The Wire (Quinta Temporada)

Jimmy McNulty, entrañas de The Wire / Fotograma de The Wire

Cuanto más grande es la mentira, más fácil de creer
Bunk Moreland
Soy demasiado ingenuo para eso. Sólo aspiraba a ver algo nuevo cada día
y escribir una historia sobre ello
Gus Haynes
Recordar esos días me hace sonreir
Bubs

Las cosas buenas también terminan. Y te dejan un regusto entre dulce y amargo: dulce, porque fue bueno hasta el final; amargo, porque no hay más. La próxima vez que vea The Wire no será lo mismo. Captaré nuevos matices, entenderé mejor la tragedia de algunos personajes secundarios que aún no consigo encajar en la inmesidad del puzzle. Habrá magia, pero no será igual, porque ningún beso es como el primero. Echaré de menos a McNulty: la quinta temporada es suya; está como nunca, desquiciado, loco, borracho, sutil y brillante, todo a partes iguales, ese pobre policia necio que dice lo que piensa y hace lo que le viene en gana, amante torturado de las mujeres y el whisky, retorcido y sagaz. Echaré de menos a Lester, su inteligencia acerada, su andar desgarbado, sus deducciones de Sherlock Holmes echado a perder en un cuartucho roñoso. Echaré de menos a Omar Little silbando su canción solitaria. Hay una escena, en el octavo episodio: Omar fuera de sí, tragedia andante, exigiendo a gritos venganza en una calle vacía, sólo contra el mundo, magullado y cojo pero siempre en pie. Echaré de menos a Stringer Bell, su voz pausada y cortante como un cuchillo. Echaré de menos a Bunk, fuck fuck fuck, sonriendo de medio lado y fumándose un puro. Me cae bien Gus, ese periodista veterano cansando de luchar con ampulosos reporteros que inventan historias para llenar de adjetivos que no hablan de nadie una primera página y un premio vacio.

El Pequod, aquel barco ballenero donde viajaba la tripulación del capitan Ahab a la caza de Moby Dick no era realmente un barco: era la humanidad entera. The Wire no es Baltimore: es todo. Es un abismo. Es el mundo y la época en la mesa de disección. The Wire consigue en sesenta capítulos y a través de varias decenas de personajes memorables engarzar una trama afilada y cortante que asfixia como asfixian los relojes a aquellos que esperan. The Wire crea de la nada un mundo por el que puedes caminar, tan real que indigna, tan certero que muerde. The Wire tiene el ritmo de un poema, la contención de un western y la elegancia de un tango.

Nunca podré olvidar la frialdad de Marlo Stanfield, esa última escena cuando se mancha de muerte y recuerda quién es, a pesar del dinero y del traje. Siempre recordaré a los niños perdidos: Michael, Dukie, Randy, Kenard. Los soldados fríos de la esquina: Slim Charles, Bodie, Chris Partlow y Snoop, el pobre de Wallace, los que ascendieron, los que se quedaron varados en un charco de sangre, los que fueron reyes, los que tuvieron que ceder la corona. El chico Barksdale, Avon, los abogados listos, los chivatos, el Hermano Bouzone pistola en mano, el código no escrito de matar si pronuncian tu nombre.

Tendré siempre presente la corrupción de lo alto. Los tejemanejes del chico bueno Carcetti. Las campañas electorales. Las filtraciones interesadas a la prensa. Las mentiras. Los chantajes. Los trapos sucios que siempre se lavan en casa. Las puñaladas. Como dijo Michael Corleone en la tercera parte de El Padrino: mientras más arribo subo más podrido encuentro el ambiente. Algo así podría decir Daniels. Algo la fiscal Pearlman. Me volveré a perder por burocráticos caminos mientras Lester intenta encarcelar senadores vendidos. Me quedaré de piedra, como Leander Sydnor, viendo subir y bajar comisarios y subcomisarios por la cadena de mando.

The Wire se parece más a una novela rusa del siglo XIX que a una serie de televisión: su respiración, su estructura precisa, la pausa, la elipsis, el desarrollo perfecto de todos y cada uno de los personajes. The Wire sobrevuela el arquetipo, arrincona el tópico y nunca hace trampas. Te muestra lo que hay y no siempre resulta agradable.

No olvidaré jamas a Reginald Cousins, aka Bubbles, aka Bubs, su voz rota y sus andares nerviosos. Lo veo ahora mismo si cierro los ojos subir arrastrando su carro lleno de camisetas blancas por las suaves pendientes de Hamsterdam, aquella ciudad de la droga que el Mayor Colvin montó en las calles perdidas. Bubs, sobreviviendo, hombre roto y recosido, hecho de tensión y de lucha.

Hay una canción de Tom Waits que se llama Way down in the hole. Esa canción, versionada por diferentes artistas en cada temporada, sirve de base para los créditos de The Wire. Los dos primeros versos dicen: When you walk through the garden, you gotta watch your back. Cuando caminas por el jardín, tienes que vigilar tu espalda. The Wire es ese jardín. Comienza con un asesinato. Termina con un suspiro.

The Wire (Primera Temporada)
The Wire (Segunda Temporada)
The Wire (Tercera Temporada)
The Wire (Cuarta Temporada)
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4 respuestas a The Wire (Quinta Temporada)

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