Jornada de Reflexión

Here we go. Ayer a las doce de la noche teníamos a la chavalada dispuesta y de uñas por todas las plazas de España. Teníamos a la policía esperando órdenes. Teníamos al Ministerio del Interior echando humo, al Supremo echando bilis, a Intereconomía haciendo el ridículo. Ayer a las doce y uno la vida seguía igual. ¿Jornada de reflexión? ¿Qué es la jornada de reflexión? No hay nada en la Constitución Española acerca de la cosa, que viene desde 1977, aunque no tuvo un desarrollo normativo hasta los años 80: la JdR está contemplada en la Ley Orgánica del Régimen Electoral General 5/1985 de 19 de Junio. Más menos viene a definir un espacio de veinticuatro horas, entre las 0.00 del viernes previo al domingo de votación y las 0.00 del sábado. En ese lapso de tiempo se prohíben los actos públicos, el reparto de propaganda electoral y derivados y, en definitiva, cualquier actuación organizada que tenga como fin pedir el voto para una determinada opción política. El objetivo es que durante el día previo a la votación nadie pueda influir en los ciudadanos.

Estamos en 2011. Para no recibir ningún tipo de influencia política hoy sábado, un ciudadano español tendría que irse a Sebastopol, la parte de las afueras, encerrarse en una casa con siete candados y mirar bien que no se coja el wifi del vecino. Hoy mismo, en plena JdR, el periódico ABC trae una portada que muy bien podría haber sido diseñada por el responsable de campaña del Partido Popular. ¿Eso no influye políticamente sobre los ciudadanos? A lo que voy: mundo mediatizado. Tele, radio, prensa, internet. Seguimos en campaña, hermanos. Dentro de cuatro días, cuando pasen las elecciones, seguiremos en campaña. Cada vez que un político, sea del partido que sea, convoca una rueda de prensa sin preguntas (nótese la ironía) se está lanzando hacia la ciudadanía un mensaje propagandístico. Vivimos dentro de una inmensa máquina de propaganda política, pero al parecer nadie se ha dado cuenta hasta que unos cuantos perroflautas, amas de casa y viejos rojillos ha decidido echarse a la calle y ejercer, por una vez, de ciudadanos.

No hay nada más peligroso para un Estado que aspira a crear una población agilipollada y aborregada que un montón de ciudadanos gritando consignas que no vienen en el guión. La Junta Electoral Central ha demostrado con su sentencia el viejo axioma: cuando un elemento ajeno al sistema pone en peligro el propio sistema, todo acto es válido para acabar con el elemento subversivo, incluso pasarse la Constitución por el forro de los huevos. Por supuesto, no todos los países tienen en sus legislaciones la JdR. Alemania, Reino Unido o Estados Unidos carecen de este día santo. Defender la JdR es un anacronismo. Exigir a los manifestantes de las plazas de España que se vayan a su casa para respetar el sabath de la Jornada de Reflexión mientras hoy mismo los medios de comunicación detallan los actos de campaña de ayer es una hipocresía digna de este maravilloso país. A reflexionar.

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