Vacunas

Hay días que lees el periódico y te quedas tonto. Hoy viene El País diciendo que en España y el resto de Europa están empezando a resurgir con fuerza enfermedades ya casi olvidadas como el sarampión, la rubeola o las paperas. ¿La causa? Cada vez más padres deciden no administrar a sus hijos la triple vírica, la vacuna que protege contra las tres enfermedas arriba mencionadas y que se administra a los bebés entre los 10 y 15 meses de vida, en función del país. Tenemos por un lado un problema administrativo: grupos marginales dejados de la mano de dios y sin cobertura sanitaria. Por otro lado, padres descuidados. Y finalmente, un tercer grupo, el que me deja tonto y da miedo: padres irresponsables.

La cosa va así: yo voy y me hago naturista, allá cada cual lo suyo. Despues me hago homeópata, y eso ya indica que algo va mal. Digámoslo: la homeopatía es un cuento. Un fraude, una basura, un peligro, charlatanería barata que se pasa la ciencia por el forro de los estos. ¿En que consiste la homeopatía? De entrada, rechaza la administración de cualquier componente químico al paciente. En segundo lugar, te suelta el siguiente principio: una sustancia que provoca los mismos síntomas que una enfermedad puede curar dicha enfermedad (¿?). Coges una gota de esa sustancia o principio activo, la diluyes en noventa y nueve gotas de agua (o lactosa o alcohol), la agitas bien fuerte (eso se llama dinamización) y obtienes un primer preparado. Después coges una gota de ese primer preparado y la diluyes otra vez con noventa y nueve gotas de agua (o lactosa o alcohol) y obtienes un segundo preparado. Después coges una gota del segundo preparado… y así hasta 5000 veces. Problema: las leyes químicas  establecen que después de la disolución número 12 ya no queda en el preparado ni una sola molécula del principio activo original. ¿Cómo resuelve esto la homeopatía? Con el principio de la memoria del agua. ¡En serio!. El agua, según estos señores, tiene memoria y es capaz de recordar cualquier molécula que se haya encontrado en ella en un momento determinado, aunque no se encuentre en la actualidad. ¿Eso es una chorrada como un piano o yo estoy tonto? El agua, claro está, antes de llegar al preparado homeopático ha estado en miles de sitios: en tus riñones, en la alcantarilla, en un río, en el mar, en una planta química… Si el agua tuviera memoria, mal asunto: la de tu grifo recordaría los cientos de bacterias, venenos y elementos químicos chungos que han pasado por ella antes de ser depurada. Los homeópatas replican que el agua no sólo tiene memoria, sino que además sabe distinguir las sustancias buenas de las malas y aplica sólo el principio activo bueno, toma ya. La homeopatía es puro placebo. Y un negocio que consiste en vender agua y pastillas con la misma eficacia que un caramelo de limón.

Pero hablábamos de vacunas. Un padre y una madre abducidos por el chamulle homeópata deciden que los medicamentos tradicionales son agresivos y malos. Y las vacunas ni te cuento. Así que dejan sin vacunar al churumbel. ¿Qué ocurre? Que la tontería se extiende. Y el numero de niños sin vacunar se multiplica. Y un día, una de esas enfermedades, sumamente contagiosas, agarra a un crío. Y ese crío va al cole. Y ya tenemos un brote, que se extiende entre el resto de niños no vacunados y la población nacida antes de la vacunación universal. Problema: la rubeola, las paperas y el sarampión son enfermedades potencialmente mortales. Y no se curan con agua. En España existe una Liga para la Libertad de Vacunación. Esta gente defiende la libertad de elección en la administración de vacunas. En su página web pueden comprarse libros como: Los peligros de las vacunas, Cómo criar un hijo sano…a pesar de su médico o ¿Hay qué vacunar a nuestros niños? Los padres leen esos libros y pasa lo que pasa. Creerse más listo que nadie, renegar de la medicina y la ciencia, echarse en brazos de milagreros y poner en riesgo la salud pública es todo uno.

A todo esto, ¿qué son las vacunas? En pocas palabras la vacunación consiste en inocular al paciente el microorganismo causante de la enfermedad que se quiere tratar, atenuado para evitar daños. El sistema inmunológico reconoce al agente extraño, lo combate, lo destruye y se queda con su cara. El cuerpo humano, a diferencia del agua, sí tiene memoria. Si en el futuro, ese mismo microorganismo en versión chunga ataca el organismo, el sistema inmunológico lo reconocerá y combatirá con eficacia. Eso es ciencia. En contadas ocasiones, las vacunas pueden producir fiebre, que se pasa a los pocos días. En muy muy contadas ocasiones pueden desencadenar efectos secundarios más graves. Aún así, el beneficio sigue siendo infinitamente mayor que el posible daño.

Por desgracia, no todas las vacunas son igual de efectivas. Existen ciertos tipos de virus, como el de la gripe, que mutan continuamente, por lo que es mucho más difícil desarrollar una vacuna eficaz contra ellos. No resulta tan sencillo quedarse con su cara. Un caso de vacunación mal gestionada, como el de la Gripe A, no debe desprestigiar el trabajo científico, porque resulta que no todos los virus mutan, y el resto de vacunas sí son tremendamente eficaces. Y mucho. Un regalo de la ciencia a la humanidad. En 2004 sólo se registraron 2 casos de sarampión en España. En los cinco primeros meses de 2011 van 1.300. La causa: niños sin vacunar. Gracias a las vacunas, enfermedades como la viruela, la rubeola, la tos ferina, la difteria, la polio, la tuberculosis o el tétanos están hoy en día prácticamente extinguidas en el primer mundo. La homeopatía, los padres que van de modernos y la gilipollez generalizada están consiguiendo lo que parecía imposible: resucitar lo que medicina y la ciencia después de años de investigación y lucha habían enterrado para siempre. Lo dicho: hay noticias que son para echarse a llorar.

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