Asuntos Serios

Ernest Hemingway escribió, y no cito de memoria, que los españoles tomamos la muerte como algo natural, un proceso inevitable del que se puede hablar sin tapujos y que no tiene por qué esconderse. Con ese argumento solía el Nobel estadounidense justificar el gusto español por las corridas de toros. Mucho ha cambiado el país desde  el tiempo de las correrías del viejo escritor. En España, y en el resto de Occidente (eso que denominamos el Primer Mundo) la muerte se ha convertido en un tema tabú, algo de lo que sencillamente no se habla. Cuando niño uno se tapaba los ojos, convencido de que si no veía a nadie, en consecuencia, nadie podía verlo a uno. Algo de eso pervive en el actual subconsciente adulto de nuestra época: si no miramos a la muerte, la muerte no nos mirará.

En el Reino Unido, sin embargo, hace ya tiempo que andan a vueltas con el tema de la muerte digna, el suicidio asistido y la eutanasia. Es un asunto terriblemente serio, el más serio de todos. Hace dos años el canal privado Sky emitió un documental titulado Right to die? The suicide tourist, que contaba el viaje de Craig Ewert, un enfermo de ELA en fase terminal, desde Inglaterra hasta Zurich, donde tiene su sede Dignitas, una organización cuyo fin es ayudar a morir a aquellos pacientes terminales que así lo deseen. En Zurich, Ewert ingresó en una clínica privada especializada, ingirió un cóctel de barbitúricos, entró en un sueño profundo y nunca volvió a despertar. El documental levantó una fuerte polémica, tuvo buenas audiencias y se exportó a otros países (en España fue emitido por Cuatro con el título de El turista suicida)

Ayer, día 13 de Junio, el Reino Unido volvió a dar un paso al frente en la lucha por la normalización del debate sobre la eutanasia. La BBC, la cadena pública británica y paradigma de la televisión de calidad por excelencia, emitió otro documental: Choosing to die. Como en el caso anterior, cuenta la historia de una muerte, la de Peter Smedley, el señor que sonríe en la foto que ilustra este artículo. Smedley, multimillonario australiano de 71 años era víctima de una enfermedad neurológica degenerativa e incurable; aunque no era un enfermo terminal sabía que lo suyo no tenía remedio y que el final iba a ser agónico y doloroso. Prefirió evitarlo. Choosing to die está dirigido por Terry Pratchett, un escritor inglés especialista en novelas fantásticas (sus obras, ambientadas en un mundo de magos y brujas denominado el Mundodisco combinan ciencia ficción, humor y sutiles alegorías culturales, y tienen millones de seguidores en todo el mundo, pero especialmente en el Reino Unido donde es el escritor más vendido sólo por detrás de la inalcanzable J.K. Rowling). Pratchett, de 63 años fue diagnosticado de alzheimer y defiende activamente la eutanasia y el derecho al suicidio asistido: ya ha iniciado los trámites burocráticos para morir en Zurich llegado el momento, como Craig Ewert y Peter Smedley.

En el Reino Unido la eutanasia es un delito y se castiga con penas que pueden llegar a los 17 años de cárcel. En España el tema es compejo. La eutanasia está penalizada, pero el caos de términos (eutanasia activa, eutanasia pasiva, suicidio asistido, cuidados paliativos) ayuda a crear un limbo jurídico extraño. El caso más conocido es el de Ramón Sampedro, el tetrapléjico gallego que murió en enero de 1998 después de ingerir una dosis de cianuro: familiares y amigos se autoinculparon ante la justicia y aunque se acusó a Ramona Maneiro, amiga íntima del fallecido, el caso se cerró por falta de  pruebas. Una vez el delito hubo prescrito, Maneiro confesó en televisión que, efectivamente, había ayudado a morir a Sampedro. El 17 de Marzo de 2010 el Parlamento Andaluz aprobó la primera ley de muerte digna de España. Aunque no admite el suicidio como tal, permite al paciente declarar su  Voluntad Vital Anticipada, esto es, solicitar conforme a derecho que llegado el momento y ante la irreversibilidad del proceso, su vida no sea alargada mediante operaciones innecesarias y sólo le sean administrados los cuidados paliativos básicos para evitar el dolor en tanto llega el desenlace final. La aprobación de la ley se desecadenó después del caso de Inmaculada Echevarría, una ciudadana granadina que en 2007, tras años de lucha judicial, consiguió la autorización necesaria para que, tal y como era su voluntad, el respirador artificial que la mantenía con vida fuera desactivado. La Junta de Andalucía no lo consideró un caso de eutanasia, sino una limitación del esfuerzo terapeútico. En Marzo de este mismo año el Gobierno de Aragón aprobó una ley de muerte digna similar a la andaluza. El pasado viernes el Gobierno de España hizo lo propio en  el Consejo de Ministros, si bien la ley debe someterse todavía a la aprobación del Parlamento.

Hablamos, ya se ha dicho, de un tema especialmente delicado. Como casi siempre, es saludable echar un ojo a Enric González y sus columnas ejemplares. Me parece que la muerte es un asunto de la mayor relevancia. Nada tan personal e intransferible. Por eso mismo me parece que uno tiene derecho a decidir cuando poner fin a una vida que es de su pertenencia. Independientemente de lo que diga la Iglesia. Reconozco el valor y la determinación que implican semejante decisión. Reconozco también la imposición: los que escogen la eutanasia o la muerte digna lo hacen obligados por una causa de fuerza mayor; morir no es plato de gusto, hablamos de personas que se anticipan a un destino anunciado generalmente con el fin de evitar sufrimientos innecesarios. Lo que quiero decir, después de semejante parrafada, es que me parece que están en su derecho. Absolutamente.

Regularizar el proceso y sacar adelante una ley que deje fuera cualquier tipo de ambigüedad y permita a las personas que así lo deseen terminar libremente con su vida sin tener que temer por la mano piadosa que agiliza el proceso sería un paso importante para la libertad de todos. Creo.

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