Arde Londres

Londres se quema y la gilipollería entinta las plumas. Se analizan los disturbios en base a tensiones raciales. Se habla de juventud consentida. Se afirma que se trata de una mezcla airada de gamberrismo y desprecio antisistema. Se dicen, en fin, muchas tonterías, pero se obvia lo fundamental: el Gobierno británico ha colocado a buena parte de sus ciudadanos en una situación insostenible. La muerte de un joven negro a manos de la policía la semana pasada fue únicamente la chispa que prendió la mecha.

Hace ya tiempo que el Gobierno de David Cameron empezó a recortar el gasto social para hacer frente a un déficit público que ahoga a las islas. A la subida de las tasas universitarias que anunció nada más llegar al poder se han ido sumando más medidas en los últimos tiempos, como el recorte de las ayudas familiares por hijo, los subsidios de desempleo o las subvenciones a los centros comunitarios -un valiososo elemento de integración, por cierto.  Y ahí están todos esos hombres y mujeres que no tienen nada y no esperan nada. Y ahí están las piedras y ahí los escaparates y más allá está la policía. Buena parte de la población de Londres, y del mundo occidental, está siendo excluida de la sociedad por las políticas de sus dirigentes. El estallido de Tottenham, que se extiende ya a otros barrios y a otras ciudades, es algo así como un grito. Ya ha ocurrido otras veces.

Furia y Rabia son dos palabras que se utilizan estos días en los titulares para describir el estado de ánimo de los manifestantes. Decenas de miles de personas furiosas, decenas de miles inflamadas de rabia. ¿Producto de un simple calentón? ¿Ardor juvenil? ¿Deseo de hacer el hooligan incenciando McDonalds y cabinas de teléfono? ¿Estallido racial?

Los acontecimientos históricos no pueden analizarse como el producto de hechos y voluntades aisladas. Cincuenta mil individuos que cargan contra la policía y destrozan el mobiliario urbano no están ahí por las tonterías de David Cameron. No queman lo que pillan con gasolina porque les acaban de congelar la pensión o les han jodido los subsidios. Es la vieja historia del vaso que se va llenando gota a gota. Tiene que ver con Cameron, pero también tiene que ver con Blair, y tiene que ver con Lehman Brothers, y con la abuela que se te murió la semana pasada esperando la operación que nunca llegó, y con los pasmas que te piden la documentación día sí día también porque has nacido en Nigeria, y con ese anuncio del Mercedes que nunca tendrás, y con la mierda que te metes el fin de semana, y con el último fichaje frustrado de tu equipo y con las doscientas entrevistas de trabajo y con el concejal que anuncia en el diario que van a cerrar el centro social de tu barrio donde tu mujer iba por las tardes a dar clases de cualquier cosa y con los muertos. Tiene que ver con un sistema social injusto que se ensaña con los más débiles y reprime con balas de goma y manguerazos cualquier protesta que exija renegociar las condiciones del contrato.

Ignoro hasta que punto los londinenses apoyan las revueltas o se posicionan a favor de su pintoresco alcalde, el estrambótico Boris Johnson, que ha aparecido ante los medios armado con una escoba para simbolizar su intención de acabar con las protestas y restaurar el orden.

El Reino Unido es uno de los países más desarrollados del mundo; no hablamos de Egipto o de Libia, a pesar de lo fácil que resulta establecer comparaciones ficticias. Pero como en todos los países del primer mundo, y el nuestro no es una excepción, cada vez más gente atraviesa el umbral de la pobreza rumbo a la puta ruina. El abismo que separa a las clases sociales se agudiza cada vez más, producto de la crisis financiera y de las decisiones políticas tomadas por la mayoría de gobiernos occidentales, destinadas a gravar el coste de la avaricia de unos cuantos sobre la espalda de los que menos tienen. Grecia va camino de convertirse en un país del tercer mundo. Portugal e Irlanda están jodidos. Ignoro el rumbo que tomarán los acontecimientos en el Reino Unido. Intuyo que las aguas volverán a su cauce en los próximos días. Pero también podría ocurrir todo lo contrario. Como cantaban los Clash: Cuando aporreen tu puerta, ¿cómo vas a salir? ¿Cón las manos en la cabeza o en el gatillo de tu pistola?

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