Camps dimite

Hoy ha sido uno de esos días por los que los niños en edad de tener la cabeza todavía sin muebles nos hicimos periodistas.  La cosa empezó por la mañana cuando El País anunciaba en su edición digital que Francisco Camps, el presidente de la Generalitat Valenciana, había decidido declararse culpable del delito de cohecho que se le imputa a raíz de su implicación en el caso Gürtel. Y saltaron por los aires redacciones y webs 2.0. Hasta que minutos después el medio rectificó. Quien había asumido la culpa era, en realidad, Víctor Campos, exvicepresidente del Gobierno valenciano cuando ocurrieron los hechos. Una ‘o’ traicionera, ya ven, que encendía alarmas sobre lo que habría de venir.

Francisco Camps se quedaba sin asideros ni apoyos. Ya el viernes, cuando se conoció el auto del juez en el que quedaba probado que el presidente había mentido públicamente al asegurar que había pagado los famosos trajes de su bolsillo, Mariano Rajoy -ese líder- había mandado a Trillo -ese estadista- a Valencia para convencer a Camps de que lo mejor era declararse culpable para evitar un juicio que habría de celebrarse en Noviembre, cuando presumiblemente el PP se econtraría inmerso en la campaña electoral de las elecciones anticipadas. O eso o la dimisión.

Esta tarde, a las cinco y media, con treinta minutos de retraso, Francisco Camps comparecía ante los medios en una rueda de prensa que el mismo había convocado. Había runrún de campanas tocando a muerto.

Y Camps dimitió.

Con un discurso que roza la más obscena desvergüenza y que incluía joyitas como las que siguen: ‘Voluntariamente ofrezco mi sacrificio para que Mariano Rajoy sea presidente del Gobierno’. ‘Todo es fruto de una gran mentira’. ‘Del norte al sur hay problemas de corrupción’. ‘Me voy con menos de lo que vine’.

En un comunicado oficial difundido por el Partido Popular, Mariano Rajoy ha calificado como ‘muy dura’ la decisión del ya expresidente de la Generalitat y ha defendido su presunción de inocencia. Lo ha calificado como ‘un gran amigo’ y ha vuelto a practicar el cinismo recurriendo a los resultados electorales del 22M, donde Camps obtuvo mayoría absoluta, como prueba de honradez infalible.

Ingenuo de mí, jamás creí que este momento pudiera llegar. Si por algo se caracteriza España es porque aquí no dimite ni dios. Y no por falta de actuaciones ineptas o de escándalos. Camps se va con las elecciones recién ganadas -¿qué habría pasado si el auto del juez se hubiera conocido antes de los comicios?-, con una comunidad endeudada hasta las trancas y con esa media sonrisa de desprecio que siempre le acompaña.

El hombre que durante todo este tiempo ha sido el paradigma de uno de los principales males a los que se enfrenta el país, la corrupción, ha renunciado por fin asediado por las pruebas judiciales. Lo que pasé en adelante en materia política, sobre todo en vistas a las elecciones generales, está por ver. Después de todo, el 20 de julio, con medio país en la playa, es buena época para dimitir. Lo que ocurra con el propio Camps es asunto de la justicia. Personalmente, espero que esta caída precipite otras muchas y el mandamás valenciano sea el primero de una larga lista de políticos corruptos de todo signo en coger la puerta y largarse. Porque no nos sirven.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Desastres y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s