Libia: El desenlace

El epílogo de la guerra civil de Libia se escribe entre los últimos coletazos del antiguo régimen, un dictador desaparecido y dos viejas potencias coloniales pisando suelo libio en busca de concesiones petrolíferas. Tras la constatación de que Gaddaffi ya no está para contraataques, Naciones Unidas se apresuró a reconocer al Consejo Nacional de Transición (CNT) como representante de Libia en la Asamblea General. Y Mustafa Abdul Jalil, presidente del CNT, soltó su primer discurso en la Plaza Verde de Trípoli. El hombre dijo lo que se suele decir en estos casos y prometió libertad y democracia y Estado de Derecho. También dijo algo de islamismo moderado y ciertos periódicos occidentales arquearon las cejas. La cosa de momento no ha pasado de ahí. A los aliados recién conquistados se les permiten ciertas licencias poéticas cuando hay negocio por medio.

Jalil, que fue ministro de justicia con Gadaffi, recibió el jueves a Nicolas Sarkozy y a David Cameron. Los dos países que encabezaron el ataque al coronel derrocado y propiciaron la invasión de la OTAN que permitió la victoria rebelde llegaron a Bengasi con caras sonrientes, se hicieron fotos con el nuevo baranda, visitaron hospitales y se dispusieron a cobrar la factura por los servicios prestados. El actual ministro de exteriores francés, Alain Juppé, un tipo con más mili encima que el tercio de Cartagena, no se andó por las ramas hace unos días cuando declaró que es ‘lógico y justo’ que los países que han contribuido a la caída del régimen tengan ‘privilegios’ a la hora de negociar la reconstrucción del país con el nuevo gobierno.

La historia es bien conocida y no es la primera vez que ponen esta película. País con recursos naturales. País con dictador tolerado. País donde vive gente hasta los mismísimos que nos la reflanflinfla. De pronto, la gente hasta los mismísimos amenaza con largar al baranda y cambiar la mecáninca interna del lugar. Las alianzas se tambalean. Negociación chunga a tres bandas. Secretos de Estado. Acuerdo. Renegociación de alianzas. Fuera Gaddafi. Dentro Jalil. Explotaciones petrolíferas. Concesiones. Y tonto el último. España e Italia perderán las posiciones de privilegio que mantenían Repsol y ENI. Francia se colocará como potencia dominante en el Magreb. Y tonto el último.

La vida sigue igual. Libia sigue siendo una colonia. Habrá que ver cómo reacciona el amigo Jalil, cuando se sepa intocable y protegido por los acuerdos firmados con los papás europeos.

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