Solivianto e Indignación

Esto me han vuelto míos enemigos malos
(Poema de Mio Cid)

Jodidos y puteados. Así, con dos adjetivos y una pobre conjunción copulativa se resume la situación de tantos. Así, con dos sustantivos y otra conjunción se busca un título rápido para expresar la ruina de los que ya no tenemos futuro, ni ganas de andar buscando las vueltas a un sistema que nos da por el culo y pretende además tenernos callados. A los medios de comunicación tradicionales y a lo que se ve a la mayoría de la población les cogió por sorpresa la convocatoria ayer en multitud de ciudades españolas de manifestaciones coordinadas para protestar contra el estado general de las cosas. Normal. Este sistema paternalista que nada espera de nosotros salvo la obediencia debida hace ya mucho tiempo que decidió pasársenos por el forro y descartar cualquier tipo de sopresa, por tan poca cosa nos han llegado a tener. De alguna manera lo mejor de lo sucedido en el día de ayer es que por fin han escuchado lo que mucha gente llevaba mucho tiempo gritando hacia sus sordos oídos: Iros a la mierda, pero bien.

Lo peor de vivir en un país que da asco es tener unas expectativas de vida que dan asco. Lo he escrito por aquí más de una vez: vivimos en una sociedad que nos ha declarado la guerra. Lo de ayer fue una respuesta. Algo es algo. Personalmente, nunca me han gustado las manifestaciones. Creo que uno no pide permiso en la delegación de gobierno para hacer la revolución. Creo que, llegados a un punto crítico, no es hora de exigir, sino de coger. Creo que los cambios se hacen de fuera hacia dentro, nunca al revés. Lo de ayer no fue una revolución, fue una escandalera, y como toda escandalera el objetivo era gritar bien fuerte. Lo dice la Biblia: el que tenga oídos, que escuche.

Hoy, a un día vista de lo sucedido, las tertulias en los medios se hacen eco de la cosa. Más menos, todos coinciden en que el asunto no es grave y condenan los disturbios. ¿Veis a lo que me refiero? Si sois de sensibilidad frágil dejad de leer aquí mismo. Jamás he votado en unas elecciones generales o autonómicas y pienso seguir con lo mismo. No estoy dispuesto, bajo ningún concepto, a legitimar a un sistema que no me representa. Hablemos de contrato social. Si ellos no cumplen, yo tampoco. Pertenezco a una generación que se va a la mierda a marchas forzadas sin que a ninguno de esos prohombres  y promujeres que dirigen los destinos de la nación les importe en el más mínimo rinconcito genital. El Estado, el Sistema, llámalo como quieras, ejerce una violencia sostenida y constante sobre los ciudadanos. El hecho de que cuando me ofrecen un trabajo me pongan delante un contrato basura y un sueldo miserable, es violencia. El hecho de que grandes multinacionales repartan dividendos millonarios entre sus accionistas al tiempo que recortan plantilla dejando en la puta calle a trabajadores en edad de nunca más encontrar un empleo decente, es violencia. El hecho de que los medios de comunicación que en teoría debieran asegurar derechos básicos, como el de información, y vigilar los desmanes políticos y judiciales para asegurar los cimientos democráticos (¿sí? ¿hola? ¿habéis olvidado que ese es vuestro trabajo?) y decidan en cambio plegarse a intereses mezquinos dejando a toda la ciudadanía con el culo al aire, es violencia. Vivimos en un país con cinco millones de parados. Yo vivo en una comunidad autónoma que se llama Andalucía donde el índice de paro está por encima del 30%. Eso significa que un tercio de la población no trabaja. ¿Alguien puede detenerse sólo un segundo y pensar así despacito en lo que es eso?

Yo veo, yo siento, que mi país se hunde y yo me hundo con él. Y no me gusta ver a los responsables sonriendo en televisión. De verdad que no me gusta. Me parece indecente. Creo que deberían tener la mínima vergüenza de agachar la cabeza y pedir perdón. No servirá de mucho, probablemente no servirá de nada, pero implicaría el reconocimiento de su absoluta inutilidad y cinismo. No me valen las excusas. Y no quiero hacer proselitismo. Sólo dejar patente que ya estoy harto, como muchos otros, seguramente. No espero que el presidente del gobierno lea este puñado de palabras airadas. Me la pela. No quiero que me hablen de mercados, de crisis generadas allende nuestras fronteras, de mecanismos regulatorios y cháchara de leguleyo. No creo que las políticas que este gobierno está llevando a cabo me beneficien en nada. Menos aún me beneficiarán las que adopte el Partido Popular cuando llegue al poder dentro de un año. El sistema está construido sobre cimientos podridos. La única regla es mantener los privilegios de unos cuantos que medran y se enriquecen a costa de todos los demás. Es lo que Occidente lleva haciendo cientos de años en el tercer mundo, la misma política aplicada a nivel interno. Se trata de socavar los derechos y degradar las condiciones de vida de una poblacion ya jodida sólo para que los que se encuentran arriba puedan seguir disfrutando de una riqueza fundamentada en la explotación y el robo y que ellos mismos han echado a perder con sus jueguecitos financieros y su codicia de mierda. Fuera de eso todo es cháchara embustera. Es una guerra constante, tan vieja como el mundo: putear al de abajo para mantener a toda costa el statu quo. Una batalla tras otra nos degradan y hunden un poco más en el fango. Yo, qué queréis que os diga, estoy ya hasta la mismísima polla.

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