Crimen y Castigo

De todo esto tiene la culpa el estar yo enfermo –  decidió, malhumorado, finalmente -. Yo mismo me atormento y martirizo y no sé a punto fijo lo que hago… Y ayer, y anteayer, y todo este tiempo he estado atormentándome… Cuando me ponga bueno… dejaré de martirizarme… Pero, ¿y si no me pongo bueno?
(Crimen y Castigo, Fiodor Dostoievski)

Hablando de asesinatos selectivos, venganza y justicia, quizá a más de uno le venga bien echar un ojo a cierta obra magna de la literatura universal. En 1865, en medio de una zozobra personal y económica de dimensiones épicas, Fiodor Dostoievski comenzó a escribir un libro descomunal, complejo y oscuro, que sería publicado por entregas en un periódico ruso un año después. Crimen y Castigo cuenta la historia de Rodion Romanovich Raskolnikov, un joven estudiante de San Petesburgo que decide asesinar a una vieja usurera para poner a prueba una teoría de su propia invención: los grandes hombres, los genios, aquellos que mueven el mundo con la fuerza de su voluntad, no están subordinados a la ley que rige para el resto. Raskolnikov, engreído y brillante, es uno de los más altos logros de la literatura canónica: es el antihéroe de la juventud airada, el arquetipo trágico del genio romántico que se cree bendecido con alas de ángel. La vieja usurera es la maldad miserable que vive del sufrimiento ajeno. Raskolnikov divaga y se legitima a sí mismo: no es un crimen, es justicia. El conflicto de la obra se desata cuando la hermana de la usurera, una mujer ingenua e inocente, irrumpe en la escena del crimen sorprendiendo a Raskolnikov. Asustado y fuera de sí, el joven termina matando a las dos mujeres. A partir de ese momento, Raskolnikov cae en un pozo de culpa. El eje de la obra se desplaza entonces hacia la investigación policial y nos sumerge dentro de la conciencia torturada del asesino.

Crimen y Castigo es uno de esos libros que acorrala al lector en un callejón oscuro y le pone delante un espejo. La novela te obliga a mirar de frente tu propia moral. Raskolnikov anda por la vida preguntándose cosas que la mayoría rehúye por salud mental: ¿se puede justificar moralmente la muerte de un hijoputa? El chico tiene un plan, y lo pone en práctica. Consigue burlar la ley de los hombres, encarnada en los jueces, las cárceles y la policía, pero no conseguirá burlar la otra ley, más profunda, que no tiene encarnación sino que nace de adentro del alma humana.

A lo largo de la obra asistimos a un drama interno puesto en escena a través de largos diálogos, un realismo atroz, descripciones minuciosas y monólogos interiores febriles. Una magnífica galería de personajes acompaña a Raskolnikov a lo largo de su tortuoso sendero: Razumijin, el amigo práctico e inteligente, Sonia, la prostituta noble y enamorada, el misterioso Svidrigailov, Pulqueria y Dunia, la madre y la hermana de Raskolnikov, sacrificadas e ingenuas, Natasha, la chica de la pensión, el teniente Petrovich, todo filosofía, brillante y educado, que investigará incansable el crimen… Los personajes de Dostoievski están llenos de dobleces. La miseria y la extrema pobreza en que se desarrollan sus vidas marcan sus actos y su destino. El asesino es también un hombre compasivo. Su humanidad desborda el papel.

Ciento cuarenta y cinco años después de su publicación, Crimen y Castigo sigue ahí, una obra necesaria y feroz. Vivimos en una época turbia y reaccionaria, en un mundo de líderes sonrientes y almibarados que ordenan soltar la bomba y preguntan después. Nos movemos dentro de un sistema que nos obliga a elegir, buenos o malos, en una disyuntiva perversa y falaz. Leer a Dostoievski no nos hará mejores personas. Nos hará pensar, con suerte, un ratito. Eso es bueno. Crimen y Castigo nos muestra el valor de la vida humana, algo que está en entredicho cuando los asesinatos selectivos se justifican y aplauden sin que nadie levante la voz. Cuando Raskolnikov desciende al abismo de su conciencia y toca el fondo descubre que sus teorías y su apología del crimen sólo enmascaraban la avaricia de su propio corazón. Su descubrimiento es aterrador, pero no sería bueno desvelar aquí el final de nada. Crimen y Castigo es también, y sobre todo, la historia de la redención de un hombre a través del amor.

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