Bildu y la entropía

En materia conceptual, la entropía es uno de los más altos logros de la mente humana. Se trata de un concepto abstracto aplicado en múltiples disciplinas, desde la física o la química a la teoría de la información. La entropía mide el grado de desorden de un sistema. Como casi todas las palabras hermosas, procede del griego, y en su origen significaba algo así como giro, o vuelta.

El ser humano se mueve en el caos. Vivimos dentro de un sistema natural regido por leyes que apenas alcanzamos a comprender. La historia de la civilización es una lucha por contrarrestar ese caos. Todas las obras humanas tienden a la organización. Desde las ciudades a las normas de cortesía que rigen las relaciones interpersonales, desde las leyes a las estaciones de tren, el hombre se ha enfrentado a la entropía desde el comienzo de los tiempos. Se trata de un instinto que nace en lo más profundo del alma humana.

El 27 de Junio de 2002, el gobierno de José María Aznar disparó la entropía española aprobando la Ley Orgánica 6/2002, conocida como Ley de Partidos. Se sacó adelante con los votos a favor del Partido Popular, Partido Socialista Obrero Español, Convergencia i Unió, Coalición Canaria y el Partido Andalucista. El Partido Nacionalista Vasco, Izquierda Unida, el Bloque Nacionalista Galego, Esquerra Republicana de Catalunya, Iniciativa Per Catalunya Verds, Eusko Alkartasuna y la Chunta Aragonesista votaron en contra. El objetivo de la ley era impedir a la izquierda abertzale presentarse a las elecciones. Aquello se justificó mediante un silogismo peligroso: la izquierda abertzale y ETA eran la misma cosa.

Amparándose en esa ley, el Tribunal Supremo ha ilegalizado a lo largo de estos años a multitud de partidos: Herri Batasuna, Euskal Herritarrok, Acción Nacionalista Vasca, Partido Comunista de las Tierras Vascas y tantas otras denominaciones utilizadas por la izquierda abertzale. La historia era conocida y se repetía invariablemente ante cada convocatoria electoral: los chicos abertzales presentaban un partido, con siglas y estatutos nuevos, la abogacía del Estado, apoyada en las pruebas policiales, impugnaba las listas ante el Tribunal Supremo, que ilegalizaba el partido con el aplauso de los dos grandes partidos políticos nacionales. La política vasca, como se ve, rebosaba entropía.

Paralelamente, la lucha antiterrorista empezó a dar cada vez mayores rendimientos policiales y ETA fue descabezada año a año. El debilitamiento progresivo llevó a la banda a declarar un alto el fuego permanente el 5 de Septiembre de 2010 que fue ratificado el 10 de Enero de 2011. Eso despejaba la entropía vasca en puertas de las elecciones municipales de Mayo. La izquierda abertzale presentó un nuevo partido: Sortu. Dicho partido condenaba de manera explícita la violencia en sus estatutos. Dicho partido fue ilegalizado en virtud de la Ley Orgánica 6/2002. La entropía volvía a dispararse.

Y en eso vino Bildu. Se trata de una coalición formada por dos partidos que siempre se han posicionado en contra de ETA y a favor de la derrota del terrorismo: Eusko Alkartasuna y Alternatiba, una escisión de IU en el País Vasco. A esos dos partidos se unió una serie de gente del mundo abertzale que fue incluida en las listas previa condición de condenar explícitamente la violencia. Bildu se justificó como un intento de integrar en el juego democrático a un sector de la sociedad vasca que llevaba nueve años sin representación en las elecciones. Bildu reducía la entropía. Bildu hacía más respirable un aire políticamente viciado. La abogacía del Estado impugnó a Bildu. El Tribunal Supremo decidió su ilegalización. Bildu recurrió al Constitucional. Ayer mismo, minutos antes del comienzo de la campaña electoral, el Tribunal Constitucional sentenció a favor del recurso de Bildu. La coalición estará en las elecciones.

El gobierno ha anunciado que acata la decisión. El Partido Popular ya ha puesto el grito en el cielo. No deberían. Se trata de la única decisión sensata posible. Negar a Bildu el derecho a participar en las elecciones municipales habría socavado de una manera insostenible los derechos fundamentales de un amplio sector de la ciudadanía en el País Vasco. Eso aumenta la entropía. Eso hace insostenible la democracia. Eso es, simple y llanamente, anticonstitucional. Como país deberíamos enfrentarnos a las cosas de cara. El 22 de Mayo, que la gente decida. Ya somos mayores. Ilegalizar lo que no nos gusta es peligroso, inmoral y cobarde. Recortar derechos es injustificable. Como ciudadanos, nos deja indefensos. Como seres humanos, nos sumerge hasta el fondo en el caos.

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