El Maestro y Margarita

Fotograma de Master i Margarita, adaptación rusa para TV de la novela de Mijáil Bulgákov

El hombre descrito no cojeaba de ningún pie, no era pequeño ni enorme; simplemente alto. En lo que se refiere a su dentadura, tenía a la izquierda coronas de platino y a la derecha, de oro. Vestía un elegante traje gris, unos zapatos extranjeros del mismo color, y una boina, también gris, le caía sobre la oreja con estudiado desaliño. Llevaba bajo el brazo un bastón negro con la empuñadura en forma de caniche. Aparentaba cuarenta años y pico. La boca, algo torcida. Bien afeitado. Moreno. El ojo derecho, negro; el izquierdo, verde. Las cejas, oscuras, y una más alta que otra.
En una palabra: extranjero.

(Mijáil Bulgákov; El Maestro y Margarita)

Sinopsis: El diablo llega a Moscú en plena época estalinista acompañado de un mago burlón, un demonio asesino, un gato negro que le hace de bufón y una bruja. En la primera parte de la novela, tragicómica y bufa, asistimos a las putadas continuadas con que el diablo se burla de la humanidad y castiga moscovitas avariciosos e hipócritas. En la segunda parte, con la aparición de Margarita, auténtica heroína de la historia, el libro coge nuevos bríos y se vuelve romántico y oscuro: Margarita aceptará participar en los juegos del diablo con tal de salvar a su único amor, El Maestro, un escritor fracasado que ha caído en la locura después de ver como la novela sobre Poncio Pilatos que con tanto trabajo ha escrito es rechazada por el establishment literario oficial. En un segundo plano, y con un estilo radicalmente distinto, a lo largo de la trama moscovita se van intercalando fragmentos de la obra sobre Poncio Pilatos escrita por el Maestro. Ya está. Conviene leer El Maestro y Margarita sin demasiadas referencias y enfrentarse sin defensas a su extrañísima naturaleza humanista, religiosa, épica, cómica  y apocalíptica.

El Maestro y Margarita pertenece a esa categoría opaca de los libros de culto. Mijail Bulgákov, escritor tolerado pero al mismo tiempo estigmatizado dentro del régimen de Stalin, tuvo que destruir la novela y reescribirla de memoria, presionado por una censura estatal que atacaba continuamente sus obras. Entre 1920 y 1940, Bulgakov escribió, quemó, reescribió y pulió una novela que no sería publicada hasta 1966, quince años después de la muerte de su autor, todavía con fragmentos censurados. El Maestro y Margarita vio la luz por primera vez en versión completa en Alemania en 1967, y no se publicaría íntegra en la Unión Soviética hasta 1973.

Se lee a varios niveles, como todas las grandes obras de la literatura. El Maestro y Margarita es  una crítica feroz al sistema estalinista, burocratizado y represor, donde los fieles al partido prosperan a pesar de su inutilidad chapucera. Es una burla cruel de la hipocresía y la soberbia de la humanidad: el desfile de personajes corruptos, avaros y ambiciosos, siempre dispuestos a aprovecharse de los débiles, es antológico, para deleite del diablo y sus secuaces. Es una apología del perdón y el valor, un retrato épico del heroísmo que nace del amor por el otro. Y es, pese a las apariencias y por encima de todo, una obra sobre el bien y el mal. Eso convierte a El Maestro y Margarita en un libro inmortal.

Margarita, eje central de la obra, que actúa siempre movida por la fuerza del amor, se convierte en un espejo ante el que el lector acabará descubriendo la verdad de la historia: hay una parte de bien en el mal y una parte de maldad en el bien aparente. Aceptar la existencia del mal es el único camino posible ante la locura que acecha torciendo la esquina. Los corazones puros verán la luz. El valor exige enfrentarse a uno mismo y al miedo hasta las últimas consecuencias. El perdón es privilegio exclusivo de almas limpias y poderosas.

Impagable el conjunto de personajes secundarios. El poeta Ivan Desamparado, que será el primero en enfrentarse al diablo y sobre el que se ceba la intransigencia obtusa de la respetabilidad moscovita. El séquito de Satanás: Koróviev, Asaselo y, por encima de todos, Popota, ese gato negro, parlante, brillante y cabrón. Voland, o Satán, símbolo de la idea central de la novela, educado, serio y reflexivo, siempre entre dos luces, el bien en su ojo verde, el mal en su ojo negro profundo como un abismo. Poncio Pilatos, procurador de Judea, atormentado por la culpa después de mandar a la muerte al filósofo Josuá Ga-Nozri, trasunto de Jesús de Nazaret.

El Maestro y Margarita se nutre de diálogos ágiles e imágenes portentosas. Como las del Gran Baile de Satanás, clímax de la obra, con los muertos regresando de sus tumbas para rendir pleitesía al demonio y a su reina Margot. Y, sobre todo, las del último capítulo, con esa caravana de espectros de viaje hacia el amanecer, con el Maestro convertido en la llave que abre el cofre de la obra y le otorga su más profundo significado y con ese maravilloso juego de espejos, literatura-vida, donde creadores y creados se mirarán a los ojos para alcanzar, ya para siempre, el perdón y el amparo eternos.

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2 respuestas a El Maestro y Margarita

  1. Jorge dijo:

    Hace minutos terminé de ver los 10 capítulos de “El Maestro y Margarita”, serie rusa para TV, del año 2005. Creo que es muy válido su comentario sobre la novela, particularmente estas líneas:

    “Conviene leer El Maestro y Margarita sin demasiadas referencias y enfrentarse sin defensas a su extrañísima naturaleza humanista, religiosa, épica, cómica y apocalíptica.”

    “Y es, pese a las apariencias y por encima de todo, una obra sobre el bien y el mal. Eso convierte a El Maestro y Margarita en un libro inmortal.”

    Muchas gracias.

    Jorge D’Alesio

  2. Gracias por tu opinión. No he visto la serie rusa, pero intentaré encontrarla. Siento mucha curiosidad por ver cómo han adaptado un libro tan complejo y tan poco “adaptable”

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