Barcelona-Real Madrid: Reyes, Reinas, Peones y Alfiles

                                                                                                                                                                                                                             Foto: Bárbara

El ajedrez suele compararse con la guerra. La disposición de las piezas en el tablero al comienzo de una partida es similar a la de dos ejércitos en el campo de batalla. Las decisiones tácticas y estratégicas que el jugador adopta tienen mucho del viejo arte militar que practican los generales. Por una simbiosis metafórica extraña, todo lo que se asemeja a una batalla es comparado irremediablemente con el ajedrez. Efectivamente, vamos a hablar de fútbol. Del Barcelona y del Real Madrid, que mañana se enfrentan en el último asalto para decidir quién juega la final de la Copa de Europa.

Miremos los cuatro partidos con una perspectiva global. No cabe duda de que el Real Madrid juega con negras. Su actitud defensiva y la manera a veces vergonzosa en que ha cedido la iniciativa del juego a su rival se corresponden con la de quien, sobre el tablero, debe responder desde la primera jugada a los movimientos del contrario, que juega con blancas y golpea primero. Ahora bien, en el ajedrez, jugar con negras no supone una desventaja insalvable. Las negras disponen de multitud de defensas, unas más agresivas, otras más conservadoras, para contraatacar a las blancas y arrebatarles la iniciativa, además de recursos tácticos como el gambito (sacrificio de material para ganar tiempos o posición) que permiten a la larga dominar el tablero y ganar la partida.

El general negro Mou juega defensas semiabiertas, fuertemente posicionales, para dificultar los movimientos del ejército blanco sobre el tablero. La primera partida tuvo poca historia. El Negro Mou planteó una defensa asfixiante, digamos una Caro-Kahn, que se caracteriza por conducir a partidas largas, de juego espeso y complejo, poco ágiles y vistosas. Sabedores de que era el partido más intrascendente de todos, ambos generales buscaron las tablas descaradamente y se citaron para la próxima.

Esa fue mucho más intensa. Las blancas salieron briosas como siempre, según los principios del Rey Guardiola: peón de rey a rey cuatro, la apertura ofensiva por excelencia. Esperando nuevamente una férrea defensa por parte de las negras se encontraron con una sorpresa: Mou el Negro planteaba una lucha mucho más abierta. Pongamos una defensa siciliana, tal vez una escandinava. Las negras jugaron mejor la apertura, enrocaron rápido, se pertrecharon atrás y lanzaron poderosos ataques con los alfiles a la estructura de peones del rival. El Barcelona de Pep el Blanco se recuperó en el juego medio, consiguió diezmar a las negras y vio cerca la victoria. Pero el ejército negro había construido una sólida estructura defensiva y en el tramo final, con las torres (Adebayor, Pepe) y la reina (Cristiano Ronaldo) lanzadas en campo abierto consiguieron la victoria con un jaque mate memorable.

Y llegó la tercera partida, que todavía no ha terminado. Digamos que ha pasado la apertura y nos encontramos inmersos en el juego medio, a punto para el final. Las blancas salieron como siempre. Las negras dejaron atrás la vistosa defensa ofensiva de la segunda partida y volvieron a la Caro Kahn. El general Mou tomó el camino de Alehkine. El general Guardiola el de Bobby Fischer. Las negras jugaron una partida fea, pertrechadas atrás, buscando las tablas por el conocido método de asfixiar al rival y confiadas en un error de las blancas que nunca llegó. La reina negra estaba aislada, en tanto que la reina blanca (Messi) se hallaba retrasada en posiciones intrascendentes sin poder sumarse al ataque. Entonces las negras cometieron el error que echó a perder toda su estrategia: una de sus torres (Pepe) fue capturada, de aquella manera, por el ejército blanco. Eso derrumbó la estructura defensiva del Madrid, liberó a la reina Messi y permitió a las blancas hacerse con una posición estupenda para matar la partida.

Y en eso estamos. Mañana tendremos el desenlace. Digamos que las negras se encuentran muy diezmadas. Han perdido una torre, el rey está expuesto, su estructura defensiva está rota. Lo tienen muy mal. Las blancas, en cambio, gozan de una posición envidiable: tienen al ejército negro encerrado y a punto para el jaque mate final. Las reinas siguen sobre el tablero, pero la reina negra Cristiano carece de la habilidad combinatoria de la reina Messi, capaz de asociarse con los alfiles y los caballos para crear jugadas memorables. El ejército blanco confía en su mejor posición sobre el tablero, bien ganada a base de un juego valiente en el Bernabéu. El ejército negro aún no está vencido, pero sus esperanzas son pocas: sacar de la nada un ataque fulminante, una combinación brillante que haga saltar por los aires la posición blanca o esperar un error fatal del ejército rival. Eso ocurre a veces.

Lo cierto es que no valgo mucho como analista de ajedrez y tampoco como analista de fútbol. Pero necesito creer que aún hay esperanza. Porque no quisiera tener que enfrentarme mañana a dos horas de aburrimiento absurdo viendo como mi equipo de toda la vida se arrastra una vez más en pos de la gran ruina final. Al fin y al cabo el fútbol, y ése es el gran secreto, está hecho de sueños.

