Guerra y Paz en la era youtube

Guerra y Paz son casi 2000 páginas de rusos malmetiendo, rezando y matando con Napoleón de fondo y sus cosas de rusos del Imperio, sus problemas con los siervos, su masonería, sus óperas, su Moscú incendiado, su Austerlitz y su Borodinó y su Berezina, sus carruajes, sus isbas y sus apellidos raros con patronímicos de vaya usted a ver. ¿Qué se puede decir de Guerra y Paz? ¿Qué cuenta así como sin quererlo mejor que cualquier libro de Historia las campañas napoleónicas en Rusia? ¿Que tiene una trama redonda que pierde cierto fuelle al final? ¿Que nadie como Tolstoi ha jugado mejor con el punto de vista a la hora de retratar los grandes acontecimientos históricos? ¿Que las batallas de este libro, con sus adjetivos, su acción entrecortada, su poquito de reflexión intercalada y sus metáforas que te desarman dejan en pañales cualquier alarde visual cinematográfico?

Puestos a decir verdades ahí va otra: Guerra y Paz es una obra ilegible en nuestros días. Sólo se me ocurren dos motivos: por razones profesionales o por masoquismo. Coges el libro y lo primero que te encuentras es a una aristócrata rusa soltando una parrafada en francés al príncipe Vassili: Et bien, mon prince, comienza… A partir de ahí mucho baile, muchas conversaciones sutiles, alguna conspiración mezquina, trincheras, húsares, muerte, hipocresía, cañonazos, su poquito de amor y ese Dios tan pre-Pablo de Tarso en el que Tolstoi fundamenta todo amor y sentimiento puro.

Guerra y Paz alterna los grandes salones de Moscú y San Petesburgo con los campamentos militares, la cama en la que mueren entre pacíficos estertores los viejos condes y el campo de batalla en el que yacen los soldados descuartizados por la artillería y las bayonetas. En ella conviven el zar Alejandro y el general Kutuzov, Napoleón, Murat, y Davout, Bragation y Barclay de Tolly, todos ellos personajes históricos convertidos en carne de novela, todos engarzados al mecanismo impecable que Tolstoi construye: los grandes hombres no hacen la Historia, la voluntad del emperador no vale más que la del muerto de hambre que agarra el fusil y echa la rodilla en tierra para disparar entre la bruma de Austerlitz. Seiscientos mil tíos no cruzan el río para matar y hacerse matar por otros tantos por el solo capricho de unos pocos elegidos. Porque la Historia es un Saturno implacable que devora a sus hijos. Los muertos mueren por Pedro el Grande, por la frontera de dos siglos atrás, por el absolutimo de Luis XIV, por el deseo ciego de matar que se apodera en un momento de euforia y terror de hombres que una hora atrás reían y cantaban canciones.

Guerra y Paz es la historia de Pierre y Natasha, del trágico príncipe Andrei y de Nikolai Rostov y de Denissov y Dolojov y los otros quinientos y pico que en algún momento se detienen a tomar el té y a charlar y amar y morir por las páginas de la novela. Pero es más que nada la narración de la Guerra y de la voluntad de un pueblo por sobrevivir y mantener en el trono a su zar absolutista y sus nobles señoritingos. El pueblo ruso resiste con la voluntad terrible y estúpida de un perro que sabe que los lobos amenazan al amo que les alimenta de sobras y les curte el lomo de latigazos.

En plan literatura: Hablamos de una novela que no podría escribirse en nuestros días. Mucho menos publicarse. Hablamos de una cosa que se escribió para ser leída por hombres que tenían tiempo para leer. Una minoría ociosa que se sentaba junto a la chimenea mientras afuera llovia y los demás recogían la cosecha. Con un concepto del tiempo distinto. Nuestro límite de atención se ha atrofiado producto de la velocidad y el nuevo tempo narrativo. Yo empiezo a impacientarme cuando un video del youtube pasa de los cuatro minutos. Twitter es el límite de la concisión: 14o carácteres. Vivimos en la era del microrrelato, que es, ya se sabe, la degradación mayor de la literatura.

Hoy la narración admite cosas como el hipertexto, la mezcla de lenguajes, la autoficción, el collage y demás artefactos posmodernistas. Tolstoi nos mira sabiendo que nos suda tres pollas su libraco y su vena decimonónica. Conviene, sin embargo, no perder la perspectiva y echar de vez en cuando la vista atrás, hacia eso que se llama así como queriendo faltar ‘la tradición’. La literatura actual, tan engolada en la forma, suele andar de normal bastante falta de chicha. Y aunque la heterodoxia y el axioma freudiano de matar al padre han producido obras estupendas también han engendrado mucho autor buscavidas que se tira a lo fácil buscando epatar. Esa escena, cuando los generales rusos deciden el abandono de Moscú, vista a través de los ojos de una niña que cree estar soñando, es uno de los más altos logros del oficio de contar cosas. Y no sólo por su destreza, también por su intencionalidad.

Se me ocurre otro motivo para leer Guerra y Paz en el futuro. Echar un ojo a una de las cimas que la humanidad alcanzó en un arte que tuvo su mayor expresión en una época que ya terminó.

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2 respuestas a Guerra y Paz en la era youtube

  1. Oscar dijo:

    Me cuesta entrarle a los rusos, y se que me estoy perdiendo algo muy grande, prometo tomármelo en serio, tampoco puede ser un ejercicio de masoquismo mayor que hace dos veranos, que me dio por Jane Eyre y la Inglaterra victoriana.

  2. Ey, Óscar! Si has sobrevivido a Jane Eyre sobrevivirás a los rusos. Dostoievski, Tolstoi y Turgueniev son capos. Además, Guerra y Paz hace una reconstrucción histórica acojonante, sobre todo de Austerlitz, Borodino y de Moscú ardiendo. Echa un poco para atrás, pero en cuanto entras va rodado.
    Gracias por comentar!

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