What’s up, Osama?

Es oficial: Osama Bin Laden ha muerto. Obsérvese la perversidad del presente perfecto en el verbo de la oración. Sería más correcto decir, utilizando la voz pasiva, Osama Bin Laden ha sido asesinado. Eso se ajusta más a la realidad.

Hace poco hablábamos aquí de Moby Dick. El mismo día del notición aparecía en la edición digital de El País un magnífico texto del periodista Enric González que establecía una comparación más que acertada entre la salvaje caza de la ballena blanca emprendida por el capitán Ahab y la búsqueda y ejecución de Osama Bin Laden llevada a cabo por el gobierno estadounidense. Algo de eso ha habido. También algo de Sin Perdón, el western crepuscular de Clint Eastwood. Venganza hasta las últimas consecuencias, a la antigua usanza. Por lo que sabemos, la CIA localizó el escondite del hombre más buscado a base de torturar a uno de sus más estrechos colaboradores con el noble método del ahogamiento simulado. Hacía tiempo que los servicios secretos tenían localizado a Osama y el pasado lunes, tras meses de intensos preparativos, Barack Obama dio luz verde a la operación. Fueron cuarenta minutos. Asalto, confusión, tiro en la cabeza. En la operación murieron cinco personas: Osama Bin Laden, uno de sus hijos, una de sus mujeres y dos mensajeros, hombres de confianza del terrorista. El mundo libre celebró la muerte del monstruo. ¿Venganza? ¿Asesinato selectivo? ¿Terrorismo de Estado? ¿Justicia?

No vamos a discutir la catadura moral de Osama. El castellano dispone de una gran variedad de insultos aplicables al viejo cabrón. El tipo es responsable de miles de muertes. El tipo planeó el 11-S. El tipo creó una organización terrorista internacional de lo más turbio: Al Qaeda tiene tal cantidad de ramificaciones y células independientes que muchos expertos dudan de su existencia como un todo unificado. Esta gente hizo lo de Madrid, lo de Londres, los atentados de Casablanca y Bali, la carnicería diaria en que se convirtió el Irak post-Sadam. Matan en el metro, en los trenes de cercanías, en la cola del mercado. Osama y sus colegas desarrollaron una teología demencial para justificar sus actos, predicaron la guerra santa, defendieron unos ideales podridos y se escudaron en Dios.

Por eso y más, el lunes teníamos a los buenos chicos americanos en un pueblo perdido en el culo de Pakistán y armados hasta los dientes, en comunicación directa con la creme de la creme del gobierno, el ejército y los servicios de inteligencia USA. Ahí estaban los capos del país más poderoso del mundo, siguiendo vía satélite la operación, conteniendo la respiración, asistiendo en directo a la muerte del gran terrorista. ¿Soy sólo yo o a alguien más le parece enfermizo? ¿De verdad que no da ni un poquito de asco? La Casa Blanca ha confirmado que Osama Bin Laden se encontraba desarmado en el momento del asalto. Llamadme remilgado pero no me gusta ver a las fuerzas especiales de ningún gobierno saltando los sesos de terroristas malos. Hay una línea. Si somos decentes y rectos y proclamamos a los cuatro vientos la democracia y la libertad, no podemos cruzar esa línea. Si la traspasamos, dejémonos de cinismo. Digamos que esto es una puta guerra y fuera caretas. Hablemos de intereses y statu quo. Hablemos de dinero. Hablemos de reelección con Mr. Obama. Hablemos de lo que haga falta hablar.

¿Y ahora? Ahora el enémigo público número uno está out. El hombre que sembró en el subconsciente estadounidense la semilla del terror es un cadáver que se hunde camino del fondo del mar. Venganza ciega. Juegos de guerra sucios. Ahora Osama es un mártir que los fundamentalistas esgrimen furiosos en busca de adeptos para la causa. Habrá que ver cómo afecta, si es que afecta, al movimiento democratizador que se vive en los países árabes. Las suposiciones se acumulan. Para evitar teorías conspiranoicas, la Casa Blanca ha asegurado que las fotos del cadáver de Bin Laden serán publicadas en cuanto los ánimos empiecen a calmarse. Será una gran foto. Pero ni la mitad de buena que la de un Osama Bin Laden arrestado, esposado, juzgado, condenado y encarcelado. Eso habría otorgado a Occidente altura moral. Eso habría ayudado a limpiar una reputación manchada a base de bombardeos, intervenciones militares e hipocresía. Osama Bin Laden acribillado en mitad de la noche sólo es vengaza. Y cuestiona, además, los cimientos de la democracia que esgrimimos como un arma de luz contra el terror.

