo un cielo ahuecado después de la lluvia. Duerme poco. Le gusta beber a solas con sus recuerdos. Su ironía esconde cierta autocompasión. A nadie le importa si me muero o me voy a El Paso, sonríe sabiendo que nadie lo escucha. Cuando se pone serio es capaz de escupir poesía. Si no fuese duro no estaría vivo, si no pudiera ser tierno no merecería estarlo. A veces su romanticismo le juega malas pasadas. Guarda cosas dentro de sí que nunca dejará ver a nadie. En el fondo le encanta su vida y a pesar de los años y las heridas sabe que sería incapaz de hacer otra cosa.

El héroe lo es todo. Habita en el resbaladizo espacio de la ficción: sabemos que no existen hombres así.  Pero volvemos a él en los tiempos oscuros. Su personal sentido de la justicia nos reconforta. Echará a perder su vida pero jamás ensuciará su conciencia. Esa es su arma.

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2 respuestas a El héroe cansado

  1. Salvador Marichi dijo:

    Es una maravilla de personaje!!, Raymond Chandler, donde quiera que estes, gracias por inventarlo.

    • Sí que es una maravilla, sí. Para mí, uno de los mejores personajes de la literatura moderna. En Adiós, muñeca y en El largo adiós está insuperable.
      Gracias por pasarte y dejar tu opinión.

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