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4 respuestas a Barcelona-Real Madrid: Reyes, Reinas, Peones y Alfiles

  1. Como el ajedrez no es mi fuerte, te diré esta vez que lo mejor es la foto… Y no es broma. Mis saludos a la artista.

    Vamos a ver si lo he entendido… Adebayor es una torre, Pepe un soldado capturado por el enemigo (¿Los árbitros? ¿El Barça?), y Cristiano Ronaldo una reina. Esa, de hecho, es la comparación más adecuada.

    También comparto la opinión de que esto es la guerra. Los equipos han convertido los últimos partidos en una batalla vergonzante, en mi opinión. Como todas las guerras, nadie sale ganando. Los espectadores nos hemos aburrido soberanamente. La imagen ha sido desastrosa.

    Y ha sido el sargento Mou el más interesado en utilizar tácticas de ajedrez. Creo que le gusta tanto este juego que en ocasiones olvida que es entrenador de FÚTBOL.

    El primer partido, nada. Damos la Liga por perdida.

    El segundo partido, la tensión propia de una final. El Madrid utilizó sus armas y tenía un plan para ganar. El Barça no pudo hacer su fútbol y ahí estuvo la clave.

    ¿Y el tercero? ¿Cuál era la estrategia? Porque no puedes sorprender a nadie utilizando continuamente el mismo plan. Decepcionante. Y no sirven las excusas de perdedores…

    ¿Quedan posibilidades? Puede ser. De lo contrario, ¿para qué vamos a ver el partido?

    Pero tiene que cambiar algo. Y mucho. Que se den todas las casualidades y el Barça se confíe. A veces hay milagros.

    ¿Nos lo jugamos al 1-3?

    O el Madrid gana, o sale goleado. Cara o cruz. Victoria o… ¿dimisión?

  2. Que Cristiano era la reina estaba claro. En los demás, es difícil encontrar símiles. Pepe y Adebayor son torres, por potencia. Di María y Pedro son alfiles, Villa es un caballo, que sé yo… En mi cabeza tiene sentido. La expulsión de Pepe es pura estrategia guardiolesca: sabían que tarde o temprano iba a soltar el patadón, la cuestión era exagerarlo un poco. Para mí NO era roja. Eso sí, el Madrid mereció la derrota. Yo, al menos, sentí mucha vergüenza viendo el partido. Jugamos como un equipo pequeño, en casa, en semifinal de la Champions, cediendo el juego, la posesión, con tres delanteros en el banquillo, unos tíos incapaces de dar tres pases seguidos… La historia, la grandeza y todo eso con lo que a Florentino se le llena la boca en los discursos, se lo están pasando por ahí.

    Siguiendo con el símil ajedrecero, la única opción que tiene el Madrid es que de una vez por todas se decidan a jugar con las blancas. O sea, atacar atacar y atacar. Si nos meten seis, que nos los metan. Pero que por lo menos hagan algo. Con los jugadores que hay tampoco es muy descabellado pedir que jueguen al fútbol.

    En lo extrafutbolístico no me apetece entrar. Da demasiado asco. Por las dos partes. Y no creo que nadie dimita. Tienen la Copa para aferrarse.

    La foto lo parte

  3. No pudo ser. Tampoco hubo excesivas oportunidades. Y las pocas que hubo, estaban anuladas porque algún jugador del Barcelona estaba en el suelo llorando.

    No soy proclive a las teorías conspiratorias, y no me gusta justificar un resultado por la labor arbitral. Lamentablemente, al equipo de Mourinho nadie le avisó de que pitaba el partido un árbitro de baloncesto, dónde el contacto es falta y dos tiros libres.

    De Risa.

  4. A mí me paree que al margen del partido de Copa, los otros tres no han estado a la altura. Sinceramente, esperaba mucho más. Lo peor, el ambiente pre y post partido, sobre todo por parte de la prensa. La final de la Champions se perdió en la ida, y aunque el árbitro tuvo muchísimo que ver, sigo pensando que Mou y solo Mou tuvo la culpa de esa derrota: después de ganar la final, cuando más tocado estaba el Barsa desde que Guardiola es entrenador, no puedes salir a jugar así.

    El partido de vuelta poca historia. Fue un robo descarado. Jamás había visto pitar una falta así y dudo que la vuelva a ver en mi vida. Los futbolistas del Barcelona eran intocables, en cambio a Cristiano le hicieron unas cuantas faltas cerca del área y no se pitó ni una. El árbitro lo llevaba bien aprendido. Era misión imposible.

    Me quedo con que de los cuatro partidos, hemos ganado uno, hemos perdido uno (y sólo cuando jugamos con diez) y hemos empatado dos. No me parece que el Barcelona sea inalcanzable.

    Que la plantilla y el entrenador tengan continuidad, que se juegue con más valentía y el año que viene nos veremos.

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