La Vida, el Universo y Todo lo Demás

Marvin, el androide paranoide / Fotograma de la película La Guía del Autoestopista Galáctico

Hay una teoría que afirma que si alguien descubriera lo que es exactamente  el Universo y el por qué de su existencia, desaparecería al instante y sería  sustituido por algo más extraño e inexplicable.
Hay otra teoría que afirma que eso ya ha ocurrido.
(de la introducción de El Restaurante del Fin del Mundo, Douglas Adams)

 Tal día como hoy, 11 de Mayo, murió en Santa Bárbara, California, el escritor inglés Douglas Adams, autor de la memorable trilogía en cinco volúmenes de La Guía del Autoestopista Galáctico. Se trata de una obra absolutamente notable, publicada en España por la editorial Anagrama y compuesta por los susodichos cinco volúmenes: La Guía del Autoestopista Galáctico; El Restaurante del Fin del Mundo; La Vida, el Universo y todo lo demás, Hasta luego y gracias por el pescado e Informe sobre la Tierra: fundamentalmente inofensiva. He aquí el comienzo de todo:

En los remotos e inexplorados confines del arcaico extremo occidental de la galaxia, brilla un pequeño y despreciable sol amarillento. En su órbita, a una distancia aproximada de ciento cincuenta millones de kilómetros, gira un pequeño planeta totalmente insignificante de color azul verdoso, cuyos habitantes, descendientes de los simios, son tan asombrosamente primitivos que aún creen aque los relojes de lectura directa son de muy buen gusto.

La historia va de uno de esos insignificantes descendientes de los simios, el terrícola Arthur Dent, y de los asombrosos viajes interestelares que vivirá junto a su amigo Ford Prefect, juerguista y borrachín, uno de mis héroes de juventud, que resulta no ser de Islington, tal como solía asegurar, sino de un pequeño planeta cercano a Betelgeuse. Todo empieza, por cierto, cuando la Tierra es destruida para abrir paso a una nueva circunvalación de una autoestopista espacial. Hay otros personajes maravillosos, como Zaphod Beeblebrox, el Presidente de la Galaxia, o Trillian, la otra terrícola que escapó de la destrucción del planeta gracias a una fiesta de disfraces y sobre todo, Marvin, el androide paranoide, un ser hiperinteligente e hiperdepresivo que por aquellas cosas de los viajes en el tiempo resulta ser más viejo que el propio universo. La obra rebosa un humor sutil y paródico, condimentado con un poco de ciencia y algo de mala leche.

Douglas Adams murió mientras preparaba el guión de la adaptación al cine de su novela. La película se terminó rodando y se estrenó en 2005. Es una obra resultona, que se deja ver, aunque no llega a la altura de la versión literaria. Así se resume en la película qué y cómo es La Guía del Autoestopista Galáctico, esa enciclopedia brillante que da título a todo y de la que ningún viajero del espacio que se precie puede prescindir:

Para finalizar, uno de los memorables artículos de la Guía desperdigados a lo largo de las cinco novelas. Todos son maravillosos, pero siempre he sentido predilección por esta breve explicación del universo:

El Universo: algunas informaciones para ayudarle a vivir en él.
1. Zona: Infinito
La Guía del Autoestopista Galáctico da la siguiente definición de la palabra infinito:
Infinito: Mayor que la cosa más grande que haya existido nunca, y más. Mucho mayor que eso, en realidad; verdadera y asombrosamente enorme, de un tamaño absolutamente pasmoso, algo para decir: “vaya, que cosa tan inmensa”. El infinito es simplemente tan grande, que en comparación la grandeza misma resulta una nadería. Lo que tratamos de exponer es una especie de concepto que resultaría de lo gigantesco multiplicado por lo colosal multiplicado por lo asombrosamente enorme.
Importaciones: Niguna
Es imposible exportar cosas a una zona infinita, al no haber un exterior del que importarlas.
Exportaciones: Ninguna
Véase Importaciones
Población: Ninguna
Es sabido que existe un número infinito de mundos, sencillamente porque hay una cantidad infinita de espacio para que todos se asienten en él. Sin embargo, no todos están habitados. Por tanto, debe haber un número finito de mundos habitados. Un número finito dividido por infinito se aproxima lo suficiente a la nada para que no haya diferencia, de manera que puede afirmarse que la población media de todos los planetas del universo es cero. De ello se desprende que la población media de todo el universo es también cero, y que las personas con que uno pueda encontrarse de vez en cuando no son más que el producto de una imaginación trastornada.
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