Tenemos a todos los líderes occidentales felicitándose y felicitando a los EEUU por el asesinato del viejo cabrón. Bien. Eso es asqueroso. Eso es un puñado de gobernantes democráticos amparando la guerra sucia. Celebrar la muerte de cinco personas, entre ellas un criminal horrible, sin juicio, sin detención, sin nada, sólo pum pum pum, es una vergüenza. Deberíamos tener la decencia de guardar el champán. El fin del terrorismo no está hoy más lejos que hace una semana.  Bin Laden ya es historia. Y nada más. Al Qaeda sigue ahí. Para bien o para mal, es muy difícil ponerse del lado de los que matan.

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3 respuestas a What’s up, Osama?

  1. ramrock dijo:

    Ha muerto y punto, era un sucio piojoso musulmán terrorista y ha tenido lo que merece.

    ¿Un gran artículo en El Pais?, ese inmundo panfleto sociata no ha tenido un gran artículo en su vida, no es mas que basura.

  2. Es una incoherencia absoluta que nos digan que hoy vivimos en un mundo más libre, más justo y más seguro, y simultáneamente, se activen todas las alertas antiterroristas.

    Yo tengo una fórmula muy simple para saber qué es bueno y qué es malo. Me pregunto: ¿Qué piensa Aznar al respecto? Una vez que el expresidente se pronuncia, tengo claro qué opinar: Exactamente lo contrario.

    Aznar ya ha hablado: Está satisfecho y felicita a Obama. Pues eso.

    Y también han hablado muchos políticos españoles, y la OTAN, y la Unión Europea, y los líderes mundiales. Todos están de acuerdo. Todos son unos cínicos.

    Vamos a desnaturalizar esta operación terrorista/antiterrorista. Será más sencillo entender las cosas. Imaginemos por un momento que el presidente de un país decide enviar a las tropas de asalto de su ejército a otro estado soberano, asaltan una casa y matan a cinco personas.

    ¿Terrorismo de estado? ¿Terrorismo a secas? ¿Venganza? ¿Justicia? ¿Guerra?

    Seguimos complicando las cosas: El Presidente de Irán, que considera terrorista al ministro de Asuntos Exteriores de Israel, decide mandar a sus hombres hasta suelo hebreo para tirotearlo a él y a toda su familia. Tiene el mismo derecho que el Premio Nobel de la Paz, ¿o no?

    Por cierto, estas situaciones totalmente ficticias ya pasaron el España: Fueron conocidos comos los GAL.

    Sobre las celebraciones en los Estados Unidos hay poco que decir: La sociedad americana está infantilizada. Su concepción del mundo cabe en un post-it. Obama está hoy más cerca de la reelección, y no por su reforma sanitaria, precisamente…

    Dos comentarios al margen, que me estoy alargando:

    1. Tu conexión mental con Enric González es asombrosa. O compartís ordenador o os leéis mucho mutuamente.

    2. La reacción de Gaspar Llamazares ha estado a la altura de un hombre que fue utilizado para elaborar el retrato-robot del terrorista más odiado.

    Por acabar con un poco de humor, que el resto da asco…

  3. Me reafirmo en lo dicho: es un asesinato. Y aunque no es la primera vez que se hace, sienta un precedente muy peligroso. Sobre todo por los aplausos generalizados. A partir de ahora, contra el terrorismo, tiro en la cabeza. Hacer excepciones a la hora de defender derechos básicos en el primer paso empezar a perderlos.

    Siempre leo a Enric González (ese panfletista sociata) aunque dudo mucho que él me lea a mí 😉

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